La formulación de políticas públicas es una de las principales tareas, si no la principal, de los actores que conforman el sistema político democrático, de ahí la relevancia de su análisis y monitoreo.

Tal y como ha señalado Alcántara Sáez, las políticas públicas son concebidas como "productos del sistema político", y no deben entenderse como partes exógenas del mismo, sino como constitutivas de las acciones o de los resultados de las actuaciones de los elementos formalmente institucionalizados del sistema político adscritos al ámbito del Estado.

Podemos decir que las políticas públicas se traducen en las prioridades del gobierno, del Estado, las cuales buscan, en los casos ideales, dar respuestas oportunas a las demandas y reclamos sociales.

De acuerdo al nivel de complejidad de las sociedades, surgen entonces una cantidad mayor de demandas y necesidades a las que el Estado debe hacerles frente. Pero sobre todo, el/la ciudadano/a debe estar en la capacidad de evaluar la calidad, oportunidad y eficacia de las políticas que se implementan.

Es imprescindible, por ejemplo, analizar: qué tipo de políticas públicas está desarrollando el Estado, cómo se diseñan, quiénes las diseñan,  y cómo se están evaluando. Se trata precisamente del elemento más valioso de eso que llamamos ciudadanía. El poder monitorear, analizar y evaluar las políticas públicas que se han puesto en marcha, pues al final de cuentas se trata de un servicio por el cual pagamos y que debemos recibir.

Como vemos, la forma en que se vive el proceso de diseño e implementación de una política pública es vital para poder medir su viabilidad y efectividad a mediano y largo plazo. Desde la identificación de los problemas, la definición de todas las alternativas posibles para enfrentar estos problemas, el análisis de las posibilidades y de sus consecuencias, hasta la decisión por aquella mejor alternativa, no hablamos de tareas sencillas.

Y en este proceso intervienen diversos actores, los llamados "stakeholders", quienes van a luchar en todo momento, y muchas veces con los suficientes recursos, para que sus visiones e intereses no queden fuera de la toma de decisiones.

Si bien es cierto que en los países del tercer mundo el arte de diseñar políticas públicas efectivas no ha tenido el desarrollo esperado, muchas de las reformas a los sistema políticos han ido apuntando al reconocimiento y consagración de una amplia gama de derechos sociales, económicos y culturales, lo que implica que se van creando nuevas obligaciones y prioridades en los procesos políticos de toma de decisiones.

Sin embargo, y tristemente nuestro caso, en la concreción efectiva de estos derechos, por medio de las políticas públicas, ha mediado el clientelismo, la corrupción y el abuso de poder. Al final, se hace lo que le conviene a un grupo, y no a la mayoría.

Como señalaba en mi artículo anterior, el populismo como política pública, se ha impuesto al diseño racional e informado de políticas que respondan a las necesidades reales de las y los ciudadanos.

Quizás este sea un modelo de hacer políticas públicas, pero definitivamente no es el modelo que nos va a sacar del subdesarrollo y del atraso en el que hemos estado sumergidos, ya por tantos años.