INTRO Hace poco un amigo, que fue contratado por una universidad canadiense para realizar un proyecto de investigación, quiso saber si yo conocía algún escritor dominicano que hubiese vivido en Chicago. Este amigo es también escritor y se llama Rafa Franco-Steeves. Rafa y yo nos conocimos en Puerto Rico mientras yo tomaba mis clases de doctorado y trabajaba como un bendito en bares, hoteles y restaurantes del Viejo San Juan. De más está decir que me interesó mucho su pregunta y le dije que sí, que de oídas sabía de dos escritores dominicanos que hicieron parte de su vida en el Midwest, pero su trabajo era poco o nada conocido más allá de un pequeño círculo de escritores caribeños interesados por la literatura de ciencia ficción, narrativa fantástica o ficción especulativa. Entonces me llegó a la mente el nombre de mi amiga Megan van Nerissing, una escritora y scholar residente en Chicago. Megan era especialista en literatura caribeña y lectora voraz de las obras Emeterio de Goncalves y Vernon Maldonado. La historia comienza cuando Megan, compelida a terminar su tesis, se inclina a escribir sobre Emeterio y un diario de viaje que detalla sus experiencias como agregado cultural de la delegación dominicana que visitó la feria mundial de Chicago en 1883. La idea era más que interesante pero la bibliografía inexistente. Así fue que conoció a Vernon Maldonado, escritor dominicano que pasó varios años en Puerto Rico antes de instalarse en Chicago. Maldonado era el autor de varios inéditos y vivía fascinado por la historia de Emeterio de Goncalves.

Todo iba de maravilla. Van Nerissing conoció a Maldonado en Puerto Rico y ahora ambos vivían en Chicago. Ella estaba organizando sus papeles y elaborando las preguntas que quería hacerle antes de concertar una entrevista con el hombre. Entonces ocurrió el inconveniente. He querido compartir con ustedes, en estas entregas de Tomar la palabra, las notas del diario que Megan llevó mientras escribía Hotel Roxy, un libro inacabado sobre la primera poesía de Vernon Maldonado. Su tesis afirmaba que estos primeros poemas de Vernon conectaban directamente con la escritura de Emeterio de Goncalves y cómo esta poesía errante ayudó a Maldonado en la búsqueda de un lenguaje que le permitió componer una narrativa bella por lo salvaje.

DESCARGO 1. Estas notas revelan algo muy interesante: las coincidencias entre Megan, Vernon y Emeterio. Ella nunca sacó a relucir estas concurrencias en nuestras conversaciones. 2. Megan era una mujer de escritura caótica y políglota. La mayoría de las notas estaban escritas en inglés y portugués, otras en holandés, español y papiamento. Yo las organicé y traduje al español. Rafa luego tradujo todo al inglés para su proyecto. La versión que leemos ahora es una traducción mía al español de la versión final publicada por Rafa en inglés.

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TURNO CALAVERA

Por Megan van Nerissing

Entro al Café Descartes de la avenida Milwaukee, a la altura de la estación Damen del Blue Line Train. Deben ser algo pasadas las nueve de la noche. Mientras espero cerca del mostrador una pequeña pantalla muestra el final de un informativo. Duke se corona campeón de la NCAA; disturbios en Chicago en la víspera de las elecciones para la alcaldía: de nuevo un latino asiste a la competencia, esta vez acortando el margen como nunca antes; en un hotel del centro, un agente del Front Desk cae muerto de dos balazos propinados por un huésped que se sintió ofendido o discriminado. Esta última noticia llama particularmente mi atención.

Kamka es lo que se conoce como un boutique hotel. Está localizado en la calle Webster del barrio Bucktown, que colinda con Humboldt Park y Logan Square. La zona ha adquirido relevancia gracias a la cantidad de restaurantes, gastropubs, cervecerías y cafés que redefinen la ruta culinaria de la ciudad. El hotel cuenta con setenta y siete habitaciones decoradas con gusto y austeridad. Soy la encargada del turno calavera en la recepción. Contrario a otros lugares en donde he laborado, en este hotel no hay borrachones a deshoras y los late arrivals son escasos. El gerente, un colombiano de nombre Trujillo Claudel, es un abogado de título que fue poeta y declamador en Bogotá, remota ya, con sus montañas grises, café mojado de aguardiente, las nubes y las balas, el acento cantado y los fantasmas. El hombre valora el asunto de la escritura y me deja a mi aire para que pueda trabajar. Su contraparte es un joven de Trinidad de nombre Keon Licorish, quien se encarga del teléfono y algunas tareas de limpieza. Así pasamos la noche, cada quien en lo suyo… Abrimos un paréntesis como a las tres de la mañana para tomarnos un café y comentar cualquier cosa. Me temo que esta noche el tema girará alrededor de la muerte del hombre del Front Desk en el hotel del centro pero para mi sorpresa ellos ni se han enterado y yo no lo traigo al caso.

La idea de escribir este libro surge en México. Me pasé la última semana de febrero en el DF para la Feria del Palacio de Minerías, a la que asisto anualmente desde que vivo en Chicago. En ese arrebato de ciudad me veo siempre con los hermanos Brum, Horacio y María Alzira, con la Banda de la Salchicha y con Hernán Ayala, poeta y padre verdadero del dominicano Vernon Maldonado.

Piso seis del Hotel Ritz en Centro Histórico, sábado en la mañana y ventanas abiertas. En la pantalla un hombre de apellido Gortari prepara moles y guisadas con gusto y garbo; la cocina es en verdad la de una casa… por dos minutos me hace sentir confortable, hogareña, me distrae de la tensión que se tiene a veces ante el obstáculo: la idea está pero no se deja. Ventanas abiertas dije, México entrando, llenando toda la habitación y yo sin poder escribir. Mediodía, anoto en una libreta roja: puede trabajarse un texto sobre la poesía inédita de Vernon Maldonado, de cómo esta poesía desborda hasta la ficción… me interesa el Maldonado de las novelas pero ¿pueden atarse los cabos sueltos de su narrativa en aquella poesía primera? Mi conferencia en la feria del libro es a las cinco de la tarde. Pido Room Service: ensalada de nopales, bistec al chile ancho, café, cuatro botellas de agua con gas y una cubeta de hielo. Me pongo a maquetar posibilidades alrededor de la idea. Hotel Roxy: Cuadernos primeros-Vernon Maldonado. Elaboro preguntas al vuelo, las asocio a títulos específicos. Hago triangulaciones. Elijo un título: Memorias de una llama o Niños héroes de Canóvanas… Pienso en el concepto de localización y desde ahí, dos vertientes: una, el paternalismo en la escritura dominicana y caribeña y la segunda, el viaje como metáfora de la libertad.

Con estas novelas, Maldonado se dio a conocer entre los lectores boricuas y cubanos.

Sigo esgrimiendo la idea. Escribo como loca hasta la hora de la siesta pero cómo dormir si me palpitan las sienes… tengo también un temblor a la altura del estómago… la idea o el latido. Cierro los ojos, me sacan del trance las voces de una procesión que viene bajando la Madero… la excusa perfecta para dejar la libreta… cuando cae el cansancio busco cualquier pretexto para no escribir. En el fondo sé que es miedo. ¿Qué hacer con el miedo? Reconocerlo y usarlo a favor de la escritura misma. Já, ni yo misma me lo creo. El coro se hace más fuerte aunque no más claro, me acerco a la ventana: una marcha de la asociación de fan clubs del cantante dominicano Romeo, el que era del grupo Aventura. Se presenta este fin de semana a casa llena en el Palacio de Bellas Artes. Hago énfasis en esto porque anduve buscando boletas y los chulámbricos del mercado negro se me rieron en la cara. ¿Entradas? Pos hasta nosotros tamos en la búsqueda joven, dijo uno que luego intentó venderme tickets para un tributo a Rammstein. Salgo a caminar por Centro Histórico, un poco eufórica por el torrente de frases, bosquejos. Con cada idea viene la emoción de las posibilidades y la pequeña tristeza de saber que el acto es inútil, que el poeta podrá mellar su universo pero nada podrá hacer por la poesía, y sin embargo se escribe, y en esta contradicción el arte asciende. Una poética que aparece en el mundo no por exigencia sino por necesidad; para denominar el vacío, la grandeza del gesto sutil.

Si las ideas pertenecen a los lugares este libro pertenece a una habitación doble en el sexto piso del Ritz. Y confieso: busqué a Vernon Maldonado. Forcé las coincidencias. Si bien el azar está ahí y es imposible desligarse, una puede alinear el día a día, alterar el resultado.

Pasa la noche del Kamka. Llega el camión con los periódicos. Quiero comprobar el nombre del agente asesinado; espero que la noticia salga en primera plana y nada. Hacia el final hay una nota suelta que cubre el asunto. Está escrita por Gisela Orozco. Sigo leyendo. El peso de la casualidad me deja muerta y podrida y confirmo, el muerto es Maldonado.

La primera vez que leí algo de Vernon Maldonado fue en Puerto Rico. Escuché varias veces su nombre de pasada en Dominicana; al parecer era imposible encontrar un libro suyo y tampoco lo busqué… estaba bastante entretenida con los misterios y delirios de Emeterio de Goncalves, que para mí reorganiza el Caribe en una cosmogonía caótica y práctica que incluye Colombia hasta Nueva Orleans… Caribe ancho, desde la Isla de la Juventud hacia las Granadinas… Caribe profundo, influenciado por una pizca carioca y un futuro gitano manga por hombro. Lo conocí en verano. Mi hermana Mirsada, tras una debacle emocional, decidió instalarse en Chicago. Me quedé en el Viejo San Juan sacando adelante un doctorado y con la promesa de que volaría a la Ciudad de los vientos para Sangívin o Navidad. Tomé dos clases durante esa sesión: una con el Dr. Belosio Mecca, Literatura Dominicana Siglo XX y con la Dra. Mareia Quintero tomé portugués, idioma indispensable para dar sentido a cierto período en la poesía de Emeterio de Goncalves. Resulta que la Quintero nos llevó a la lectura de un escritor dominicano, autor, entre otras cosas, de una tesis sobre Goncalves.

El hombre era de estatura mediana y piel olivo quemado, rondando ya los cuarenta pero sin querer enterarse, de voz grave y complexión de boxeador. Habló con propiedad sobre Emeterio en una dimensión que lo colocaba dentro de la historia Dominicana, Caribe y universal. Demostró la existencia de una constelación llamada Goncalves, compuesta por las distintas personalidades de sus textos y basada en una especie de reformulación del outsider, esto es, fuera de una tradición o centralización social, histórica y geográfica… escribir fuera de la línea, la escritura del movimiento y del viaje; la mirada vagabunda, traslados que permiten cierta distancia: andar por los confines, contar desde el contorno.

Esa noche compré uno de cada de los libros que se tenían para la venta. En mis ratos libres buscaba información acerca de su escritura. De esas aventuras, llamó mi atención una crítica del mismo Belosio Mecca… bueno, no era una crítica como tal, pero en una entrevista, a Belosio le tocó dar su opinión acerca de la obra de Vernon Maldonado:

De Maldonado conozco Niños héroes de Canóvanas. Cuando escribí sobre el texto encontré aceptables el manejo del lenguaje y la factura de personajes, pero no hay que llamarse a engaño, la novela es un simple “soft porn”, ya que no tiene nada que ofrecer, con la excepción de una larga sarta de coitos. No he cambiado mi opinión en lo más mínimo. Que una novela tenga sexo aquí, allá y acullá, no lo cuestiono; sin embargo, que se reduzca exclusivamente a eso es algo lamentable. Además, Vernon parece ser uno de esos escritores posmodernos que tiene su séquito de fanáticos, como si fuera una estrella de televisión. Este tipo de escritores hace siempre mucho ruido, pero no estamos hablando de una literatura seria, no hay rigor, no hay compromiso.

Vernon Maldonado ofreció un taller llamado “La dramaturgia del cuerpo del escritor”, que traducido a la realidad era un cruce entre expresión corporal y escritura. Sonaba disparatado pero me anoté, arrastrada por la curiosidad. El misterio se revela cuando la Quintero llama para informarme de la cancelación del curso. Maldonado abandonó la isla, arrancó para Chicago. Ni siquiera se me ocurrió procurar el dinero del depósito, aunque bien perdí aquellos dólares para poder repetir ahora esta historia.

Al final del verano me vi compelida a presentar el esbozo de mi proyecto de tesis. Por varios meses merodeé alrededor de una idea… quise escribir sobre Bitácora Bassomare, una de las novelas más importantes de Emeterio de Goncalves. La novela está basada en las crónicas de Emeterio durante su viaje a Chicago para la Feria Mundial del 1883. El asunto probó ser inabarcable y la bibliografía escasa, por no decir imposible. Fue en Nueva York, a principios de ese otoño, durante un simposio organizado por el Centro de Estudios Dominicanos del CUNY, en donde empecé a considerar un posible ensayo sobre Vernon Maldonado, o mejor dicho, llegar a Goncalves vía Maldonado.

Hay mucha basura en el programa pero aparecen un par de cosas que prometen: Diego Denis o el nene del gabete suelto, un estudio sobre la ficción especulativa en Pedro Cabiya, escritor boricua, autor de tremendas y audaces colecciones de cuento que revolucionaron la literatura caribeña para los noventas; hay una mesa redonda llamada Mentes Extremófilas en donde se debate, entre otras yerbas, la obra de Odilius Vlak, escritor dominicano de ciencia ficción que ha publicado toda su obra fuera del territorio dominicano, destacando que el autor siempre vivió en RD y la única vez que viajó fue para asistir a un oscuro congreso de ciencia ficción en el Caribe, encabezado por el escritor boricua Rafah Acevedo. Durante la discusión se destaca que el escritor cubano Yoss también asistió a ese encuentro, que se llevó a cabo en varias librerías, teatros y universidades de la Isla del Encanto. Lo anterior es importante si se toma en cuenta que para la cubanía, viaje y utopía iban de la mano durante el Embargo que aisló y dividió por décadas a La perla del Caribe. Se dice que Yoss aprovechó ese viaje a Puerto Rico para visitar varias ciudades de los USA. Ese trayecto incluyó una visita a Chicago. Uno de los ponentes confirma: Vernon Maldonado fue uno de los anfitriones del cubano durante su estadía en la Ciudad de los vientos.