Del diario vivir

Las horfandades del libro, editoras y librerías (y 2)

Por Lipe Collado

"¿Acaso lo sabe el “Misterio” de Cultura?, “pregunta un amigo televidente”, finalizaba mi artículo del sábado último en el que abordaba la crisis aguda del libro, las editoras, las librerías y los escritores.

La pregunta iba dirigida al guitarrista designado Ministro de Cultura – “Misterio” de Cultura suena mejor para él- el 16 de agosto de 2012, quien se ha gastado “unos cuartos largos” en pasajes al exterior para él y sus comitivas a diversas actividades culturales – no deja pasar una, las batea todas- y fomentando actividades faranduleras al estilo de cualquier presidente de la Asociación de Cronistas de Arte (ACROARTE). Maña fuera.

Después de guardar curioso silencio ante los reportajes periodísticos acerca del desgajo cultural que significa la crisis de las librerías, tan temprano como dos días después de mi artículo convocó apresuradamente a unos cuantos libreros para tratar el tema. Luego de una ligera perorata les advirtió que carecía de recursos, les solicitó por escrito sus aspiraciones y se marchó dejando a los cariacontecidos  libreros con varios subalternos.

La pregunta que hube de formular al final del artículo anterior tenía un doble fondo de típica ironía periodística porque él y yo poseíamos la respuesta: sí, lo sabía. Valga decir que le hice una “pregunta sucia” en razón de que conocía la respuesta y que lo dejaba mal parado.

Resulta y viene a ser que a un mes y 4 días de jurar su puesto le hice llegar por escrito reflexiones y propuestas con alguien allegado a él y quien me ha reconfirmado habérsela entregado. En esa misiva del 20 de septiembre de 2012 lo ponía al tanto de la crisis de los actores del libro y le sugería soluciones:

“1- Estimular a las pequeñas editoras, generalmente de escritores y de una que otra librería, asignándoles la edición de títulos dentro de la política de publicaciones del Ministerio de Cultura. Tratar de retomar en alguna medida las ediciones de calidad media, lo que promueve el no encarecimiento del libro. En otras palabras, democratizar la política editorial.

“2- La Ley del Libro incluye exención fiscal por 10 años para la edición de libros y fue luchada y promovida por el Ministerio de Cultura, escritores, editoras y libreros pero aún se requiere diligenciar ante la DGII que posibilite la aplicación de la exención impositiva”.

“3- El organismo creado por esta ley para el fomento del libro, COMLIBRO, fue convocado sólo una vez, por lo que sería importante retomarlo y darle vida al mismo.”

También se le sugirió crear dos áreas en la Feria del Libro: 1- la de las librerías, editoras y escritores, para que sólo el libro y sus actores fueran los protagonistas principales, y 2- la correspondiente a las instituciones oficiales y privadas, y a los eventos artísticos.

“Organizar bibliotecas en los barrios en coordinación con las juntas  vecinales, iglesias, etc. Estas se surtirían con libros comprados mensualmente a las librerías, escritores y pequeñas editoras en montos iguales”, se añadía, para entonces concluir:

“Actualizar, ampliar la lista de libros de autores dominicanos para las bibliotecas escolares, las que aunque las surte el Ministerio de Educación, la ley del libro, a través de COMLIBRO, faculta al Ministerio de Cultura dentro del Sistema de Bibliotecas a nivel nacional”.

De modo, pues, que al parecer al “Misterio” de Cultura le dio tres pitos –o quizás tres guitarras- la aguda crisis del libro, las editoras y las librerías, y si acaso fuere así habría que gritar: “¡Ahora, ¿y quién podrá defendernos?!”.

Ojalá pudiéramos abrigar la remota esperanza de oír al guitarrista y casi alfabetizado cultural José Antonio Rodríguez gritar: “¡Yo, el Chapulín Colorado del Misterio de Cultura”.

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