Esto creo, esto pienso

Sincronía desde el origen, en el comportamiento humano

Chocante, pero cierto esta aseveración, si nos ponemos a ver nuestra tan cacareada democracia y sus increíbles logros casi en todos los sentidos, pero que el valor y la honorabilidad para reconocer sobre qué esta edificada, brilla por su ausencia.

Por Rafael R. Ramírez Ferreira

El hombre es el único ser sensible

que se destruye a sí mismo en

estado de libertad.

B.Saint-Pierre.-

Siempre iluso y siempre creyendo, sin perder de vista la realidad; creyendo, sin llegar al fanatismo para poder ver y creer en algo tangible o muestre intenciones de señalar algún camino que tenga sentido o se aparte de creencias ambiguas, muchas de ellas creadas para satisfacer intereses personales. La historia para estos asuntos es nuestra mejor aliada, iniciando por la creación y desaparición de mitos, todos a conveniencias de quien ostente el mayor Poder.

Creo en algo, aunque desconozco si se llama de alguna manera, pero es en un algo, sin imposiciones y sin ataduras.

Reconozco por demás, que es bien difícil en ocasiones, determinar la realidad de los mitos, porque existen muchos, que de tanto adoctrinarnos para que sean aceptados, nosotros mismos los convertimos en verdades y realidades en base al fanatismo. Para esto y desde siempre, han sido los políticos los que más han echado mano de este instrumento, todos a su conveniencia y sin importar el costo, aun sea en vidas humanas. Lo que me recuerda en estos momentos, al Emperador Constantino, que destutanó a dioses de sus altares para imponer lo que en su momento, resultaba mejor para su Imperio.

Y pasado el tiempo, todo lo impuesto, dejo de ser mito después de haber sido lavado en base a sangre, sin que hoy se cuestione, siquiera. Los antiguos dioses sucumbieron a los embates y hasta en las nuevas tierras, los todopoderosos de los indígenas nativos, fueron tirados al zafacón de la historia como simples creencias de fanáticos y solo la elección de Constantino, se impuso en su momento y quien sabe hasta cuándo.

No hablo de religión y mucho menos de política sino, del ser humano y su forma de ser. Y es que, desearía decir que no duele, que la indolencia y enfermedad de otros no me duele pero, no es así, lo que si me duele, es la terquedad demostrada en las últimas décadas, esa de pretender ahogar la decencia y las buenas costumbres en un fangal de ideas fanáticas, creadas con el único fin de obtener lo mercurial, vulgar y sobre todo, que sea de rápida y fácil adquisición.

Y es que todo ser humano, para bien o mal, adolece de debilidades y fortalezas que lo hacen un ser único, cual huella dactilar o su ADN. Y tal parece, que de continuar por este camino indolente, muy a pesar de la modernidad y los avances que día a día se hacen más increíbles, el ser humano como tal, se va convirtiendo en una máquina, donde los sentimientos y los otrora principios morales y éticos, que se consideraban como parte fundamental de la propia vida, se van degradando y desgranando en los arrabales morales que nos ahogan. Hoy, nos consideramos más inteligentes y emprendedores que nuestros antecesores, sin tomar en consideración que todo lo que hacemos, se fundamenta en lo que otros pusieron los cimientos.

Chocante, pero cierto esta aseveración, si nos ponemos a ver nuestra tan cacareada democracia y sus increíbles logros casi en todos los sentidos, pero que el valor y la honorabilidad para reconocer sobre qué esta edificada, brilla por su ausencia. A los pensadores que piensen que seríamos en estos momentos si no hubiesen existido las instituciones creadas en otros tiempos, porque en cuanto a mí, miro el cuadro patético que se exhibe mirando hacia el Oeste.

Aquello no fue bueno, según muchos que solo presentan medias verdades pero, si alguien no hubiese puesto el orden, hoy los Caciques reinarían por Comarcas, ya que nadie quiere admitir que nuestra desgracia actual del bandidaje político, corrupto, abusivo y blindado que se ha burlado de este país, es consecuencia de un solo acto, que llevó y lleva el funesto nombre de; “Borrón y Cuenta Nueva”.

¡Sí señor!

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