La voz del Consejo Regional de Desarrollo (CRD)

La confraternidad, el amor y el bienestar social

Por Ysócrates Peña Reyes

Un corazón puro, equilibrado, lleno de compasión, hablar la verdad, y usar el cuerpo y la mente para dedicarse al servicio de los demás son las cualidades sublimes que necesariamente deben primar en todo ser humano, a fin de enrumbar nuestras familias y  la sociedad hacia un rumbo que las dignifique y reivindique.

Por ello es que en nuestras vidas debemos procurar que el amor y el servicio representen la misma verdad, por ser dos valores esenciales que constituyen  alas  que sin su  ayuda  no sólo no será imposible alcanzar un real bienestar y felicidad personal, sino también el  de la colectividad a la que pertenecemos.

Si nos ponemos al servicio de los demás ensancharemos nuestros corazones, destruiremos el egoísmo y estableceremos la paz que necesitamos,  dando razón de ser a la paternidad de Dios y la unidad espiritual que requiere el hombre y la mujer para conquistar los cambios y la sanidad que urge toda la humanidad para erradicar los males que le corroen y destruyen.

Dichos cometidos nos obligan a todos sin excepción, a convertir el amor en el don humano que  sea el impulso básico de todas nuestras acciones, compartiendo el mismo con los demás sin egoísmo, por ser  este antivalor el engendrador de los males que no nos  permite crecer y  nos arroja  en el abismo de la infelicidad, la insensibilidad, la corrupción y la frustración.

Al tomar el amor como nuestro norte, rejuvenecemos, por tener la oportunidad de sentir  lo beneficioso que es vivir a plenitud en la práctica del  perdón y el bien,  dado que al sumergirnos en el dar y el perdonar,  logramos  tener confianza en sí mismos y alcanzamos, llenos de gozo y alegría,  nuestras pequeñas y grandes metas.

Por tanto, la alternativa final es la vocación de servicio que debe primar sobre todas las cosas en nuestro entorno social, la cual debemos llevarla a cabo, no para satisfacer nuestro ego ni para impresionar a otros, sino como una ofrenda a Dios y a la sociedad que nos vio nacer, quienes además de mirar y juzgar todas nuestras acciones, nos invitan a escoger un rumbo que nos convierta en seres humanos más felices y realizados.

Que esta época de navidad y nuevo año, sea una ocasión propicia y un punto de partida para una mayor solidificación de los entornos sociales a los que pertenecemos, por medio del cultivo efectivo del servicio a los demás, el cual  Dios ha puesto a nuestra disposición como una opción posible por ser una práctica fecunda del amor y una herramienta necesaria para la plena felicidad y realización del hombre y la mujer.

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