Habita en mi mente, un intercambio de palabras pasadas. Las había guardado en el fondo de una gaveta, en mi inconsciente, por si algún día las necesitaba. Regresan puntuales:

–         “Quisiera poder congelar el tiempo, y quedarme aquí por siempre.”

–         “Yo también, pero sería injusto. Mientras nuestras almas toman aspecto jocundo, bajo esta tibia alegría, en algún lugar del mundo, otras almas acechan desde la sombra, o tiemblan de frío. El movimiento es necesario.”

Tenía razón, él. Mucha razón.

Aquí se vino a vivir la verdad. El mundo, aunque en ocasiones logra contentarnos, no está hecho para eso. El mundo, es. Detrás de una caricia, hay placer, y de un golpe, dolor. Son hechos reales, indiscutibles, inevitables.

Y no se debe temer lo inevitable.

No debe asustarnos el sabernos pasajeros.

Todo intento de permanecer, de congelar el tiempo, será inútil. La fotografía, la reseña escrita, el dibujo, la canción grabada, no son más que restos que dejan nuestros instrumentos de expresión.  Son rastros de nuestras vivencias,  sentimientos, pensamientos, pero no retienen el momento en el que vivimos, sentimos o pensamos. Son algo frío, algo inmóvil, algo muerto. No tendrán nunca el mismo poder, la misma intensidad, que poseyó el  momento que intentan plasmar.

Querer detener el tiempo, estancarse en un momento específico, es igual que desear morirse lento, o vivirse a prisa

Ese sólo estuvo una vez.

Quedará varado en el pasar de los años, constituirá junto a otros, nuestra experiencia, nuestra sabiduría. Se irá con nosotros, y no regresará.

La intención del recuerdo, es lo único que podría retratar un momento vivido dignamente, pero nunca de manera completamente satisfactoria. El recuerdo es como la danza del humo, mientras más se aleja, más se dobla y desdobla, hasta perder su forma.

Querer detener el tiempo, estancarse en un momento específico, es igual que desear morirse lento, o vivirse a prisa. Entre un momento y otro, existe un magnetismo a partir del cual surge la vida. Los momentos hay que vivirlos todos, buenos o malos, de manera sucesiva, y a su propio ritmo.

En el tiempo, ahí sucedemos.