Opinión

¿Somos Buenos Tó….?

Por Miguel Luís Llenas

En Octubre del 2006 escribí para el Listín Diario un artículo titulado “Una isla de Negritos”.  Lo pueden leer en los archivos de Acento. En ese artículo insistía que el país iba caminado por senderos oscuros ya que, de no ponerle freno, la situación podría volverse caótica y explosiva. La tesis era que debajo de nuestros pies, como sociedad, existía una mina soterrada que podría sorpresivamente detonarnos en la cara. Con todo el deseo de estar errado, creo que el incremento geométrico del deterioro social y moral, la indiferencia colectiva y la galopante corrupción que a todos los niveles nos arropa son las puertas de entrada a un funesto desenlace y nada peor que ciegos que no quieren ver o ciegos guiando a ciegos, abusando de una expresión bíblica.

En mis experiencias por el Medio Oriente pocas cosas me han sido más cautivantes que haber visto millares de jóvenes danzando, clamando, exigiendo en la calles la expulsión de sus corruptos líderes del poder. Demandando la muerte política de las “claques” que los gobiernan. Luchar y gritar hasta dar sus vidas en sacrificio por solo lograr la expulsión de aquellos que les pasean frente a sus narices sus corruptas ganancias, los cuales, vestidos de toda arrogancia, las exhibían sin estupor alguno. Y en el caso de Túnez o Egipto, entre otros, lo lograron a  base de un alto precio. Estos jóvenes adultos solo buscaban que les devolvieran a su Egipto.

¿Lo triste?  Qué ahora a solo un poco más de un año de la “victoria”, en Egipto muchos caminan por las calles con el “moco en el piso”, con la mirada al vacío y sin rumbo.  ¿Qué pasó?

Ambas “revoluciones” se organizaron rápido, sin cabezas pensantes al frente, sin lideres robustos gracias a las herramientas de hoy: Facebook y Twitter. Al compás de un twitt, un click, miles se movilizaron y los caballos de todos los colores se tiraron a la calle. ¡Fuera este o fuera el otro! Y lo lograron. La famosa Primavera Árabe se logró a base de mucha sangre y dolor. La noche que Mubarak salió del poder en Egipto, yo fui testigo presencial de los abrazos y lágrimas de triunfo en las calles de Cairo. Hoy, estos países no saben sin están en el Otoño o en el Invierno Árabe. Pero seguro, el calor del verano ya los sofocó.

Este simple análisis no pretende dar en el clavo en todo lo que había detrás del telón en Egipto. Había mucho más de lo que se veía a simple vista, pero una cosa si es segura: Mubarak y su familia, sus allegados, su claque gubernamental juraron que esto nunca pasaría. Que el pueblo era incapaz de reaccionar y qué ellos nunca saldrían del mando. Pero se les encasquilló su pronóstico. Toda su dinastía se les desplomó en una larga noche.

Hoy y ahora, la misma dinastía militar está de vuelta en el poder. Sin su Comandante en Jefe. Conviene más dejarlo pudrir en la cárcel. De vuelta con más callos en el alma y dejando en el polvo del olvido y de la patraña a los miles de jóvenes que murieron por una nueva esperanza. La mayoría solo quería libertad y futuro. No era asunto de religión o Islam político. Todo eso vino mucho después.

Una rebelión social, un levantamiento popular, soltar los caballos a la calle, no hace ningún sentido salvo que exista un plan definido cuando la presión popular ponga en jaque a un gobierno corrupto y que si hay una salida, esta sea sin sangre y con metas claras. Pero para lograrlo, hacen faltan líderes maduros, íntegros, robustos, sin pasado, incorruptibles, brillantes, con una educación superior y  una visión global. Egipto no los tenía a mano.

A pesar de los lejos que estoy de mi terruño, todos los días leo las mayor parte de los diarios digitales del país. Con frecuencia veo programas de TV en la red digital. Desde lejos me estremece lo que leo, lo que oigo, lo que veo en las redes sociales. Quizás por la distancia todo lo veo magnificado e irreal pero, todo parece indicar que nuestro país es una caldera de fuego, sobre todo la juventud dominicana, harta ya de corrupción y silencio. De complicidades atroces en el desfalco de los tesoros del pueblo. Hastiada de políticos de monte adentro llenos de riquezas robadas no a espaldas del pueblo sino de frente, sin tapujos y desafiantes.

Y sostengo me aterra ya que no es solo lo que se dice o se escribe lo que importa sino como se dice o se escribe. Lean los comentarios que nuestra gente escribe en los artículos de opinión. Están llenos de groserías, malas palabras, obscenidades, ofensas, barbaridades. Programas de televisión donde el lenguaje de cloacas, las diatribas y groserías abundan. Y esto, no es más que una muestra de la rabia almacenada en el alma Dominicana. Y esto es peligroso ya que en algún momento podría deslumbrar un cuasi líder, un revolucionario de las sombras, un Twitter, una cadena en Facebook llamando a un “tirarse a la calle” y, ¿provocar una masacre sin límites? Demasiadas voces soterradas clamando por acciones violentas y estúpidas, sin sentido, sin brújula, sin líderes. Solo esperando que una pequeña chispa la encienda o una gota que rebose la copa del “hasta aquí llegamos”.

Aun articulistas cotidianos de la prensa nacional y digital ya han perdido el sentido de la decencia y escriben de manera que jamás lo hubiesen podido hacer si todavía fuésemos un país decente. Ningún editorialista de antaño lo hubiese permitido. ¡Pero la corrupción a todos los niveles nos ha robado ya la decencia! Los artículos más leídos son los que ensalzan el morbo y lo podrido de nuestra sociedad, no aquellos que nos proveen luz en cómo seguir hacia adelante. Los que apuntan a como revertir en lo que nos hemos convertido como nación. Los que brindan luz al final del túnel. Esto es peligroso.

Los beneficios directos y colaterales del negocio de las drogas, la corrupción, la desfachatez a todos los niveles, el silencio del gobierno ante su propia y la heredada corrupción, la ceguera y complicidad de la justicia nos están estrangulando lentamente. Si el gobierno de turno, en especial su Presidente, quien goza de una alta aceptación popular, no comienza limpiando la escoria de su propia casa, en algún momento alguien, una multitud de esquina, una sociedad sin esperanzas intentará limpiarla a la mala y todos perdernos. No habrá Primavera Dominicana.

Prefiero pecar de alarmista y de corazón quisiera estar errado, pero no apuesten a que los dominicanos ¡“Somos Buenos Tó!. Un terrible sobresalto podría estar al doblar de la esquina.

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