Del sur

En aquel tiempo…

Por Guillermo Cifuentes

No fue nada fácil inscribir al bebé.

María y José discutieron largo tiempo acerca de si acaso no sería mejor ignorar el trámite, pero se impuso el pragmatismo de la madre cuando sentenció: “No es verdad que voy a criar como irregular al hijo de Dios”.   José, luego de algunas horas, agotó argumentos como la “cosa está dura”, “pero María, ahora mandan los más malos”, hasta que, para evitar el divorcio, concluyó diciéndole: “Tú estás malcriando al niño. Falta que crezca y comience a ser amigo de los samaritanos, quiera convertir al bien a Zaqueo y bendiga a los pobres”.

Y salieron los dos con el niño en busca de la oficina donde al llegar tuvieron la sensación de que los estaban esperando.

La primera pregunta fue acerca del lugar de nacimiento y su respuesta , “en el pesebre” (algo parecido a un batey), la anotaron con desgano.

¿Nombre del niño? “Jesús”.

“¿Y ese nombre? Debiera ponerle otro, con ése nombre es difícil que después se consiga la cédula, ¿de dónde lo sacó?”

“Me lo dijo un ángel” contestó la madre.

“Anjá… Me lo sospechaba.  Supongo que usted es de esos grupos de “locos viejos” que están esperando al Mesías. Los tenemos anotados a todos para deshacernos de ellos. El gran rey del tribunal encontró la forma.” ·

“Está bien.  Ya que insisten, se llamará Jesús.”

“¿Nombre del padre?”

“Dios”.

“¿Tiene su partida nacimiento?”

“Perdón” -respondió María- que se había distraído observando que la camiona se estaba parqueando en la acera de enfrente.

“Si no está la partida del papá del muchacho, va a tener que registrarse en el plan.”

“Bueno, señor, eso haremos” -respondió la atribulada madre.

Ahí intervino José, siempre despistado, y preguntó al funcionario si ayudaría rezarse un rosario.

El funcionario contestó afirmativamente: “Sí claro, a condición de que el rosario sólo lo recen.  No queremos violencia”.

Como a José nunca le bastaba con un  despiste, preguntó si no existiría alguna veeduría para casos como éste, y añadió: “a veces hasta caer en manos de los fariseos ayuda”.

La respuesta del oficial no ayudó mucho: “Le tenemos veedurías, comisiones, mesas de trabajo y al inefable, pero te aseguro que el Jesús ése se va, sabemos que está escrito que lo van a sacar de aquí, pero si lo agarramos no lo vamos a deportar. Le tenemos otra medicina”.

En aquel tiempo, José y María alcanzaron a enterarse de que una comisión que llegaba de más allá del Mare Nostrum podría ayudar, pero lo único que consiguieron saber es que era la única comisión en mucho tiempo que no estaba presidida por el inefable. Igual huyeron en camello y hasta en yola, pues el personaje ése había conseguido lo anunciado por un profeta sureño: “Los que dicen no me quiero pelear con nadie, terminan defendiéndose de los buenos y de los malos”.

Por suerte, porque cuando comenzó la matanza, ya la familia se había puesto a salvo, pues no creyeron en que no habría extradiciones. El rey por esos días, había dejado claro que en verdad no era rey y pasaba los días haciendo lo que hacen los que no son reyes: lavarse las manos. Ni en el Bonó avisaron del viaje, pues se decía que el dinero de los pasajes se lo dieron unos reyes extranjeros. Los mismos que financiaron el retorno del exilio de los tres y pusieron los ¨cuartos” para publicar las Bienaventuranzas: “Felices ustedes si los hombres los odian, los expulsan, los insultan y los consideran unos delincuentes…”

Palabras y ejemplos que insisten por siglos en que debemos vivir de forma tal que nos confundamos en uno y mil abrazos.

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