Opinión

La violencia, el sexo y los demonios del mundo antiguo

Por Alvin Reyes

Durante los últimos tiempos nuestras sociedades “modernas” y “civilizadas” se han estado viendo asaltadas por actos de violencia inusitada que poco a poco han sobrepasado la capacidad del asombro. Nuestro país se ha visto asaltado por noticias cada vez más alarmantes como niñas de 10 años embarazadas, esposas muertas por sus esposos, nuncios apostólicos violadores de niños, esposas que se combinan con amantes para asesinar maridos, etc.

En busca de la solución a esta epidemia se han escrito miles de páginas de análisis y ensayos. Se han dilapidado miles de horas hombre en seminarios, entrenamientos a fiscales, a policías, se pintan postes eléctricos, se han creado fiscalías especiales como la de la mujer y un largo etc. de cuantas ideas se les puedan ocurrir a las autoridades. ¿Cuál ha sido el resultado de todo esto? Nada. Los crímenes violentos han seguido su curso. Los actos de corrupción, que antes por lo bajo como parte del rumor público, ya hoy son algo que la gente ha terminado por aceptar, siendo la honestidad un rasgo distintivo en extinción.

¿Qué es lo que está pasando con la humanidad?

El ser humano ha recorrido un largo camino desde la época de las cavernas hasta los días cibernéticos de hoy. Uno de los primeros pasos, luego del descubrimiento del fuego y del desarrollo del lenguaje, en nuestro camino a  la  civilización fue el control de lo animal que hay en nosotros, nuestros ancestros aprendieron, mediante complicados ritos  y tabúes morales, controlar nuestros más bajos instintos animales.

“Alinvocar esos poderesconsagrados y prescribir terribles castigos para quienes violaran los tabúes,el hombre primitivo estaba construyendo hábitos de control absoluto sobre supropia conducta……Laevoluciónhumana se apoya a cada momento en su capacidad de soportar tensiones y controlarsu liberación.En los niveles inferiores, esto implica el control decoroso de la vejiga,los intestinos; yen los superiores, la canalización deliberada de los apetitoscorporales yurgencias genitales, poniéndolo todo dentro de los canales socialmente aceptables.Lo que yo sugiero aquí, finalmente, esque la estricta disciplina del ritual y la severa escuela moral del tabúfueron esenciales paraelautocontrol del hombre,a la vez queparasu creatividad cultural entodas y cadauna de las esferas. Solo quienes obedecen a las reglas son capaces de participar en este juego, y todo ello hasta tal punto que la estrictez de las reglas y,la dificultad de ganar sin violarlas son valores queincrementan los goces de tal juego.”

(Lewis Mumford. The Myth of the Machine: Technics and Human Development. HARCOURT, BRACE/WORLD, INC. NEW YORK 1967. Págs. 68-71).

Con la llegada del progreso y la modernidad muchos de esos ritos y tabúes se han convertidos en obsoletos, en un recurso pasado de moda que en muchos caso se recuerdan como un pasado anecdótico. Nuestras sociedades han desarrollado un estilo de vida que estimula el placer de una manera descarnada y que ha convertido la propia vida en una búsqueda incesante de la felicidad a  toda costa. Pero se ha confundido la felicidad con el hedonismo. La vida es una y hay que gozarla. Ese es el lema de esta época.

Tomemos como ejemplo el demonio de la obesidad. La religión nos habla de los 7 pecados capitales. Uno de ellos es la gula, que sucede entonces cuando un una campaña de una compañía de Snacks el anunciante desafía al niño y le dice “A que no te puedes comer solo una”: lo está lanzando en brazos de la glotonería.  Ese niño glotón será un adulto obeso, rechazado por los compañeros y el sexo opuesto, vivirá una vida reprimida atormentado por demonios que anidan en su interior.

Quizá el demonio de la lujuria, otro pecado capital es uno de los que más se han beneficiado del culto al hedonismo y a la publicidad visual cargada de erotismo y pornografía. Así vivimos bombardeados desde que el día amanece con propagandas eróticas y vemos a diario como mujeres semidesnudas bailan a cualquier hora del día frente al televisor. Es imposible para una persona de escasa educación soportar la presión diaria que la TV, el internet, los videojuegos, las telenovelas, etc., ejercen sobre su mente. Esa combinación de escasa educación, de valores morales considerados pasados de moda y de sobre exposición a mensajes cargados de erotismo y violencia es una bomba de tiempo que nos está estallando en las manos.

“Del viejo feminismo y sus luchas hemos girado a la nalga-cultura; una filosofía hedonista que subyuga la mujer tratándole, y dejándose tratar, como perra. No solamente fetichiza el sexo sino que se le despersonaliza y deshumaniza. Desde los 60’s ya sabíamos que la liberación sexual, por sí sola, no garantizaba el pleno desarrollo del ser humano.”. (Angie Vasquez. El giro a la nalga cultura. Publicado en:http://www.fines.org.do/index.php?news=2633)

Durante el camino desde las cuevas hasta el mundo moderno fuimos sepultando apetencias instintivas y en ese camino logramos ocultar los demonios interiores del hombre. Ahora  en aras del progreso, el comercio y la modernidad hemos descorrido los cierres, con nuestra búsqueda del placer como mecanismo extraviado de la felicidad, y con la consecuente rentabilidad que este actitud produce en el comercio mundial (solo los sitios porno de internet mueven 4 900 millones de dólares al año)  hemos liberado demonios que ahora nos gobiernan sin control, de ahí la violencia diaria, al abrir las cadenas  los demonios se pasean desatados.  Estamos a merced de los instintos más básicos, después de tanto esfuerzo que costó “la canalización deliberada de los apetitoscorporales y urgencias genitales”

Todo los otros intentos de explicar lo que nos está ocurriendo se quedan en el ámbito de la sociología, la economía y el capitalismo, por eso no han encontrado la clave. Y mucho antes que yo ya lo escribió Algernon Blackwood citado por H. P. Lovecraft en “La Llamada de Cthulu”:

Es concebible que tales potencias o seres hayan sobrevivido...hayan sobrevivido a una época infinitamente remota donde...la conciencia se manifiesta, quizá, bajo cuerpos y formas que ya hace tiempo que se retiraron ante la marea de la ascendente humanidad... formas de las que sólo la poesía y la leyenda han conservado un fugaz recuerdo con el nombre de dioses, monstruos, seres míticos de toda clase y especie...”.

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