Arquitectura y energía

La máquina para vivir. Una máquina sana II

Por Juan C. Sánchez González

A riesgo de que pueda parecer que nos salimos de lo meramente técnico para entrar en temas de otra índole, desde la semana pasada que abordamos el tema de la casa sana, hemos estado observando de cerca nuestro entorno y viendo como puede ser posible, aún no siendo una persona especialidad en el diseño de los espacios, mejorar nuestra condiciones de salud espacial para compartirlo por este medio con el lector.

Dado que las condiciones del entorno natural – también urbano y social- la disposición de los espacios interiores y exteriores y los elementos que en él se encuentran, ejercen algún tipo de influencia sobre nosotros, en nuestro diario vivir y en el confort que podamos tener (o no) para desarrollar nuestras actividades, se le ha dado mucho énfasis al tema, planteándolo desde diversos puntos de vista, algunos de ellos muy racionales y otros no tanto. A continuación enfocaremos los que - a la luz de nuestra experiencia- nos parecen más acertados para un buen equilibrio de los espacios interiores; evidentemente a grandes rasgos y a nivel de pinceladas para una casa media.

La forma de la casa

Una de las primeras máximas que se aprenden en la carrera es que la forma y la función deben ser parte de un todo. Armonizar esto con que además el espacio sea agradable y saludable dependerá mucho del criterio del proyectista. Los entrantes y salientes dan al volumen un movimiento que en muchos casos es agradable a la vista – sobre todo a los ojos del proyectista- pero es fundamental no abusar de las aristas y procurar que el edificio invite a su uso con formas armónicas pero no monótonas. No existe una fórmula que podamos elaborar aquí aunque siempre es una buena fórmula fijarnos en los procesos de la naturaleza en la elaboración de sus propias formas y que nos sirva de guía.

El acceso

Hace años nos decía un querido profesor de la escuela que la entrada era a la casa (o cualquier edificio en general ) lo que la boca era al cuerpo humano, dado que la fachada principal era el equivalente a la cara. Una entrada principal debe estar claramente definida e identificable pero al mismo tiempo protegida, no dando directamente a la plaza o calle. Un pequeño porche, algo de vegetación, colocarla a escuadra de lo que sería su emplazamiento original, ayudaría a protegerla de la línea directa.

Disposición de los espacios de una casa

De acuerdo a la latitud del lugar donde se plantee el proyecto, la orientación de los espacios vivideros será de una forma o de otra. En países fríos se protegen estos espacios de la orientación norte y se buscan en todo momento los rayos del sol hacia el sur.  En el  trópico (como Santo Domingo) la historia va más bien con refrescar los espacios ventilando y deshumidificando. En cualquier caso disponer los dormitorios hacia el este próximos a los rayos del amanecer es una buena idea. Al oeste colocar baños y en algunos casos, según el diseño, la cocina. Para los espacios de ocio familiar la orientación puede ser tanto noreste como sureste, toda vez que se procure el sosiego de la luz difusa (norte) o la claridad de los rayos directos (sur).

Lo práctico, lo subjetivo, lo circunstancial.

Realizar unos cálculos de instalaciones o unos cálculos estructurales está más próximo al consenso universal que hacer una apreciación de diseño. No damos como absolutas las fórmulas (realmente no existen fórmulas), planteadas más arriba, pero sí son fruto de lo que hemos podido ver, aprender e incluso realizar. Cada cual tendrá su librito para un buen diseño (siempre de acuerdo a cada caso en particular) y aún más tendrán el suyo para un buen diseño interior y saludable por demás. Seguiremos la próxima semana enfocando el tema desde nuestro particular punto de vista.

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