La columna Estriada

De Arquitectura y otros oficios…

Por Emilio José Brea García

Las justificaciones de las existencias siempre serán tangibles. Vemos pasar el tiempo, en un discurrir de sucesos, acontecimientos y ocurrencias que manchan, que dejan escozores, que duelen, que alegran, que encantan y que obligan a la memoria a registrar y recordar… Pasa la vida, va pasando al fragor de labores que hacen olvidar en ocasiones, fechas que no pueden dejarse pasar desapercibidas. Por eso anticipo… En enero, creo que el 27, Eugene Emmanuel Viollet-le-duc estará cumpliendo su bicentenario de nacimiento. No sé, pero las universidades debieran recordarlo reconociéndolo, resucitándolo, regresando a memorizar sus trabajos enconados y controvertidos, en una práctica racionalista que hizo historia en Francia porque desdeño la tendencia preciosista de las Bellas Artes y prefirió buscar en el pasado arqueológico las bases ciertas de la arquitectura medieval y de otras épocas menos distantes. Pero quizás sea demasiado pedirle a las academias de altos estudios que se enfrasquen en temas de esa naturaleza. Es tanto lo que necesitamos en RD…

Por ejemplo en materia de conmemoraciones, la Sociedad de Arquitectos de la Republica Dominicana estará cumpliendo (el 2 de marzo) 20 años. Y será fecha de elecciones, de rendir informes, de pasar revista, de consolidarse o desmoronarse… Toda la sociedad está envejeciendo. Pero lo peor es que la juventud no conoce ni le interesa el pasado, ni tampoco la historia. Aumento el numero de graduandos en las casi 30 universidades. En las 10 que tienen Arquitectura, pasa igual. Hay prisas en graduar y graduarse. Hay prisas en hacer los doctorados y las maestrías, pero no hay ni el menor rubor ni la pausa suficiente para evaluar sobre lo aprendido.

Hay profesionales muy capaces. Eso nos consta. A uno de ellos le pregunté un día si durante el entrenamiento académico a él y su grupo les habían mencionado a algunos de nuestros arquitectos del pasado que fueron afamados. A lo afirmativo siguieron los nombres de los responsables de esas menciones y  otro colega que estaba presente, agregó que a él apenas les citaron los nombres sin ahondar conceptos. Es más, el primero nos confeso que fue cuando el Grupo Nuevarquitectura había empezado sus acciones públicas en las editoras periodísticas de la capital dominicana, cuando entonces afianzó aquel colega sus conocimientos sobre los nombres y vida (además de obras) de los arquitectos “resucitados”

Lo que antecede es tema tratado en la década del setenta (70). Es decir hace 40 y un poco más o menos, años, que se empezó a saber sobre los nombres, vidas y obras de la gente que hizo las ciudades en años más remotos. Pero esa historia estuvo oculta por siempre. Era un estigma airearla. Citarla. Con razón a mi grupo nunca le mencionaron ese pasado.

Me refiero al de al Basílica y sus autores; el del Hotel Mercedes; el del Monumento de Santiago; el de El Faro a Colon; el del Copello; el del Parque Infantil Ramfis; el del Palacio de Justicia; el del Jaragua, el del conjunto de la Universidad Autónoma de SD; el del conjunto de “La Feria de la Paz” y así, las historias de un apreciable monto de autores, de vidas y obras, se nos había ocultado porque estas habían discurrido dentro de los avatares de la dictadura de Trujillo. Lo que si se nos enseñó fue todo lo que era europeo y norteamericano con algunas menudencias japonesas… Pero ni de Latinoamérica se nos hablaba.

Y la “enseñanza” ha seguido igual… Se cumplen los horarios, los calendarios, se entregan notas a tiempo, pero nadie razona, ni profesores ni estudiantes. Perdón, muchos estudiantes y profesores razonan, es cierto, ellos salvan la situación y son las excepciones, son los destacados. El resto hace el monton.

Las reflexiones están fuera de las aulas, acuden aterradas a los seminarios, mesas redondas y talleres, deben pasar por cortapisas, por cedazos conceptuales, por censurables criterios de enfoques que salen de determinados recintos universitarios o institucionales rumiando pareceres anacrónicos. Eso les permite conseguir los aplausos.

Son las gentes las que hacen a las instituciones, los que asumen responsabilidades deben dirigir o apartarse, deben dejar fluir la vida que necesita que se le inyecte a la cotidianidad educativa de los estamentos de altos estudios el sumun de creatividad, y sensibilidad social, técnica y tecnológica, que demandan los tiempos.

Quizás conmemorar a Viollet-le-duc en enero, sirva para despertar esa adormecida conciencia en arquitectura… (que conste que hay excepciones…)

 

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