Opinión

Rafael Tomás Fernández Domínguez (*)

Por Eurípides A. Uribe Peguero

(*) Tan grande por lo que hizo como por lo que dejó de hacer

A pesar de que el Coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez recibió una formación militar que se pudo moldear al estilo trujillista, tan temprano de la etapa que siguió al tiranicidio como el día 18 de enero de 1962,y con rango de Mayor del E.N, dio connotación de que no tenía el perfil del oficial de ese régimen y  su apego a los principios democráticos.

En esa fecha jugó un papel estelar en el apresamiento del General Rodríguez Echavarría, después que éste había hecho prisioneros a los componentes del Consejo de Estado y pretendía instaurar una Junta Militar en la que él sería el verdadero poder detrás del gobierno.

La intervención de Fernández Domínguez y otros oficiales, reinstauró el Consejo de Estado, esta  vez encabezado por Rafael F. Bonelly a quien se le confió la tarea de organizar las primeras elecciones democráticas después de Trujillo.

En esta ocasión demostró su modestia y falta de interés protagónico, ya que al preguntársele a Bonelly sobre quién había detenido a Rodríguez Echavarría, éste respondió a los periodistas señalando a Fernández Domínguez, “el joven que está ahí es el héroe”, quien a su vez indicó, “no, aquí no hay héroes, esto lo han hecho las Fuerzas Armadas por el bien de la patria y el pueblo”.

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Cuando tuvo que partir al exilio junto a Juan Bosch, dejó la semilla del levantamiento constitucionalista en manos de su pariente el Coronel Juan María Lora Fernández

Por sus reconocidas cualidades, el Coronel Fernández Domingo supo ganarse la confianza de Juan Bosch, el Presidente surgido de esas primeras elecciones. Conocidos los aprestos golpistas para derribar al Presidente constitucionalmente electo, se ofreció en una acción temeraria para apresar a los sediciosos, la cual no se ejecutó por la negación del Presidente.

Cuando tuvo que partir al exilio junto a Juan Bosch, dejó la semilla del levantamiento constitucionalista en manos de su pariente el Coronel Juan María Lora Fernández quien permanecía en el país y encabezaría inicialmente las acciones al estallar la revolución.

Tan pronto pudo, entró al país y se integró a la lucha constitucionalista, pero fue asesinado cuando en una acción heroica, el día 19 de mayo de 1965 trataba de ocupar el Palacio Nacional para la causa constitucionalista con un grupo de otros valientes luchadores.

Estos son los hechos más sobresalientes por los cuales se le recuerda en el más alto pedestal del honor, pero acostumbramos a medir la grandeza de los hombres solamente por lo que hacen en su paso por la vida y en el caso de Fernández Domínguez, olvidamos que algunos merecen recordarse también por lo que dejaron de hacer, a pesar de haber nacido con un destino marcado en una dirección obscura y negativa. Él supo sobreponerse a ese aparente designio y enrumbar su vida por el camino del honor y el decoro.

Rafael Tomás Fernández Domínguez,  nació en plena Era de Trujillo en un escenario que parecía predestinarle a involucrarse en acciones y decisiones  muy distintas a las que tuvo que enfrentar en su vida. Hijo del General Ludovino Fernández, uno de los más temibles oficiales del trujillismo, formado como militar bajo los criterios de un  régimen dictatorial anti democrático y sanguinario, consentido por los hijos del Jefe, Ramfis y Radhamés, miembro del mal recordado CEFA(dirigido por León Esteves y Wessin), estaría pre condicionado para tener un comportamiento consecuente con ese ambiente de represión.

Pero este Oficial fue la antítesis de lo que debió ser por este nefasto preámbulo en su vida militar ya que se creó un perfil distinto en pensamiento y acciones, a la mayoría de los oficiales de alto rango de su misma formación.

Este excelente militar, representaría la excepcionalidad en el malsano ambiente en el cual se formó. A pesar de no haber nacido en democracia y de palpar el rol equivocado que tuvieron los hombres de uniforme durante el régimen de Trujillo y durante los años que siguieron a su muerte, pudo entender el valor de la democracia y el papel que debían asumir los militares en este sistema.

Fue un militar que superó con éxito la inducción criminal de su formación durante un régimen opresor. No se manchó con la perversidad de la irresistible corrupción que tanto opacó la moral militar de la época. Su valor pudo salir airoso en cada ocasión en la cual se puso en juego. Fue el ejemplo del buen militar, que al tiempo de evitar caer en la deshonra de muchos, y como pocos, hizo lo que la patria le exigió en cada momento.

Fernández Domínguez representa el ideal del pensamiento militar dominicano. Convencido de los principios democráticos, respetuoso del orden legal instituido y dispuesto a derramar su sangre por el mantenimiento de esos principios.

Es el más grande exponente del honor militar en la República Dominicana. Más que un héroe, como expresó don Euclides Gutiérrez, Fernández Domínguez fue  un prócer nacional. Su vida fue el ejemplo más puro, el prototipo de lo que debe ser el militar dominicano.

Fue un militar excepcional en los tiempos que eran comunes los golpes de Estado por las fuerzas militares, él pensaba y decía que ellos no estaban para derribar gobiernos. Lo demostró enfrentando a Rodríguez Echavarría y después al Triunvirato. Vivió en un tiempo de militares golpistas, corruptos y criminales, sin que se manchara su moral con esas perversidades en su conducta como hombre y militar.

Si ajusticiado el tirano, todos o la mayoría de los militares hubiesen pensado como él, no acontece el golpe de Estado a Juan Bosch y si este crimen a la democracia no se produce, tampoco habría sido necesaria la Revolución de Abril del 1965 ni los 12 años fatídicos de Joaquín Balaguer.

No habrían muerto miles de dominicanos, ni  tantas torturas y persecuciones a los más sobresalientes jóvenes dominicanos. También se habría evitado el robo impune de los bienes públicos en las últimas 5 décadas.

Fernández Domínguez murió tratando de evitar este proceso fatídico que ha impedido que más de 50 años después de la muerte de Trujillo, aun tengamos que seguir haciendo el esfuerzo por alcanzar una democracia plena, donde al menos, se respete la Constitución y las instituciones.

Este día 1ero.de noviembre (2013), sus restos fueron depositados en el Panteón Nacional. Se le quiso rendir honor con este hecho, pero quizás fue una afrenta a su memoria y a los principios por los cuales luchó, ya que en ese lugar también están los restos de Pedro Santana, alguien que, contrario a Fernández Domínguez, quien la defendió hasta la muerte, entregó la soberanía nacional a un poder extranjero.

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