Esto creo, esto pienso

Si tuviesen vergüenza no ponen en su boca palabras de Duarte

Por Rafael R. Ramírez Ferreira

Porque…”La meta de la educación no es el conocimiento de los hechos, sino de los valores”

 

No malogres tus conocimientos guardando para ti lo que sabes; declara, da a conocer, manifiéstate por el bien común.

Marco Aurelio.-

Sin lugar a dudas, los refranes son puras vivencias que enseñan a quien lo desee, más que en cualquier lugar de enseñanza. “Dime con quién andas y te diré quién eres”; “el que anda con cojo al año cojea”; “cada quien juzga por su condición”. De este último podríamos decir que contiene la esencia misma del ser humano, ya sea para bien o para mal.

Creo sin lugar a dudas, sin ser valiente o guapo ni mucho menos, quizás todo lo contrario, que la maldición del miedo es una enfermedad que congela hasta el buen pensar de las personas, convirtiéndolos en marionetas cuyos hilos son manejados, a su libre albedrio, por uno o varios titiriteros. Ese desgraciado miedo paraliza y hasta del hablar priva al miedoso.

Me molesta el cobarde por su sumisión, algo parecido al miedo colectivo que enmudece e inmoviliza este pueblo. Por eso mi miedo, el único que en verdad me atormenta, es aquel al cual hace referencia Shakespeare cuando dijo: “De lo que tengo miedo es de tu miedo”. Por eso creo con firmeza la aseveración de que a quien hay que temerle no es a los martirios, ofensas, los difamadores o egoístas, no señor, a lo que hay que temerle es a tener miedo.

Hay que mantener en alto la bandera del honor y la dignidad por encima de los perversos, esas hienas cobardes que hasta su alma han vendido al mejor postor y cuya lengua viperina solo sabe mentir y crear falsías para tratar de enlodar la bonhomía de aquellos a quienes sienten que de una u otra manera le producen sombra.

Supuestamente estamos ahítos de políticos interesados en el bienestar común… ¡Basura!, puro engaño, son expertos farsantes que cual pirañas tratan de engullirse lo mejor de este pueblo pendejo que permanece impasible, lleno de miedo ante las burdas actuaciones y provocaciones de la inmensa mayoría de estos piratas, que viven rodeados de toneles, barriles y cofres, todo a costa del silencio cómplice y cobarde de los llamados a ponerle freno a esta vergonzante situación.

Por tal razón, para mí, no sé si para usted y mucho menos para los políticos del patio y otros tantos pendejos como yo, esta democracia que nos gastamos, bien glorificada, bien ponderada por los que viven de ella y mejor publicitada por esos mismos, no es más que una ilusión hipócrita y por demás perversa, corrupta, blindada, rodeada de impunidad y una asqueante pasividad de la gran mayoría de los miembros de esta pendeja  nación.

Creo que existe la verdad del alma y la verdad de la realidad y en base a esta última, considero que hemos tenido políticos de verdad, políticos que han honrado su condición como tal, pero, al parecer, a esa profesión le cayeron todas las malas plagas encima, todos los pelafustanes, leguleyos, contrabandistas, narcos, violadores, abusadores de mujeres, borrachos y traficantes de todo y con todo y demás yerbas, que se han constituido en un cáncer maligno que ha hecho metástasis en todas y cada una de las instituciones que componen esta nación.

No hay fechoría donde no este metido de una u otra manera un político o mal llamado político, que contamina el ambiente de los demás. Conozco profesionales de la política que honran esa profesión pero, por igual, es como si el miedo a no sé qué los inmoviliza, les tapa la boca –a pesar de que hablan hasta por los codos- y no se atreven a reclamar, denunciar y castigar a los aprovechados que han tirado por el suelo el ejercicio digno de la política.

De ahí viene la grandeza de uno de los dominicanos que arrastra con más honra, pero que por igual solo se hace referencia para provecho político de un partido o un grupúsculo de aventajados políticos que explotan su bien ganada fama y su inmenso sacrificio por esta Patria secuestrada. No puedo referirme a otro que no sea Juan Pablo Duarte, quien en la práctica debería ser el faro que todo político debería buscar para ejercer la política.

Duarte fue tan grande, que juzgo según su propia condición, cuando dijo que “la política es la ciencia más pura y digna que existe después de la filosofía”. Me parece que le falto el artículo “YO” considero… Porque así genérico, la realidad en estos tiempos es que la política es solo un vulgar recipiente lleno de basura. Así nomas. ¡Si señor!

E-mail:rafaelpiloto1@hotmail.com

Twitter:@rafaelpiloto01

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