Deshojando paradigmas

Mandela: Un liderazgo paradigmático y realidad social*

Por Cándido Mercedes

“He luchado contra la dominación blanca y contra la negra.

He albergado el ideal de una sociedad libre y

democrática en la que todas las personas convivan

en armonía e igualdad de oportunidades”.

(Nelson Mandela, en su defensa en el

banquillo de los acusados, en el 1962).


Nelson Mandela (Madiba) finalmente murió el jueves 5 de diciembre.El es el prototipo, la encarnación de un liderazgo paradigmático, que expresa y sintetiza la combinación de un conductor transformador y transaccional. Un hombre que supo articular los desafíos de su época con firmeza, con templanza y al mismo tiempo con tolerancia. Un ser humano que comprendió la diversidad y la diferencia desde la perspectiva del amor; porque solo el amor derrama y esparce la armonía para conciliar los diferentes intereses, asumiendo siempre el norte en favor de la sociedad.

Lo hizo desde la POLITICA, como queriendo  decir  al mundo y  de manera  específica  a nuestra sociedad, que la Política es noble,  es humana,  es  ética, si  se encausa para el bienestar  de los demás. Por eso  más que un símbolo, Mandela, se constituyó en el ícono mundial del liderazgo que todo pueblo desearía  tener.

Por eso Mandela es el signo que nos ilustra y que nos invita desde un verdadero marco referencial, a caminar sus pasos por la integridad, por el enorme espacio que habitaba en su corazón, por el respeto a la tolerancia, desde el arcoiris de su extraordinario valor cívico y expresión de humildad.

Nos deja el hermoso legado que para lograr la trascendencia desde el Poder, no es la permanencia en el ejercicio de éste que lo constituye, sino la manera que aborda el desafío vital que el contexto de su época le demanda. Revitalizó un liderazgo transaccional y transformacional, al mismo tiempo, desde la perspectiva relacional que permitió aglutinar a todos los sectores, asumiendo las diferencias, con proactividad, madurez afectiva y efectiva y exquisita inteligencia emocional.

Entendió que lo que nos hace “imprescindibles” es el peldaño en el desarrollo institucional de una sociedad, porque en definitiva, la dialéctica de la naturaleza nos hace cruzar por esta tierra solo un instante de la cruzada en el planeta. La eternidad, merced en el hacer y enfrentar los retos del momento, se encuentran, entonces, con los corazones, por generaciones de la humanidad.

Mandela, es pues, la expresión de un liderazgo con compromiso, un liderazgo con una autoridad del saber y una profunda vocación personal. Un liderazgo armonizador que forjó una nueva cultura, cuyo eje fundamental se anidaba en la inclusión, en la justicia social y la paz. ¡Es el tipo de liderazgo que auguramos! Un liderazgo que asuma las acciones que la dinámica societal demanda, a través de una agenda consensuada y que permee el espíritu de la reflexión con responsabilidad.

Cuando vemos el modelo Mandela y el contraste con la realidad social nuestra, nos apena y entristece, sobre todo, porque somos una sociedad que ha creado riquezas en los últimos años y que su Producto Bruto Interno se triplicó en el interregno de 10 años.

Pavoroso es leer el trabajo de la CEPAL “Panorama Social de América Latina 2013”. En ese importante  trabajo, se destaca que nuestro país es uno de lo más inequitativo, compartiendo ese liderazgo negativo con Honduras y Paraguay. Resalta que el 20% del quintil más pobre, apenas recibe el 4% de todos los ingresos de la sociedad. En cambio, el 10% de la población del quintil más rico, recibe el 47% de los ingresos. Ello refleja la desigualdad social, la profunda inequidad que de tanto crecer, constituye un cuadro de iniquidad, desde la perspectiva humana y de inclusión.

En el mismo trabajo se pone de relieve como la pobreza “parecería” que está cimentada sobre base de hierro, de acero para que no disminuya, pues en el 2011, el 42.2% de la población era pobre y el 20.3% era indigente; y, en el 2012, teníamos un 41.2% de pobres y un 20.9% de desvalidos. Esto quiere decir que entre un año y otro, la pobreza apenas descendió un punto; empero, la indigencia, la gente más desheredada, aumentó  en un 0.6  %.

Lo horroroso, lo aterrador de este panorama social, que se expresa en las estadísticas aludidas, es que en nuestra sociedad, al mismo tiempo que tenemos una alta pobreza, nos damos el “lujo” de tener una alta desigualdad. Ambas situaciones son fruto de la poca sensibilidad que tiene el liderazgo político dominicano; un liderazgo narcisista y de café instantáneo, que se regodea en el síndrome del acuario.

¡Una sociedad que produce riqueza y al mismo tiempo reproduce pobreza y más desigualdad! Es la consecuencia de un liderazgo irresponsable, que mira el presente en un horizonte enteramente individualizador. Su Dios es el dinero y el gesto de influencia. Es lo que explica, entre otras cosas, el auge de la violencia, de la delincuencia y de la poca cohesión social: El efecto referencial negativo.

Lo mismo sucede con el último Índice de Transparencia Internacional que Participación Ciudadana puso en circulación. En ese Índice, nuestra sociedad descendió 3 puntos. Estaba en 32 puntos de 100, en el 2012. Ahora, en el 2013, sacamos 29 de 100. De 177 países, estamos ubicados en el 123 y de los 32 de la Región, nos encontramos en el número 25. Esto es, somos un cuerpo social en descomposición, putrefacción; tenemos una plaga de corrupción. Cuando vemos los tres países de la Región con más pobreza, “coincidencialmente”, son los países con más corrupción (Honduras, Paraguay y nosotros).

Por último, la falta de un liderazgo comprometido, de una sociedad en estado de inercia, fue lo que produjo el comienzo del genocidio civil en el 2007, que por orden administrativa, ilegal, de la Junta Central se comenzó  el despojo  de la nacionalidad de cientos de dominicanos.

6 años después, algo tan terrible como la Sentencia 168/13 trajo consigo una enorme oportunidad, la cual ha sido la VISIBILIDAD, la puesta en evidencia, en escena, del crimen silencioso que venía ejecutándose en la Junta sin que la sociedad se diera por enterada. Muy pocos se daban por enterados. Siendo honestos, solo el Programa Uno+Uno exponía con cierta asiduidad aquella ignominia, aquel dramático ultraje, reservado oprobio y el sigilo de la humillación de aquellos dominicanos que no podrían defenderse. Ello aumenta la exclusión, la marginalidad y lo más insidioso que es el resentimiento, al crear “ciudadanos” sin ciudadanía.

Ameritamos de un liderazgo donde el cinismo no sea la carta de presentación cotidiana y donde hacer lo correcto sea la antorcha para propiciar permanentemente de que un mundo mejor es posible. Es después de todo, de que tenemos que forjar una verdadera esperanza colectiva para cristalizar los sueños de justicia y de igualdad como lo hacía Mandela.

*Escrito 12 horas después de su muerte.

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