Opinión

La “amenaza” de Jesucristo: “a los pobres siempre los tendréis con vosotros”

Un presupuesto realmente comprometido a luchar contra la privatización de los derechos y que fortalezca el sistema de salud pública, que garantice que la diferencia entre la vida y la muerte no sea el dinero. Que saque la vivienda del mercado y pueda hacer realidad ese derecho de habitar para ese 70% de la población que reside en viviendas con déficit habitacional.

Por Jenny Torres

Desde el año 1982 se ha establecido el 17 de octubre como el “día internacional de la erradicación de la pobreza”. En 2020 contamos 38 años haciendo llamados y creando campañas que, si bien son importantes para mantener la mira en el centro del problema, no acaban de sembrar la necesidad de combatir la causa estructural: la generación de riqueza.

Evangelizados como hemos sido, a fuerza del “amor” del cañón, pareciera que el mundo se resignó ante la amenaza de Jesucristo: “Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros; y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis”, Marcos 14:7. Es como una resignación bíblica que ha sembrado que la pobreza “ES” y no que se crea. Y así, el mandato de “les podréis hacer bien” ha sido interpretado como la asunción de caridad que establece esa jerarquía entre ayudador y ayudado, manteniendo muy clara esa frontera, esa distinción y ese “distanciamiento social” y económico eterno.

Pobreza

La más reciente encíclica papal FRATELLI TUTTI, hace una interesante afirmación que bien le cabe a esa forma ridícula que se ha adoptado para “reducir la pobreza”:

“no se puede abordar el escándalo de la pobreza promoviendo estrategias de contención que únicamente tranquilicen y conviertan a los pobres en seres domesticados e inofensivos. Qué triste ver cuando detrás de supuestas obras altruistas, se reduce al otro a la pasividad”.

Siguiendo ese mandato bíblico, los propios organismos internacionales han promovido la institucionalización de la caridad disfrazada de tarjeta bancaria (los famosos programas de transferencia condicionada) entregada a “individuos-as entresacados-as” (focalización individual que nos cuesta sacrificios presupuestarios cada vez) [1], sumando la continua estigmatización, que siempre busca encontrar al “rey de los pobres” para gratificarlo con una transferencia mensual, obtenida por méritos diversos que van desde:

  1. Ser el más pobre entre los pobres
  2. Tener una edad “x” y estar en un curso “y”
  3. Haber tenido la osadía de envejecer pobre
  4. Cualquier “novedad” que se le ocurra a la dirección de turno del Gabinete de Políticas Sociales.

Esa transformación de las Políticas Sociales, que se ha convertido en “trending topic” en América Latina y El Caribe, adquiere cada vez más ese tinte minimalista, que persigue únicamente la sobrevivencia de las personas y retira la visión de ejercicio de derechos, aumentando los espacios al mercado en el proceso de realización de los derechos fundamentales.

En este contexto tan adverso en el que se encuentra la humanidad, en donde muchas personas han apostado a que “seremos mejores después de la pandemia”, el tren del desarrollo no parece doblar. Así como CEPAL anuncia que tendremos nuevos pobres, Oxfam nos alerta de que “desde el inicio de los confinamientos, a mediados de marzo, la riqueza de las personas multimillonarias de la región ha crecido un 17%, lo que equivale a 48,200 millones de dólares”. ¿Paradójico? No, es el “saludable” intercambio mercantil que siempre ha funcionado así. La pandemia no nos hace mejores, la pandemia simplemente confirma y ratifica las relaciones inequitativas que rigen las fuerzas del mercado, y eso no lo ha podido detener 38 años de conmemoración del día internacional de erradicación de la pobreza. En este mismo periodo de pandemia “han aparecido 8 nuevos multimillonarios en la región”, es decir uno nuevo cada dos semanas.

Resulta interesante el llamado del Papa Francisco en la citada encíclica FRATELLI TUTTI de este innombrable 2020: La encíclica cuando hable del significado de la palabra solidaridad expresa:

“también es luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales. Es enfrentar los destructores efectos del Imperio del dinero. […] La solidaridad, entendida en su sentido más hondo, es un modo de hacer historia y eso es lo que hacen los movimientos populares”.

Esa “lucha contra las causas estructurales” que plantea la encíclica supone re-interpretar la afirmación de Jesucristo (o adjudicada a), “a los pobres siempre los tendréis con vosotros”, asociado a su llamado a “hacer el bien”, como la solidaridad propuesta por el Papa que implica la ruptura estructural. Y esa ruptura tiene que atravesar varios elementos:

  1. La pobreza no es un estado natural.
  2. No es posible la eliminación de la pobreza sin cuestionar la producción de la riqueza
  3. Esa generación de riqueza escandalosa que produce pobreza, es posible en gran medida por un mercado laboral que atrapa el bienestar de la mayoría de la población: sin el establecimiento de reglas claras que privilegien la producción de bienestar “siempre habrá pobres entre nosotros”

En República Dominicana, de acuerdo con las cifras arrojadas por la Tesorería de la seguridad social, en el año 2019, sin pandemia, apenas un 22.99% de las personas que trabajan y están registradas, ganaban más de 25 mil pesos. ¿Frente a qué clase de mercado laboral está la República Dominicana? ¿Qué clase de bienestar se consigue en un país con tantas deficiencias en los servicios básicos?

 

En el año 2020, la pandemia llegó a recrudecer la miseria existente (¿de qué otra forma se puede llamar cuando el 77% de la población registrada en la TSS gana menos de 25 mil pesos?). Sube a un 25.28% quienes ganan más de 25 mil pesos a costa de la pérdida de 280 mil empleos.

#AcabarConLaPobreza no puede seguir centrándose en aumentar personas beneficiarias en el programa de solidaridad. Tiene que pasar por un proceso de acción conjunta y simultánea que fortalezca los servicios fundamentales (Salud, Educación, Vivienda Digna que incluye agua, electricidad, sanitario, etc.; Deporte, entre otros) bajo una mirada universal. Es decir, debemos construir un diseño de Políticas Sociales que revierta los procesos de privatización de los derechos fundamentales e ir consolidando la garantía de la producción de la vida para todos y todas. Y a la vez el diseño e implementación de Políticas Económicas orientadas a fortalecer la producción sin fines de acumulación grotesca, de manera que el mundo del trabajo se convierta en esa extensión de la realización de la vida que siempre debió ser y que produzca bienestar en vez de pobreza.

El ojo para #AcabarConLaPobreza debe estar sobre el turismo, el sector financiero, la construcción, zonas francas, etc. Sectores que aportan al crecimiento del PIB produciendo riquezas pero que no se corresponden con las condiciones de protección y bienestar de sus trabajadores y trabajadoras.

Las condiciones para emprender un camino hacia el cambio y el verdadero compromiso con las personas que nacen, crecen, se reproducen y mueren en la pobreza, debe pasar por una demostración clara de acciones, más que de palabras solemnes. Esperamos ver señales a través de:

  1. Reorientación del Gabinete de Políticas Sociales hacia lo que realmente debe ser, recuperando su misión de ente que garantice la acción conjunta de las instituciones que ejecutan derechos fundamentales.
  2. Un presupuesto realmente comprometido a luchar contra la privatización de los derechos y que fortalezca el sistema de salud pública, que garantice que la diferencia entre la vida y la muerte no sea el dinero. Que saque la vivienda del mercado y pueda hacer realidad ese derecho de habitar para ese 70% de la población que reside en viviendas con déficit habitacional.
  3. Una avanzada orientada de recuperar la educación del tránsito en donde está sumergida, atada de una forma que no logra reducir las brechas entre los estratos poblacionales. Hay que extirpar las intromisiones de las fundaciones y grupos privados que tienen influencias en las decisiones del ministerio al más alto nivel. El 4%, esa conquista de la población dominicana, tiene que servir para impulsar una educación pública, gratuita y de calidad. Que deje de reproducir la exclusión y la desigualdad.
  4. Un compromiso con la revisión de la línea de pobreza definida como indicador para “contar pobres”, que construye un ingreso ficticio de las familias y establece una línea de miseria.  Esta vara más que evaluar pobreza, plasma una línea de cuasi muerte dentro de la que apenas se sobrevive.
  5. Debe eliminarse la duplicación de gastos que hace el Prosoli (84 millones en 2020 para la encuesta del Índice de Pobreza Multidimensional) para medir por su lado la pobreza, usurpando acciones de la ONE y del Mepyd.
  6. Una discusión integral sobre producción y mundo del trabajo que supere el revisionismo del código laboral con la pretensión de regatear derechos adquiridos. El mercado laboral tiene que dejar de ser un instrumento de acumulación para un pequeño porcentaje de la población y debe orientarse a una generación de bienestar que supere el canal de sobrevivencia que es hoy día.
  7. Una ampliación de la participación, real y efectiva de los sectores empobrecidos. Basta ya de espacios con  los seres que se entienden “superiores”, que se entienden dueños de lo público y dan pie a contubernios y procesos de corrupción que termina afectando a la gente más empobrecida.

Acabar con la pobreza, como bien dice la encíclica papal, pasa por dejar atrás la caridad como política social, cuestionar las estructuras de acumulación y sacar del mercado los derechos de la gente. De no ser así, seguirá cumpliéndose la “amenaza” de Jesucristo y siempre tendremos pobres entre nosotros. No habrá forma de exiliar el “pecado” porque seguiremos siendo productores de infiernos que condenan en vida a la mayoría de la gente.

Nota

  1. Por ejemplo, PROSOLI realiza desde que la entonces vicepresidenta Margarita Cedeño decidió que se tenía

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