Mis sueños son sencillos

El Santo Padre

Por Aura Celeste Fernández R.

Desde que fue elegido el Papa Francisco hemos sentido un profundo alivio y no tan sólo los que somos católicos, sino todo los creyentes de cualquier tendencia religiosa.

Inicialmente nos llenó de júbilo el hecho de que fuera un latinoamericano, pero lo más importante ha sido los cambios que ha protagonizado desde que fue elegido. Su primer discurso nos hizo albergar la esperanza de que iba a ocurrir un significativo cambio en la Iglesia Católica. Y así ha sido.

El Papa Francisco desde que inició su gestión ha modelado un ejemplo de la humildad sin precedentes. También ha mandado el mensaje de no rivalidad con otras confesiones religiosas, lo que ha contribuido a suavizar la crispación que de alguna manera se ha estado gestando entre católicos y protestantes.

El Papa Francisco ha tomado medidas drásticas para acabar con la corrupción que penetró desde hace mucho tiempo, las altas esferas eclesiales, sobre todo en la administración del patrimonio de la sede apostólica  y sus instituciones económicas.

El Papa Francisco ha demostrado al mundo que tiene la voluntad de acabar con las serias inconductas de sacerdotes de la Iglesia Católica y que per secula seculorum han sido mantenidas en el silencio más absoluto y por consiguiente, en la impunidad.

El Papa Francisco ha demostrado al mundo que no es de línea conservadora sino que desea abrir la iglesia al mundo para que la gente renueve su fe y su confianza en una institución que no debe apañar las actuaciones humanas incorrectas y que debe ser un modelo de transparencia, espiritualidad y valores.

El Papa Francisco se acerca a la gente, visita a los humildes, no le teme estrechar su mano a un mendigo o a un niño de una fabela o de una cárcel. Ha sido capaz de lavar los pies a adolescentes condenados por crímenes y bendecirles. Rechaza los oropeles. Tan sólo utiliza lo fundamental del protocolo.

Pero lo más impresionante ha sido su discurso en Río de Janeiro en el Celam, ante cuarenta y cinco obispos de América Latina. Allí expresó frases que aún retumban en nuestros oídos: los obispos deben conducir el rebaño y no mangonearlo; tienen que ser pastores cercanos a la gente, sencillos y austeros; deben ser hombres que no tengan psicología de príncipes y no ser ambiciosos; deben ser padres y hermanos con mucha mansedumbre, pacientes y misericordiosos; hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad ante el Señor, o la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida.

Cuán necesaria ha sido la llegada del Papa Francisco en esta coyuntura de la vida. Cuánto necesitaba la iglesia un Papa que instruyera a sus obispos a que sean humildes y vivan en la humildad y que den ejemplo de austeridad y sencillez al pueblo.

Cuánto necesitan nuestras gentes, sobre todo las más humildes que sus curas compartan con ellos el dolor, la pobreza, la injusticia social, así como lo hacen los hermanos pobres de San Francisco de Asís.

Nuestros pueblos necesitan ejemplos de humildad y solidaridad plena y quiénes mejor para darlos que los obispos y los sacerdotes?

Nos satisface profundamente que el Papa Francisco ha mostrado tolerancia y comprensión con los homosexuales, que se sintetiza en su expresión que le ha dado la vuelta al mundo: Quién soy yo para juzgar a un gay si tiene buena voluntad y busca de Dios?

Asimismo expresó con mucha contundencia: Los pecados se perdonan, los delitos no.

No hay duda que el Papa Francisco ha iniciado un cambio profundo en la Iglesia Católica. Todavía resuena su llamado a los jóvenes, a que hagan líos, a que salgan a las calles, a que luchen por la justicia, contra la corrupción y contra la impunidad.

Santo Padre, Ud. está reviviendo la esperanza en nosotros. Dios le bendiga!

 

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