Opinión

Una cosa piensa el burro…

Por Giovanny Cruz

... y otra el que va montado, reza el refranero popular.

El doctor Antonio Zaglul era un prominente siquiatra, escritor y acucioso investigador cultural dominicano, que hizo su especialidad en España, donde luego sería Embajador. Su vida, igual que su muerte, resultó ser un gran acontecimiento, por tener el doctor Zaglul una perseverancia y tenacidad legendarias. En la medianía de su existencia le diagnosticaron cáncer en el estómago. Se le aseguró que no viviría más de unos meses. Duró más de veinte años en absoluta creación. El doctor Zaglul también fue uno de nuestros conferencistas más solicitados.

Precisamente, en varias de ellas escuché su tesis acerca de la cultura necrofílica del dominicano. Ponía como ejemplo de esto la profusa literatura, escrita u oral, que tenemos aquí sobre la muerte. Aseguraba que hasta en nuestros merengues se podía comprobar su aseveración.

No obstante, yendo hacia su natal San Pedro de Macorís, escuchó un merengue que no citaba en sus letras, al parecer, la conocida figura de la parca. Se extrañó y celebró el acontecimiento: «¿Por fin un merengue en cuyas letras la muerte no estaba presente», comentó el siquiatra a la persona que le acompañaba y se dispuso escuchar con verdadero deleite la pieza en cuestión. Su título era “La agarradera”, compuesto por Luis Pérez y cantado por Johnny Ventura.

«Oye este merengue que es la agarradera,

oye este merengue que es la agarradera,

lo bailan las niñas y también las viejas,

lo bailan las niñas y también las viejas».

¡Fantástico! ¡Un merengue encantadoramente alegre! —exclamó el siquiatra. ¡Pero qué va! La dicha no duró mucho. Unos versos del merengue amargaron el resto del trayecto al médico y escritor:

«La agarradera no la bailo yo,

la agarradera no la bailo yo,

lo bailó una vieja, mamá, y se me murió.

lo bailó una vieja y del tiro se murió».

La muerte tiene un sitial privilegiado en nuestros principales personajes carnavalescos, “Se me muere rebeca” es un ejemplo de este planteamiento. Igual ocurre en la singular religiosidad popular dominicana: La División Guedé, dentro del vudú criollo, es la división de los muertos. Su jefe supremo es el Barón del Cementerio, alojado en la tumba del primer muerto de cada camposanto. Si la primera muerta fue una mujer, su tumba será la casa de Madame Brigitte. A ambos lugares suelen hacérseles innumerables peregrinaciones e insólitas peticiones. Apasionantes son nuestros rituales para despedir a los muertos. Estos constituyen todo un acontecimientos social y no es extraño que a algunos de los presentes, se les “monten” integrantes de le División Guedé o difuntos conocidos.

En este tenor, y hace más de un año, inicié la creación de un libro de relatos, en el cual todos los cuentos giraran en torno a la parca. Hice profundas investigaciones sobre el tema en diferentes campos del pensamiento; llené mi biblioteca y cerebro de datos e ideas y, finalmente, concluí el libro al que titulé “La parca que espera en el camino”.

Luego me reuní con los propietarios de Ediciones Bangó (Manuel García Cartagena y Mónica Volonteri) y comenzamos a trabajar en el proyecto de la publicación del libro de marras.

En estos momentos (con la colaboración de la Fundación García Arévalo) están imprimiendo el libro y ya logramos que Niní Cáffaro nos cediera la Sala de la Cultura de Teatro Nacional, para poner a circular dicho libro de cuentos en un original evento el 7 de noviembre, en el cual la teatralidad que siempre me acompaña sería el detonante.

Ya nos preparábamos para comenzar a publicitar la puesta en circulación del libro, mi hija Renata diseña un vestuario temáticamente especial, mi otra hija, Fiora, pauta la ambientación escenográfica y la atmósfera escénica, los editores perfilan las mejores palabras para la presentación de estilo y yo comencé a memorizar parlamentos.

Sin embargo, ayer recibí una noticia sorprendente: en Cataluña quieren que el libro se presente, primero, allá entre el 12 y el 21 de octubre de este mismo año.

Por supuesto que acepté la invitación que me formulara Fior Metz y allá estaré con una elegante y antigua capa mortuoria en pana negra, mi cara maquillada con tonos grises y labios negros, con ambientaciones especiales de la parca, con la proyección en pantalla de los gráficos que diseñara Karolina Becker para cada uno de los cuentos y con todos los irónicos relatos que, aunque un tanto macabros, tienen un profundo sentido de humor... negro, desde luego.

Deseando que todos mis lectores asistan a cualquiera de las dos puestas en circulación programadas, comenzaré desde ya a afinar la voz para gritar a todo pulmón....

¡Telón!

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