La columna Estriada

Las Instituciones sin posturas…

Por Emilio José Brea García

Algunas cosas no se entiende. Las Universidades  dominicanas, acreditadas o no, estén o no en el ranking mundial que desacredita al país situándonos en lugares insondables, tienen todas las carreras. Las de Arquitectura tienen al Urbanismo de pedal, de asignatura casi escondida, no es departamental ni mucho menos una Escuela aparte. Entonces las Universidades, en sus Escuelas de Arquitectura desarrollan proyectos aislados no concretos, toman un solar cualquiera (aunque este ocupado) y allí los estudiantes proponen, alegremente… Entonces en su mayoría, las Universidades se aíslan de los procesos urbanos, arquitectónicos y sociales reales (y por supuesto que económicos) que se operan en las ciudades.

No fijan posturas. El profesorado (capaz, no se duda) se reserva sus opiniones dentro de enclaves muy reducidos, aulas y recesos. El estudiantado solo escucha en ocasiones. En consecuencia la  entidad no participa, parecería que no les interesa, como si ni siquiera fueran espectadores. Dos universidades (UNPHU y UNIBE) de diez que hay en República Dominicana con Escuelas de Arquitectura,  se mantienen a las expectativas de las transformaciones urbanas (me consta), y las estudian, comentan, pero no tienen voz pública suficientemente fuerte para alertar o advertir que esos cambios están produciendo distorsiones que violentan las usos normales de la ciudadanía, quebrantando hábitos y preferenciando al automóvil sobre la gente.

Mientras tanto, por una parte, las Alcaldías negocian con el suelo urbanizable, y la ciudadanía se debe auto gestar sus propios espacios para poder sobrevivir al caos que se fomenta institucionalmente en las ciudades, todas, principalmente en la capital dominicana. Ya el problema no es simplemente de basuras. El tránsito, el ruido y el desorden ocupacional de edificaciones antes habitacionales, que el Estado, entiéndase el gobierno, ha venido convirtiendo en recintos burocráticos sin previas adecuaciones espaciales exteriores, contribuyendo al caos del estacionamiento y la promiscuidad y prostitución de sus entornos con los negocitos que colateralmente se agregan.

La Alcaldía del Distrito Nacional argumenta y alude a su falta de presupuesto y recursos para nada. Pero anuncia una ciudad navideña a escala reducida que instalaran en el nuevo espacio público abierto que activa los afectos del Alcalde, en el antiguo Zoológico, y que costará 60 millones de pesos. Sin embargo el Parque Eugenio María de Hostos, bajo el alegato municipal de que les faltan 20 millones para terminarlo, sigue cerrado tras doce (12) años de verjas, empalizadas y cerramientos publicitarios. El entorno barrial y toda la ciudad lo padece. Eso no le importa al ADN.

Y así, todo el Malecón está abandonado, igual la ciudad completamente… Obvio, el centro opulento y ostentoso, donde medra el capital proveniente de donde sea, luce limpio, entaponado, pero aseado, pintados sus pavimentos y señalizadas las esquinas aunque nadie respete.

Somos una vergüenza urbana. El descrédito estatal y municipal nos mantiene en el sótano. Una ciudadanía indecente, unas “autoridades” indiferentes, sean estatales o municipales y unas universidades ciegas ante las ciudades, no son el mejor augurio del mañana, incluso a sabiendas de que estamos hace tiempo en el futuro… Y eso que queremos el turismo, pero el Río Ozama es un alfombra cloacal -pútrida, fétida, asquerosa- para los escasos cruceros de la capital (los de Puerto Plata y Samaná, ya anunciaron que se marchan ante el caos en tierra…)

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