Archivos secretos

Memorias del primer seminario internacional de la crítica literaria en [la] República Dominicana*

Por Diógenes Céspedes

Con el poco poético título de “MasaCrítica” (SD: Nacional, 2013, 286p) ha visto la luz pública el libro rotulado más arriba. La noción abstracta de masa es en primer lugar una noción favorita de los políticos, o sea, propia de los manipulares y aplastadores de los sujetos, a quienes jamás le conferirían, en su estrategia obligatoria de dominación, ese estatuto y, por supuesto, noción totalmente alejada de su significado en Física.

Sin saberlo, y sin que necesiten inscribirse, todos los sujetos del universo,  específicamente los seres humanos de cada país o región donde haya una mínima organización social, pertenecen al partido político del signo. Desde antes de nacer ya se está inscrito en el partido del signo.

Tales miembros se reconocen entre sí por su adhesión, consciente o inconsciente, a la teoría que define la lengua y el lenguaje como un instrumento de comunicación y lo reduce solamente a eso. Pero la lengua es un sistema de signos y el lenguaje es la facultad humana de simbolización de lo real. El signo es un concepto dualista formado por un significante y un significado. Ese signo está radicalmente separado de los objetos o abstracciones a que alude. Para los miembros del partido del signo, el lenguaje, inventado y surgido al mismo tiempo que los sujetos y lo colectivo, es una donación de una entidad trascendente o, para ser condescendiente, el producto de una convención entre los seres humanos en una época tan remota que es imposible precisarla, pero que una disciplina llamada Origen del Lenguaje descubrirá algún día. Esa es la nostalgia del lenguaje, por la que penan los miembros del partido del signo.

Los miembros del partido del signo son enemigos irreductibles de la teoría del signo, según la cual, lo estableció Saussure, ese signo está formado por un significante y un significado, radicalmente arbitrarios y radicalmente históricos cada uno, atributos con los que está implicado también, teóricamente, el lenguaje. Este fue un primer paso teórico de Saussure para pasar a un segundo nivel de conocimiento que en el “Curso de lingüística general” de 1916 dice así: El lenguaje no es sustancia, sino pura forma.” Con lo cual Saussure nos permitió el pasó de un recurso pedagógico a un ámbito de un conocimiento más radical todavía: si el lenguaje es pura forma, no hay ni siquiera dos componentes del signo, sino que el significante y el significado son pura forma, o sea, lo que Meschonnic llamó una forma-sentido.

Por una razón muy sencilla: esa dualidad del signo, aunque sea radicalmente arbitraria e histórica, cuando se pasa de la lengua (sistema de signos) al discurso, los signos que pronunciamos para organizar las frases, se pronuncian en una sola emisión de voz y, significante y significado, no son más que pura forma. Por ejemplo, si el signo “mesa” entra en un discurso que profiero, “mesa” no es en mi emisión de voz, como no lo son los otros signos de mi oración, el resultado de los cuatro fonemas que componen el signo “mesa”, es decir, m+e+s+a. Ni mucho meses el resultado de la combinación de las dos sílabas me+sa Pronuncio en una sola emisión de voz una pura forma, forma-sentido en mi discurso, nada de significante y significado cada uno por separado. La forma es el sentido y el sentido es la forma. Como el ritmo es el sentido y el sentido es el ritmo.

Los miembros del partido del signo se quedan en el dualismo del significante y el significado, cuyo máximo teorizador fue el estructuralismo, perversión de la teoría del signo de Saussure y su teoría del lenguaje como sustancia, en la persona del lingüista Román Jakobson, para quien el signo era un representante. Según esta teoría de la representación, presente en todas las disciplinas inventadas por los humanos, el signo está compuesto de un significante y un significado, pero al formar el signo, este está, en virtud de la teoría de la representación, ausente. Es decir, que existe un abismo o distancia entre el signo y el objeto o abstracción al que tal signo alude. O en el peor de los casos, el signo y el objeto o abstracción son idénticos. Y de esta guisa, Jabokson y los miembros del partido del signo se quedan en Platón, quien fue uno de los teóricos de esta ideología lingüística expuesta en  su obra titulada “Cratilo o la exactitud de las palabras”.

Los miembros del partido del signo se identifican con lo anti arbitrario del signo, con la convención que teologiza la lengua y el lenguaje y con el instrumentalismo de la lengua, el lenguaje, el discurso, la ideología y el sujeto y otorga la responsabilidad de la invención del lenguaje a un dios en el paganismo y a Dios, según consta en el Génesis. Este instrumentalismo lingüístico implica, en razón de la solidaridad entre una teoría del lenguaje y la teoría de la historia, a los demás conceptos de lengua, discurso, sentido, ideología y sujeto y a cuatro instrumentalismos más: el lógico, el social, el literario y artístico y, finalmente, el político, el más peligroso y mortal para los sujetos.

Según Meschonnic, a estos cinco instrumentalismos, para que sea más mortal la estrategia del partido del signo contra los seres humanos, se les superponen seis modelos de paradigmas: “el lingüístico=el modelo del dualismo del signo; el antropológico=siempre dualista, según el modelo que opone lo muerto y lo vivo, el lenguaje y la vida, la palabra genérica abstracta y lo particular concreto; el filosófico=que opone las palabras y las cosas, la naturaleza y la convención, confundido con el arbitrario del signo. Y el lenguaje perdido está en su especificidad. El teológico=cultural pero mundializado (los otros son universales) que opone el ‘Antiguo Testamento’ al ‘Nuevo Testamento’ en la teología cristiana de la prefiguración como el significante al significado: el ‘Nuevo Testamento’ tiene el sentido del ‘Antiguo Testamento’. Con todas las teorías políticas del ‘Verus Israel’ que de él derivan, por ejemplo en la Rusia eslavófila es todo el antijudaísmo cristiano con su filología, que se debe diferenciar del antisemitismo biológico-político. El social= que opone el individuo y el individualismo en la sociedad. El político=ilustrado por el ‘Contrato social’ de Rousseau que opone la minoría a la mayoría de modo que la mayoría no se imponga ‘por la tiranía de la mayoría’ sino por la identificación simbólica con el Soberano. Y todo este conjunto constituye el signo. Y posee una fuerza inmensa.” (“Crisis del signo. Política del ritmo y teoría del lenguaje”. (SD: Ferilibro, 2000, pp. 20-21).

Esa ‘fuerza inmensa’ es el Poder del Estado y todas sus instancias (políticos, guerreros, sacerdotes, jueces, fiscales, diputados, senadores, síndicos, regidores, alcaldes pedáneos, intelectuales, sindicatos, organizaciones profesionales, escuelas, universidades, medios de comunicación en general y, por encima de todas estas instancias, el hombre común, portador de la dictadura de la doxa u opinión). O sea, la burocracia pública y la privada.

Los miembros del partido del signo se reconocen por ser optimistas institucionales o pesimistas redomados o ambas cosas a la vez, pero disfrutan de todas las ventajas del Poder y sus instancias. El Poder les reconoce como tales, pues el él está obligado a patrocinar únicamente la teoría metafísica del lenguaje y el signo. Los miembros del partido del signo con personalidad rebelde no pasan a transformadores y terminan reforzando el Poder que denuncian y finalmente son captados, al final de su vida, para la causa del mantenimiento del orden.

Solo no son miembros de este partido del signo quienes suscriben con su homogeneidad entre el decir-hacer-vivir-escribir. Es decir, que los que no son miembros de este partido del signo poseen y alto grado de libertad crítica e independencia económica (a lo Voltaire y su metáfora de que el escritor debe cultivar su huerto). De modo que contrarrestan cualquier recuperación de parte del Poder y el partido del signo, porque creen en lo radicalmente arbitrario y radicalmente histórico del signo y en el postulado de que el lenguaje y el sujeto surgieron simultáneamente, contrariando así un pretendida convención según la cual, en un estadio de la historia del ser humano, los sujetos propiciaron una reunión y llamaron a todos sus congéneres para que les pusieran nombre a todas las cosas. Pero si ya hablaban, ¿para qué reunirse? Este mito del origen del lenguaje surge para explicar lo desconocido a través de lo absurdo. Los sujetos anti-signo no son ni optimistas ni pesimistas. Viven y piensan en tierra de nadie. Son críticos radicales del partido del signo y su teopolítica.

El arte y la literatura del siglo XXI en adelante, para que sean valor, han de hacerse en contra del partido del signo y su teoría. Poema, cuento, novela, teatro, ensayo, música, pintura, cine, danza, escultura, dibujo, fotografía y arquitectura artística han de trabajar la simbolización radical de la transubjetividad, o no serán. A lo sumo, serán arte y literatura como. Este es el manifiesto de hoy hasta el fin de la humanidad.

La mayoría de las ponencias de “MasaCrítica” giran en torno a la teoría del signo y su partido. Sus miembros son optimistas institucionales o pesimistas o ambas cosas a la vez. Creen en la ideología de la belleza como tautología. Creen en el sentido de la historia y su ideología del progreso y el atraso. Son creyentes en el destino, el azar y la suerte. Junto a la gente común, viven de creencias, es decir de afirmaciones sin pruebas, y construyen cotidianamente la dictadura de la opinión o doxa.

El análisis de estas ponencias se verá en la próxima entrega. Antes era imprescindible situar la teoría del lenguaje y el signo que las cobija.

*Publicado en Areíto del 14 de diciembre de 2013 y reproducido en acento.com.do de la misma fecha.

Noticias relacionadas

Por

Noticias relacionadas

Comentarios
Seguir leyendo

Lo más leído

Más noticias

Síguenos en nuestras redes