Arquitectura y energía

La Bauhaus: Una luz muy potente, un referente para la actualidad I

Por Juan C. Sánchez González

En 1919 en la ciudad alemana de Weimar, se funda – con Walter Gropius a la cabeza-  la escuela de diseño Bauhaus que más tarde, en 1926, se traslada a la ciudad de Dessau.

Pasada la primera guerra mundial, la sociedad mundial recobraba su incontenible curso ascendente hacia el desarrollo,  que se manifestaba – como no podía ser de otra manera - en diversos campos del diseño, la ciencia y la tecnología.

Con su idea de que el oficio creativo debía englobar tanto la parte de diseño, como el trabajo directo del creador, Gropius situó a la Bauhaus en un punto de equilibrio perfecto entre el ejercicio creativo y la ejecución en taller del artista/técnico.

La Bauhaus vió como director a Ludwig Mies van der Rohe en la etapa en que el Nacional Socialismo decidió cerrar sus puertas por temor a que la filosofía de la escuela fuera una luz más allá de sus intereses. La fuga de cerebros se produce en dirección hacia la libertad creativa que representaba Estados Unidos.

En cierta medida la idea, la mística general de la Staatliche Bauhaus (da igual que fuera la de Gropius o la de Mies), sigue estando vigente en sus principios… o por lo menos en los que como observadores preferimos ver desde nuestra particular óptica y hacer la reinterpretación debida.

El creador (en nuestro caso el arquitecto) debe entrar en contacto con el estado de la técnica desde una fase muy primaria. La primera etapa de su trabajo creativo  es la investigación, toda vez que quiera hacer algún aporte más allá de repetir fórmulas comprobadas.

En el caso de Gropius éste planteaba en el contexto de formación de la Bauhaus: “…fue entonces cuando caí en cuenta de la importancia de la obra del arquitecto de este tiempo…” para luego seguir agregando: “…era preciso trazar un nuevo alcance para la arquitectura…”

La arquitectura de hoy, o más bien los arquitectos, son los actores protagónicos de los cambios que deben efectuarse sobre la manera de hacer las cosas. La tecnología en la industria de la construcción debe llevar el sello de la arquitectura al servicio de la sociedad, sin  fisuras y con un compromiso claro con las demandas actuales para el contexto en el que nos ha tocado vivir.

Cualquiera podría decirnos que es así, que todo avance tecnológico que se constata en el campo de la construcción está comprometido con un servicio nítido a la sociedad. Nosotros responderíamos con un sí condicionado a unas cuantas preguntas y respuestas previas… y desde luego, siempre desde nuestro particular punto de vista:

¿Está el arquitecto involucrado en los procesos creativos, ya no como el artesano de la Bauhaus con sus propias manos, pero sí en el estudio del estado de la técnica como antesala a la propuesta de solución constructiva?

¿Aporta el arquitecto su cosmovisión para el planteamiento de mejores alternativas de diseño y composición constructiva?…o cabría preguntar: ¿Está actualizado en su formación para afrontar los nuevos desafíos que plantea el ejercicio responsable del oficio de proyectar?

¿Somos conscientes, los ciudadanos de este tiempo, de las verdaderas necesidades energéticas de nuestra sociedad actual y de nuestra sociedad a cincuenta años vista?

¿Estamos todos los posibles actores de cambio en actitud proactiva, de cara a una mejora en la calidad de vida o por lo menos al mantenimiento de estándares óptimos?

Podríamos continuar haciendo derivaciones de las mismas preguntas y el planteamiento de otras en torno al mismo tema. La verdad es que las respuestas a estas preguntas las puede intuir el lector con facilidad; de todos modos nos comprometemos a intentar responderlas la semana que viene.

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