Ni las rejas callarán la verdad

Las masivas deportaciones de dominicanos desde Estados Unidos

Por Carlos Antonio Cota Lama

Al parecer a ninguna autoridad en el país le está importando las masivas deportaciones de dominicanos que residiendo en estados unidos incurrieron en violaciones a la ley, ya sea cometiendo robos, atracos, crímenes, violaciones sexuales, estafa, falsificaciones o en el tráfico y consumo de drogas, así como otros delitos considerados federales.

 

En los últimos años han sido deportados y recibidos solo por el Aeropuerto Internacional de Las Américas, unos 15,000 mil deportados y solo en los primeros 9 meses de este año han ingresado 2,222 dominicanos deportados a territorio dominicano.

 

Ahora bien, toda persona deportada se supone que ha cumplido la pena impuesta por el delito cometido y que ha recobrado todos sus derechos civiles y constitucionales, por lo que tienen derecho a poder reincorporarse a la sociedad y tratar de resarcir el daño social y moral que ocasionaron sus acciones en la sociedad y en la propia familia.

 

Pero lamentablemente no es así, todos estos dominicanos que han llegado al país en condición de deportados, pasan por un proceso en la Dirección General de Migración y la Policía Nacional, donde se le llena una ficha denominada de control, donde un familiar o allegado del deportado tiene que hacerse responsable ante las autoridades, de velar por el buen comportamiento de la persona deportada y de presentarlo ante la autoridad competente en caso de que sea requerida su presencia, para cualquier fin de interés.

 

No obstante al derecho que le asiste como personas, aún hayan incurrido en el más atroz de los crímenes, se les dificulta el poder reinsertarse a la sociedad, pues aunque en muchos casos salen a buscar empleos, los mismos le son negados o son rechazados de plano, ya que al ser depurados o cuando presentan el papel requerido de la Procuraduría Fiscal ó de la Policía Nacional, en el mismo sale plasmado de que fue deportado y las empresas por temor a verse envueltas en situaciones no deseadas y con el derecho que le asiste, le niegan la oportunidad.

 

Muchos de los deportados hoy días se encuentran sin trabajo en la República Dominicana, ahora bien. ¿De qué viven y se mantienen? ¿Cómo pueden pagar la casa donde viven, agua, luz, teléfono, celulares, colegios, ropa, comida y muchas otras necesidades elementales que la propia vida nos demanda?.

 

En esa parte es que vemos que las autoridades competentes no han buscado una fórmula satisfactoria que le permita a estas personas poder reinsertarse en la sociedad y trabajar dignamente para poder solventar todas las interrogantes expuestas anteriormente, por lo que los mismos han tenido que recurrir al micro tráfico de drogas, a cometer robos, atracos, violaciones, crímenes, sicariato, lavado de dinero, en fin a las mismas acciones por la que en su momento fueron encausados en territorio norteamericano y por lo cual purgaron sus condenas y posteriormente deportados.

Esto es algo que debe preocupar a los que hoy día están dirigiendo el plan nacional de seguridad ciudadana, pues este tipo de situaciones, son de seguro parte del clima de inseguridad ciudadana que vivimos en la República Dominicana y que pese a los grandes esfuerzos que hacen las autoridades, al parecer aun la delincuencia nos sigue ganando la batalla.

 

He reiterado en muchos de mis artículos , que es tiempo de que la sociedad dominicana se empodere y todos juntos contribuyamos a tener una mejor nación, pero para ello nuestro gobernantes deben servir de lanza de punta y trazar una política clara y bien definida con objetivos precisos, rompiendo definitivamente con lo que siempre ocurre en el país que ¨Lo que es una costumbre, se constituye luego en un derecho o fuerza de Ley¨ y eso no puede continuar así.

 

Decimos esto porque igual situación ocurre con los chiriperos, con los limpios cristales en los semáforos, con el gran negocio de los que traen niños haitianos al país para pedir dinero en los semáforos, con los que venden agua, forros de celulares o cualquier otra mercancía en los semáforos, ocasionando en ocasiones en taponamientos en el tránsito vehicular, sin embargo las autoridades permiten todas esta modalidades y cuando ocurre un hecho, entonces quieren actuar inmisericordemente, tomando medidas consideradas de arbitrarias y de momento.

 

Igual ocurre con los que se instalan en las esquinas con triciclos a vender frutas y otros productos buscando ganarse dignamente el sustento de la vida para la familia y vemos como muchas veces son maltratados, sus productos incautados y este tipo de accionar en nada beneficia, muy por el contrario con acciones así solo se fomenta aún más la delincuencia, pues estos ciudadanos también tienen que comer, vestirse, pagar luz, agua, teléfono y todos los gastos mínimos elementales para poder subsistir en el planeta tierra.

 

Hay que prestarle atención a todas estas situaciones y buscar formulas alternativas, si no queremos que nuestra República Dominicana en unos cuantos años más se nos convierta en una Venezuela, una Colombia o un México cualquiera donde el crimen organizado, el narcotráfico, los secuestros y el sicariato le han tumbado el pulso a las autoridades que les gobiernan y se torna insoportable poder vivir en el clima de paz que las grandes mayorías de los ciudadanos de esos países anhelan.

 

¡No apretemos tanto la tuerca, porque se nos puede correr el tornillo!

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