Espectador comprometido

Obama, ¿un presidente israelita?

Por Carlos Julio Báez Evertsz

El académico norteamericano James Petras publicó, años atrás, un artículo, que puede parecer un poco delirante a no ser por los datos que aporta, en el cuál decía que Obama es el primer presidente “judío” de los EE.UU. No era una ironía, hay judíos negros, Israel los fue a rescatar y los trasladó desde Etiopía a Israel. No se trata de una interpretación racial o étnica, sino política. Para este autor Obama  ha sido, en parte, descubierto, promovido, apadrinado, financiado y asesorado por poderosos lobbies judíos norteamericanos.

Señala  Petras textualmente lo siguiente: “Según Abner Mikvner, importante portavoz sionista…ex congresistas, juez federal, consejero del presidente Clinton durante su época en la Casa Blanca y uno de los primeros patrocinadores de Obama, “Barack Obama es el primer Presidente judío ( en EEUU). La afirmación de Mikvner refleja tanto el unilateral y largo compromiso de Obama con el estado de Israel…como el ya lejano y exitoso esfuerzo de una red de poderosos…judíos, a nivel financiero y político, para “empotrar” a Obama en su aparato político de “Ante todo Israel”.

También cita que el Chicago Jewish News, publicó un amplio artículo sobre “Obama y los judíos” de Pauline Dubkin (del 24 de octubre de 2008), en el que se citaba con ánimo aquiescente a un “antiguo observador judío de la escena política” declarando: “Los judíos fueron quienes le hicieron (a Obama). Dónde quiera que miren se encontrarán con una presencia judía”.

Este tipo de argumentos tratan de agrandar la influencia de los judíos en la carrera profesional y política de Obama –algo que es cierto-, pero se hace disminuyendo la influencia que tuvieron en su desarrollo y formación cívica y  política, otras personas  fuera de ese ámbito, como fue su propia abuela blanca y cristiana, y el reverendo Jeremiah Wright, quien jugó un papel importante en su papel como activista entre la población negra de Chicago y en cierto modo también fue un mentor político. Aunque después  Obama abjurará de él e incluso hiciera una crítica y condena de las ideas progresistas de este.

Sin embargo, cuando el Relator especial de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en los Territorios Palestinos, Richard Falk, manifestó que las políticas de Israel en la zona podrían ser consideradas un crimen contra la humanidad. Se manifestó contra los castigos colectivos a los que se sometía a la población de Gaza y expuso que el Tribunal Penal Internacional debería investigar si los dirigentes civiles y militares responsables del asedio contra Gaza debían ser acusados y juzgados por violación del Derecho Penal Internacional (BBC News, 10/12/2008). No hubo ninguna reacción similar en apoyo de las más de 1400 víctimas de los ataques  sobre Gaza, muchos de ellos mujeres y niños.

Ello parece indicar que Obama parece sentirse más cerca de las víctimas israelitas que de las palestinas. Tanto por motivos culturales, de estilos de vida, como quizás políticos. Aunque hay que decir, a su favor, y en contra de las tesis de Petras, que sus relaciones han sido tensas con la extrema derecha y la derecha  radical israelita representada políticamente por Benjamín Netanyahu y sus aliados, y que no ha dado su brazo a torcer en las demandas de éstos de borrar del mapa los centros de experimentación nuclear de Irán.

Aunque eso sí, EE.UU. votó en Naciones Unidas contra la creación de un Estado Palestino, lo que llevó a la revista New York dedicar una portada a Obama con una kippá blanca judía en la cabeza y títulada. “The first Jewish President” (El primer Presidente Judío). De manera que está muy generalizada esa idea de los lazos entre las esferas del poder político en Washington y  la influencia que ejerce  sobre las decisiones en materia de política internacional de EE.UU, los intereses particulares del Estado de Israel.

Confieso que he apoyado a Obama en sus aspiraciones presidenciales y desde la modestia de mis tribunas públicas (vid www.acento.com.do y mi blog Política y Sociedad, http://www.carlosbaez-evertsz.com), he defendido que él representaba un paso adelante. No se trataba de fe ciega o rendimiento intelectual ante su figura – soy demasiado escéptico en política para confiar a estas alturas en figuras providenciales.

Más bien, mi apoyo se debía a una apuesta decidida por el “mal menor” o por la opción menos nociva para los grandes sectores de la sociedad norteamericana, para los intereses de la paz y de unas relaciones internacionales más adecuadas al Derecho Internacional. Nada más, pero nada menos.

Si también, en este “programa de mínimos”, falla, abjura de esos elementales principios, el error con él ha sido garrafal, por parte de quienes le apoyamos. Esperemos que no sea así, por el bien de la paz y de un mundo mejor para todos.

Torrelodones, 1 de septiembre de 2013

 

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