Del diario vivir

Los poderes de la suegra (y 2)

Por Lipe Collado

La imagen de poder supremo del ser social Suegra en ejercicio de su (s) papel(es) dentro de la cultura familiar dominicana es de tal magnitud que al percibirse un agudo conflicto entre ella y el yerno o la nuera, según se trate, la gente suele sentenciar: “se jodió, tiene problema con la Suegra”; algo equivalente en la política a: “el gobierno se jodió, tiene a los americanos en contra”.

Una parte considerable de los conflictos de yernos y nueras con la Suegra es la derivación de los juegos y mediciones de poderes e influencias intrafamiliares. Ella actúa en función de lo que se espera según las tradiciones y costumbres  sociales y mentales, y en su consecución desarrolla un gran potencial en el matrimonio conexo, lo que se extrema si es nuevo.

Concentra mucho poder en parte porque recopila informaciones sobre el matrimonio, su atmósfera y entorno inmediato, hace de guardería infantil, de desahogo emocional, de consejera matrimonial, de árbitro sabichoso en caso de batalla matrimonial, de asesora –y a veces de dadora- financiera y de orientadora pre y post parto. Todo esto constituye una enumeración limitada.

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“Viendo la suegra que el saber de tales navegaciones e historias agradaba mucho al Almirante, le dio los escritos y cartas de marear que le había dejado su marido"

Generalmente sus nietos son los “chivatos”, cuando no la hija o el hijo en sus desahogos, y su intromisión suele aumentar luego de haber ejercido función arbitral exitosa en caso de una batalla matrimonial con rasgos de proyección conflictiva mayor.

De todas maneras, la perdurabilidad de su cultura aquí a través de siglos delata con suficiente claridad que su(s) papel(es) socio familiar es altamente positivo para la salud del buen discurrir de la primera célula social, y que las vituperaciones que bloquean su aceptación por los líderes de opinión implica en el fondo reacciones vengativas de afectados por alguna mala Suegra –mala persona- y de malagradecidos que alguna vez estuvieron de “arrimados” en su hogar.

En todas partes del mundo y en todos los tiempos del discurrir de la institución familiar suegras han habido que se columpiaron a la historia por solidaridades y favores a yernos y nueras, más a los primeros, en momentos angustiosos para estos.

He aquí que la suegra de Gregorio Luperón puso en riesgo su vida con ocasión de un asalto formal a la casa de este en Puerto Plata, luego de la media del Siglo X1X. A sabiendas de que su yerno estaba en franca desventaja y en peligro de muerte al ser atacado por el frente y la parte de atrás de la vivienda, ella tomó un arma de fuego –dícese que una escopeta cañón extra largo- y confrontó a los atacantes de la parte postrera, manteniéndolos a raya hasta que llegaron los refuerzos necesarios.

El caso de Cristóbal Colón es mucho más que simbólico, en razón de que probablemente la decisión inicial y su gran entusiasmo alrededor de la idea de emprender su magno viaje histórico que revolucionó a la humanidad, hayan estado muy vinculados a la cooperación y exhortación de su Suegra, en cuya casa vivía de “arrimado” en la isla de Puerto Santo, según lo contara el propio Cristóbal Colón a su hijo Hernando, que lo recoge en el capítulo V de su obra Vida del Almirante Don Cristóbal Colón.

Colón había llegado a Portugal en 1476 y casado al año siguiente con Felipa Moniz y pasado a vivir en casa de la Suegra, quien le contó que “su marido había sido hombre de mar”, que había ido por mar a descubrir tierras y que había descubierto dos islas.

“Viendo la suegra que el saber de tales navegaciones e historias agradaba mucho al Almirante, le dio los escritos y cartas de marear que le había dejado su marido. Con esto el Almirante se entusiasmó más y se informó de los otros viajes y navegaciones que por entonces hacían los portugueses a la Mina y por la costa de Guinea; y le gustaba mucho conversar con quienes navegaban por aquellas partes”, nos cuenta el periodista e historiador español Juan Manzano en su voluminosa obra Colón y su Secreto, publicada en Madrid en 1989.

De modo, pues, que las suegras también son personajes con peso específico histórico y que aún es tarea pendiente estudiar sus contribuciones en los recovecos de importantes acontecimientos nacionales e internacionales.

Pero comoquiera las nueras y yernos malos –malas personas- seguirán en sus trece contra ellas porque hay quienes discurren por la vida necesitados de una cruz qué cargar… y si no la encuentran -grande, grande- se la imaginan y la hacen con dos palitos de fósforos… usados.

 

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