Desde Norteamerica

Nuevos rumbos políticos en España

Por Marcos Antonio Ramos

Después del fallecimiento de Francisco Franco y la transición presidida por el rey Juan Carlos no se había producido una crisis de tanta duración como la actual. Un incidente relacionado con un fracasado golpe de estado, encabezado en 1981 por el teniente coronel Antonio Tejero, de la Guardia Civil (conocida tradicionalmente como “La Benemérita”), pudo conmover a la sociedad española, pero no fue ni remotamente comparable a los acontecimientos del 18 de julio de 1936 y la sangrienta Guerra Civil.

Ahora bien, los problemas en la familia real, exagerados por la prensa; la difícil situación económica actual, no solo ibérica sino europea, y los problemas del presidente Mariano Rajoy no pueden compararse con momentos tan difíciles para España como las guerras carlistas, el desastre de 1898 en Cuba, la Guerra Civil y la agobiante situación de la posguerra. Aun así y por mucho que se salven las distancias, las noticias de los últimos meses, no dejan de preocupar dentro y fuera de España.

Cuando todo indicaba que las cuestiones económicas controlaban las noticias y los problemas de la corona hacían recordar los escándalos de la crónica social de otros tiempos, un gobierno elegido con mayoría apreciable en las Cortes para aprobar legislación y enfrentar con mayor fuerza que el anterior equipo de la Moncloa las constantes demandas de los sectores soberanistas, se ha estremecido casi por completo. Más sorprendente para algunos sectores es el hecho de que un presidente elegido hace relativamente poco tiempo se vea obligado a enfrentar amenazas de censura en el Parlamento, por citar un solo problema.

Desplazados del poder en medio de la crisis económica, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y su líder Alfredo Pérez Rubalcaba, se aprovechan lógicamente de las desgracias del Partido Popular (PP) de Rajoy, lo cual siempre sucede en el mundo de la política, pero los verdaderos beneficiados de la crisis en los sondeos de opinión son Izquierda Unida (IU), es decir, los antiguos comunistas y sus aliados; y Unión Progreso y Democracia (UP y D) el nuevo partido de doña Rosa Díez.  Hace unos días se resaltaba en la prensa la opción de una moción de censura contra Rajoy.  A pesar de que el PSOE es el segundo partido en el Parlamento, la moción, según la mayoría de las fuentes consultadas en un día determinado, tendría mayor impacto de ser encabezada por la señora Díez, aunque siempre necesitaría el apoyo de otros grupos minoritarios para lograr la firma de 35 diputados para poder presentarla.

Así las cosas, Alfredo Pérez Rubalcaba del PSOE, ni siquiera concibe la posibilidad de pedir elecciones porque el resultado sería una heteróclita amalgama en la cual nadie podría formar gobierno a no ser con una poco probable coalición. Resulta difícil, por no decir imposible, concebir al PSOE unido a los antiguos comunistas, sería casi como pedirle a los socialdemócratas alemanes formar gobierno con los antiguos comunistas del desaparecido Partido Socialista Unificado de Alemania o  al PRD integrarse con gran satisfacción a un gobierno de coalición con el PLD en Santo Domingo.

El entorno antillano nos puede ayudar a comprender la dificultad de integrar coaliciones en la Madre Patria. Casi todos han olvidado que en los ya remotos días anteriores al triunfo de la Revolución, el antiguo Partido Socialista Popular (Comunista) de Cuba, una de las fuerzas políticas mejor organizadas en la región, que logró en la Cuba anterior a los hermanos Castro, participar en asambleas constituyentes, sentarse en el gabinete y elegir senadores y representantes (diputados), alcaldes y concejales en números respetables, no pudo nunca integrar una coalición nacional con los partidos más cercanos en su ideología, los de la “izquierda democrática”, el Partido Revolucionario Cubano Auténtico (PRC) de Ramón Grau, Carlos Prío y Enrique Cotubanama Henríquez, o el del Partido del Pueblo Cubano Ortodoxo (PPC) de Eduardo Chibás, en el cual militó el doctor Fidel Castro hasta 1953. Los constantes aliados del PSP en las urnas eran el Partido Liberal  “Chambelonero” y el Partido Conservador  “Menocalista” (luego dividido en demócratas y republicanos). Y tenían buenas razones para unirse. Como se decía antes: “a falta de pan, casabe”.

La crisis española pasa ahora por acusaciones al presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Pérez de los Cobos. Se menciona que ese augusto cuerpo judicial admite la “apariencia de parcialidad” para recusar a sus miembros, pero será difícil sacar del cargo a su ilustre ocupante. Casi imposible sería poner de acuerdo a la izquierda del PSOE e IU. Esos partidos, si se suman sus cifras en los sondeos, pudieran llegar quizás al poder. Todo eso es nada probable, pero la política, en España, como en Cuba y  República Dominicana, sigue siendo un arte demasiado complicado en el cual, cuando menos se espere, se inventan nuevos rumbos. Las crisis tienen resultados impredecibles.

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