Desde la Comunidad

El hombre y la mujer de Estado

Por Rafael Nino Féliz

Empezaré diciendo que el título de este artículo nos honra, porque -como un acto altamente merecido- colocamos en el mismo plano a la mujer y al hombre. No podrá haber hombre de Estado sin la mujer también de Estado. Nunca hubo una época tan propicia como la que estamos viviendo para hacer justicia frente a la mujer. Esta dos palabras en singular, la mujer, para referirse al género, han tenido para mí, desde la juventud, una fuerza vigorosa para remitirnos, emocional y mentalmente, a un colectivo pujante e invencible por su propia naturaleza.

Todo gobierno está cercado por múltiples circunstancias en las que la economía y la política constituyen los elementos fundamentales para el éxito o el fracaso. El manejo de estos dos factores, ambos de común mención o referencia en los medios de comunicación en la vida diaria del diálogo popular y cotidiano, es altamente complejo y delicado por las implicaciones intrínsecas que ambos factores tienen. Economía y política no sólo deben producir bienestar para los seres humanos de una nación, sino que deben producir un equilibrio para la estabilidad social.

Los negocios, en su existencia, tienen vocación a la quiebra; el verso, a la fuga; la política y la economía tienen, misteriosamente, vocación a la crisis. Todo gobierno habrá de manejarse, al conducir los asuntos de Estado, tomando decisiones equilibradas y pertinentes para evitar afectación en la vida económica y política de sus respectivas naciones. Tan inherentes son las crisis a los sistemas políticos, que no importa el tamaño y el poderío de la nación. Se puede saltar del poder por una determinada crisis desde una pequeña isla de un continente cualquiera hasta de la potencia más grande del mundo.

Las crisis de los gobiernos se producen por errores que, a diferencia de los laboratorios de las ciencias exactas, los políticos desde el poder no pueden ensayar nuevamente para corregirlos, pues el vacío político y social que causan sus decisiones no tienen posibilidad alguna de practicar el ensayo/error y repetirlo, porque ésto sólo es propio de las cosas exactas y no de las ciencias sociales. El error político te lleva a dejar el palacio para marcharte a tu casa, a la cárcel o a la otra vida. El político que crea que el poder lo puede todo y le asegura eternidad inmerecida, fracasa como simple mortal en su mundo de vanidades, maldades, ilusiones demenciales y locuras.

El Watergate se llevó a Nixon amortajado en su propio funeral sin que él advirtiera rápidamente en unos segundos el tamaño de la tragedia que lo sepultaba para siempre. ¿A qué distancia estamos del próximo abismo? Nadie lo sabe. Sólo Dios!

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