América Latina ha dejado de ser  en los últimos años el continente por excelencia de los golpes de Estado militares pero eso no significa que la estabilidad política democrática, que incluye una alternancia normal, se haya instaurado de manera permanente.

Todavía asistimos a intentos de derrocar a gobiernos salidos de las urnas y aún ciertos sectores de poder tratan de imponerse a los gobiernos legalmente constituidos, por diversos motivos, o de permanecer en el poder, al margen de la legalidad.

La inestabilidad política no es causada solamente por los tradicionales poderes económicos fácticos, la llamada oligarquía terrateniente y empresarial a la que hay que añadir ahora la oligarquía financiera. Siendo en algunos países estos agentes sociales las mismas familias de siempre.

A éstas han venido a unirse los agentes sociales salidos de la acumulación lograda a través de fuentes ilegales, como el narcotráfico, el negocio del blanqueo del dinero de la droga y del tráfico de seres humanos (migraciones ilegales y prostitución), sino también los que han logrado su acumulación de capitales del tráfico de influencia con y desde el Estado y, los surgidos de manera directa de la apropiación indebida de los recursos públicos estatales.

De manera que la diversificación actual de agentes poderosos económicamente, algunos, como hemos señalado, que han obtenido sus ingresos y fortuna de fuentes legales (empresas, exportaciones, importaciones, actividades financieras lícitas, etc.) y, otros, que se han enriquecido de manera ilegal y delictiva, constituyen una división importante en el bloque económico que influye en los poderes establecidos, entre una burguesía "tradicional" o legal y, lo que justamente se puede calificar como, una lumpen burguesía o burguesía delincuente.

El relativismo cultural y moral en que vivimos, en el que los valores fundamentales que hacen que una sociedad suponga un proyecto de vida en común para sus miembros, se ve sustituido por un pragmatismo de lo inmediato o más aún, de lo instantáneo.

Ello hace que sea difícil ver –desde fuera-, si se produce un conflicto manifiesto entre estas fracciones del bloque de poder económico, ya que la red de negocios y finanzas crea alianzas tan imbricadas entre sí, que es harto complicado distinguir quién es quién, y más aún, quienes están o no enfrentados y por qué.

Los narcotraficantes –que usan el medio más rápido y masivo de enriquecimiento-, requieren de la burguesía legal para blanquear su dinero, y de ahí surge esa red social de bancos, empresas de la construcción, negocios de exportación, galerías comerciales, etc., que son empresas "mixtas", legales para unas actividades e ilegales para otras o por su capital de origen.

Únase a ello la vinculación con el Estado como Gran Protector de los negocios  de todo tipo que coadyuvan a los índices de crecimiento continuo del PIB y el enriquecimiento derivado de los políticos como contrapartida de hacer la vista gorda, de proteger y brindar "seguridad", apagar los radares oportunamente, dejar entrar determinados "containers" en los muelles e incluso de perseguir y eliminar a las bandas "rivales".

Ante este tejido social y los beneficios que se derivan del mismo es lógico entender las reticencias que existen en algunos países para que los presidentes y su cohorte se resistan a abandonar el poder y traten de utilizar todos los subterfugios legales  e ilegales para continuar.

Desde hacer  un "auto golpe", cambiar las leyes e incluso la Constitución para perpetuarse en el poder, pasando por hacer fraudes masivos en las urnas, así como, tratar de seguir a través de personas allegadas al mismo familiarmente, utilizando un "principio" monárquico o dinástico en nuestras repúblicas.

La permanencia en el poder ya no puede verse de manera angelical como el intento de querer seguir para continuar con  la estabilidad económica, tratar de concluir un proyecto político claramente explicado, o para el mantenimiento de un sistema social y político claramente diferenciado a favor de los más necesitados.

Se trata sin duda  de una empresa de personalización del poder con un fin dominante y excluyente a todo lo demás: permanecer en el poder para continuar la acumulación de capital, el disfrute de privilegios y, tener el goce vanidoso de disfrutar de los honores del cargo. Nada más y nada menos.