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Educación: Pactos y revueltas

Por Antonio Almonte

El pasado sábado 24 de agosto más de 20 mil maestros de educación básica agrupados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) invadieron la capital de Mexico, bloquearon durante mas de mediodía el acceso al Aeropuerto Internacional de Ciudad México y, finalmente, se dirigieron hacia el Centro Histórico para posarse y permanecer hasta el pasado fin de semana en la gran plaza del Zócalo y cuadras circundantes.

Esa revuelta magisterial es la respuesta a tres proyectos legislativos que fundamenta una polémica reforma educativa que impulsa el Gobierno de Enrique Pena Nieto.

Se trata de la nueva Ley General de Educación, la Ley del Instituto Nacional de Evaluación Educativa y la Ley del Servicio Profesional Docente (LSPD).

De aprobarse la LSPD los dirigentes magisteriales, que en la actualidad intervienen en el nombramiento, promoción y traslado de escuelas de los maestros, y la asignación de directores, supervisores y Asesores Técnicos Pedagógicos, pasarían a ser simples observadores de tales procesos. Esas decisiones quedarían como responsabilidad exclusiva del Gobierno.

El proyecto establece que la entrada de nuevos maestros, directores y supervisores se haga por concurso de oposición.

Además, se propone que los maestros y directores de escuelas se sometan  a por lo menos una evaluación cada ano y que en caso de reprobar tres evaluaciones consecutivas sus nombramientos serán cancelados sin ninguna responsabilidad para el empleador.

La reforma contempla otras medidas que afectarían la permanencia y estabilidad de empleo del maestro.

Ahora bien, este debate se inició a final del 2012 y el sindicato dice haber hecho múltiples propuestas  y se queja de que el Gobierno y los legisladores han despreciado sus sugerencias y sus derechos.

Mi visita a México ha coincidido con estos hechos y  me ha llamado la atención  que la gran prensa y los voceros del Gobierno denominen Pacto por México a propuestas que, en el caso de la educación, carecen de consenso mínimo con  gran parte de los maestros.

Al leer el cuerpo completo de las propuestas me parece que las iniciativas de reforma de Pena Nieto están bien orientadas, aunque un poco intransigentes, y, posiblemente, la falta de una adecuada estrategia para su aprobación y aplicación podría estropear su efectividad practica y complicar el clima político- social de México.

Estas experiencias deberían ser examinadas con atención por los responsables de logar un  pacto  por la educación  en la Republica Dominicana.

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