Espectador comprometido

El gran salto hacia atrás

Por Carlos Julio Báez Evertsz

Parece ser una constante histórica que los pueblos tienen una memoria corta, que sufren fenómenos de amnesia, generalmente inducida, y que todo ello les lleva a sufrir enormes perjuicios en sus vidas.

Uno de los gigantes de los estudios culturales, Raymond Williams, definía la cultura como una relación vital que se expresa en los conceptos sobre la naturaleza de las relaciones sociales. De manera que las pautas de comportamientos y los valores permean la conciencia colectiva de los ciudadanos.

Hace unos años la misma se expresaba  en una aceptación por los partidos políticos de esa conciencia colectiva que era mayoritariamente favorable a lo que representaba el llamado Estado de Bienestar. Y por tanto, se sentían obligados a desarrollarlo y a promoverlo. A finales de los años 70 y los años 80, con Margaret Thatcher y Ronald Reagan, hubo un punto de inflexión y los valores comenzaron a ser otros.

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Asistimos a un desmontaje de lo adquirido entre 1945 y finales de los años 70 del siglo recién pasado, las instituciones, valores, y políticas del Estado de Bienestar

La omnipotencia de los mercados desregulados y el Estado  dedicado a los asuntos del orden público y la guerra exterior. Las políticas sociales, la sanidad, la educación, el sistema de seguridad social, todo debía privatizarse o ir hacia ello.

Fue el fin de una sociedad que buscaba, aún dentro del capitalismo, una cierta conciliación entre este y la democracia, o si se quiere decir de otra manera, entre creación de riqueza y establecer mecanismos de justicia social a través de la redistribución social de la renta.

Desde esos años los valores que predominan son los del that- cherismo y el reaganismo con o sin matices. Y ello ha conducido a la predominancia y control de las empresas capitalistas financieras, y de las grandes corporaciones transnacionales, sobre la vida de los hombres y mujeres comunes. Por ello asistimos a un desmontaje de lo adquirido entre 1945 y finales de los años 70 del siglo recién pasado, las instituciones, valores, y políticas del Estado de Bienestar.

Ken Loach es un cineasta del Reino Unido que tiene tras de sí una larga producción cinematográfica de las que recordamos “Lloviendo piedras” Ladybird”, “Tierra y libertad”, “Mi nombre es Joe”, “La cuadrilla” y “La parte de los ángeles”, entre otras.

En todas ellas se nos muestra como un director que refleja las vicisitudes de la clase trabajadora y, por ende, no es un director de películas  del llamado “entretenimiento” sino de obras de reflexión. A veces son un golpe a la inconsciencia con que nos planteamos la vida cotidiana, como unos sucesivos pasos de la intrascendencia a la frivolidad.

Obviamente, su cine no es para burgueses y pequeños burgueses satisfechos y muchas veces descerebrados, que se tornan rabiosos si se les muestra algo que les concite un asomo de duda sobre sus vidas. Y no añado, ni para obreros o trabajadores estupidizados, porque esos, muy probablemente –al menos en muchos países-, no tienen ni siquiera la mínima oportunidad de ver sus películas.

Pues bien, su última película titulada “El espíritu del 45”, es para mí una obra maestra del cine que se puede denominar- por un no especialista en cine, como es mi caso-, una obra documental o casi. En ella el autor parte del Reino Unido de los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cuando ese país, como todo el mundo sabe, sufrió los bombardeos de la Alemania Nazi, y como se enfrentaron como un bloque unido nacional al nazismo (aunque hubo pequeños grupos nazis en el RU).

Expone Loach el esfuerzo de guerra, la incorporación masiva de la mujer a la industria de producción de armamentos, y de todos los productos que la logística de guerra requería. Como, siguiendo la frase famosa de Churchill, el pueblo  dedicó su “sudor, sangre y lágrimas” para hacer la guerra.

Y como, al lograrse la paz, y pese a los esfuerzos de Churchill por tratar de contrarrestar las ideas participativas e igualitarias que la guerra había propiciado, que le llevó a distribuir decenas de miles de ejemplares del “panfleto” anti socialista y anti keynesiano de Hayek, “Camino de servidumbre”, para tratar de frenar la ola hacia una sociedad más justa e igualitaria, que el partido de los socialistas británicos propugnaba. Pese a ello Attle y el Partido Laborista, es decir, el partidos de los trabajadores, ganó ampliamente las elecciones.

Eran tiempos en que los políticos tenían otra entidad. No se trataba de la banda de insolventes, de farsantes, de oportunistas trepadores,  y de “empresarios” dedicados a hacer dinero a través de los cargos públicos, que pueblan en estos tiempos el “campo” de la política, degradándola y hundiéndola en el descrédito. Aunque sin duda hubiera alguno de ellos en todos los partidos.

Los socialistas en el poder a partir de 1945 nacionalizaron los grandes servicios, como el agua, la electricidad, los transportes, establecieron un Sistema Nacional de Salud Pública universal, establecieron un Plan de Viviendas para los trabajadores. En fin, dignificaron la vida de la clase trabajadora y crearon caminos, no para la servidumbre, sino para un ejercicio real de la libertad y para una ampliación de la democracia.

Lo significativo, desde mi punto de vista son las entrevistas de la película con médicos, enfermeras, sindicalistas,  mineros, con simples trabajadores, que narran sus vidas cuando niños, que era tan miserable como puede ser hoy la vida de cualquier marginal, u obrero, del tercer mundo, en otro contexto. Con la diferencia que el Reino Unido era el mayor Imperio existente, con Australia, Nueva Zelanda, Canadá, India, grandes dominios en Asia y África y hasta en el Caribe.

Como exponen muchos de los entrevistados: las ganancias y beneficios de la explotación de todas esas riquezas iba a parar a una ínfima minoría. Nuestras vidas eran de miseria denigrante y de escasez. El socialismo, el Partido Socialista, nos cambió la vida.

La idea central era la propiedad colectiva, dónde la producción y los servicios beneficiaran a todos. Que unos pocos no acumularan toda la riqueza para sí a costa de los demás, ese era –dice Ken Loach- el espíritu de 1945. Y agrega, hoy quizás sea el momento de recordarlo.

Un hoy que, después de que la Thatcher privatizara la mayor parte de los servicios públicos, que se desmontara el sistema nacional de salud, ha mostrado que no se ha traducido en mayor bienestar para la gran mayoría.

La sociedad del Reino Unido es menos igualitaria que entonces, y con peores servicios de Salud, pese a que sea hoy uno de los mayores mercados de capitales,  y como “primo”, con una relación privilegiada con los EE.UU., goce de los privilegios de ser el socio aquiescente de todas las maniobras bélicas y corporativas, y obtenga por ello, beneficios tangibles, pese a lo cual, tiene un déficit social importante.

Lo que pretende Loach  con su película es exponer la memoria de esa época, de dónde venimos, lo que se logró, y por quienes, y que hoy, pese al lavado colectivo de cerebro existente, y la generalización de la idea colectiva de que “frente a esto, nada podemos”, si se puede luchar y obtener otra manera de gestionar la economía y la sociedad, y tener otros tipos de gobiernos y de gobernantes.

¿Utopía de gente incansable e irreductible a los cantos de sirena del capitalismo depredador e inhumano? Quizás. Como decía Pirandello: “Así es, si así os parece”.

Torrelodones, 28 de octubre de 2013

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