L'Osservatore Rominicano

Balcácer: De prestigioso historiador a panfletero clerical y sastre

Por Guido Riggio

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Antes de entrar en materia debemos decir que: una de las indelicadezas más grandes de Balcácer ha sido la de atreverse a lanzar estas mentiras sabiendo que a sus colegas de la “Academia Dominicana de la Historia” les bastará poner un ojo sobre este libro de marras para apercibirse de sus engaños y falsedades. Pero, sin poder echar para atrás, me atrevo a predecir que repartirá su panfleto con su “carita de yo no fui” a ver si le cogen pena y se abstienen de rebatir sus criterios de forma oficial y contundentemente.

No así los obispos a quienes escucho repetir como loros los falsos argumentos que le suministra el historiador Balcácer para tratar de lavar su iglesia y ocultar el peor de sus pecados: actuar contra la dominicanidad y perseguir a Duarte.

Denunciemos, pues, dos mentiras más de las muchas que aparecen en el panfleto clerical de Balcácer, “Duarte nunca fue excomulgado”. Tipifiquemos dos falacias o sofismas que utiliza para tratar de engañar a sus lectores comunes y sobre todo, a sus colegas historiadores que conforman una nueva directiva dotada hoy de una Lupa y sin Trabas que tendrá que ponerse a prueba y lidiar con elementos clericales muy comprometidos  (consejeros de Balcácer) con el proyecto de mantener la falsa idea histórica de que la Iglesia no actuó en contra de la dominicanidad y que jamás  difamó ni persiguió a Duarte, para evitar que la Academia Dominicana de la Historiase convierta en un Instituto Duartianocultivador de mentiras, en esta harapienta y vergonzosa sucursal que es del arzobispado de Santo Domingo.

Mentira # 7: < Que la Iglesia no tuvo participación alguna en la campaña de difamación contra Duarte >,utilizando el sofisma de la Alegación Tendenciosa o Escogencia Selectiva.

Mentira # 8: < “Que si la excomunión no tuvo efectos canónicos tampoco tuvo efectos políticos>, utilizando el sofisma de la Falsa Causa.

Veamos:

Mentira # 7

Para esta trampa Balcácer utiliza la Falacia de la Alegación Tendenciosa o Escogencia Selectiva: el error lógico que se comete cuando el expositor destaca el material que favorece su posición y procede a ignorar o a minimizar la información que pesa en contra de su tesis. Suele llamarse también falacia de la Supresión de Evidencias.

En este caso Balcácer escoge a sus perseguidores preferidos de Duarte y nos oculta el más malvado: el Vicario Portes; uno de los principales persecutores y difamadores de Duarte. Para su trama se dedica a minimizar sus acciones y destacar las de otros personajes: a Santana, a Tomás Bobadilla y al cónsul Saint Denys presentándolos como los grandes y únicos detractores de Duarte, tratando de minimizar las evidencias de las persecuciones que llevaba Portes contra Duarte (como vimos en artículos anteriores), las que culminaron con una carta política que el prelado llamó eufemísticamente Carta Pastoral dizque “anunciando la Independencia” ( 5 meses después, el 24 de julio de 1844) cuyo único propósito evidente y manifiesto era el de apoyar políticamente a Santana al declarar la excomunión de Duarte.

Todo para que el lector ponga su atención en estos tres personajes y creamos <Que la Iglesia no tuvo participación alguna en la campaña de difamación contra Duarte>

Lo hace en la sección que titula “Campaña contra Duarte”, sección del libro al que nos estamos refiriendo.

Para confundir, Balcácer nos destaca solo tres de los perseguidores de Duarte y nos oculta el cuarto: la Iglesia de Portes: el más contundente y trascendente de sus detractores pues, la Iglesia ejercía el más determinante y categórico de los poderes sobre el pueblo ignorante: el poder moral y espiritual que todos temían y respetaban: el de la fe y las creencias. La Iglesia, como representante el poder de Dios, con su Carta Pastoral puso en acción el gran control social que poseía, el miedo; lo usó políticamente contra Duarte y a favor de Santana, dejando al patricio estigmatizado como hereje y enemigo de la Iglesia, marcado como un infame en la conciencia colectiva de los dominicanos, excomulgado por desobedecer a Santana, políticamente desacreditado.

Balcácer actúa como un villano más de esos del Instituto Duartiano pues, conociendo la importancia de la Carta Pastoral, no solo trata de ignorar sus devastadoras consecuencias políticas a favor de Santana, sino que trata de adulterar su efecto canónico recurriendo a falaces argumentos, diciendo que la Latae sentencia ipso facto incurrendano es la excomunión automática con la que excomulgaron a Duarte. Sabiendo incluso que, independientemente de su validez canónica, su valor destructivo mayor fue el político, porque señalaba a Duarte como enemigo político de Santana y de su Iglesia, y lo peor enemigo de Dios.

Mentira # 8

En este caso el señor Balcácer recurre de nuevo al Sofisma de la Falsa Causa,tratando de establecer un falso vínculo de causa y efecto entre dos eventos, cuidándose de formular su tesis, dejándola muy difusa y oculta por saberla insostenible.

Trata de colar la falsa tesis de:

<Que si la excomunión no tuvo efecto canónico tampoco tuvo efectos políticos>

Con esto Balcácer trata de sorprender a los lectores incautos, proponiéndoles la falsa idea de que: si él demuestra que Duarte no fue excomulgado (causa) está demostrando también que la Carta Pastoral donde se “conmina con excomunión mayor” a “todo aquel” que contradiga los mandatos de Santana, no tuvo efecto político alguno ( consecuencia) porque, según su falsa propuesta: la Carta pastoral no contribuyó de forma definitiva y contundente en el triunfo de Santana contra Duarte y los trinitarios, porque, para ese momento, según Balcácer, “todo estaba consumado” y que aquel fue un evento clerical intrascendente que pasó desapercibido en el pueblo y que por lo tanto no perjudicó políticamente a Duarte.

El propio Balcácer sabe que esta propuesta es descabellada pues, la “amenaza de excomunión”, per se , fue una declaración de corte netamente política que procuraba efectos políticos por la vía religiosa, que era la verdadera intención de Portes, lo que según el Padre Sáez (como vimos), le fue pagado el favor ése por Santana al recomendarlo como arzobispo a Roma.

Balcácer, como nosotros, sabe que el “Recurso de la Excomunión” es un recurso político que desde siempre ha utilizado la Iglesia para neutralizar a sus enemigos políticos, a sus opositores, incluyendo a reyes y emperadores que han tenido que arrodillarse ante los papas para evitar que los excomulguen. La amenaza de excomunión equivale a una doble amenaza. Pero siempre es política pues, ningún pueblo quiere tener un gobernante enemigo de Dios condenado al infierno. Se amenazaba con excomunión automática (latae, pero no ferendae) a todos aquellos dominicanos que no obedecieran los mandatos de Santana, lo que precisamente hacían y continuaron haciendo Duarte y los trinitarios: desobedecer a Santana. El pueblo se sentía aterrorizado, pues, era sabido por todo cristiano que “quien se relacionaba con un excomulgado era reo del repudio de la Iglesia”, por lo que Duarte quedó políticamente liquidado.

Después de dejar establecidos estos dos tipos de engaños es necesario hacer algunos comentarios

Comentarios al margen

Decía al inicio que no dudaba de que Balcácer se apresurara en regalarle un ejemplar de su libro a cada uno de sus compañeros de la Academia Dominicana de la Historia para comprometerlos, a ver “si le cogen pena” y le perdonan sus pecados con las oraciones del silencio. Aunque dudo que, ante tanto descaro y falsedad histórica, los pudorosos y dignos historiadores que entienden que “el silencio es lo mismo que complicidad”, los que no aguantan pendejadas, denuncien sus falsedades con “valentía intelectual” y “le pisen la manguera públicamente”.

Debemos destacar que Balcácer escribió todo un libro sobre las “Vicisitudes de Juan Pablo Duarte” y que por lo tanto es un experto en el tema, es decir, que nos está mintiendo con plena conciencia de que la Iglesia y Portes fueron persecutores y difamadores de Duarte, asunto que también, como aliado del clero, oculta en este libro donde tampoco menciona al perseguidor Portes.

En su obra de Escogencia Selectiva Balcácer destaca que el patricio sufrió un “vía crucis de tormentos por el que tuvo que “transitar debido a la campaña de difamación e injurias que desataron en su contra sus más enconados adversarios políticos”, pero sin mencionar al más enconado de sus adversarios políticos: Portes. Para él solo eran Santana, Bobadilla y Saint Denys, dejando fuera al arzobispo Tomas Portes e Infante, que era, como aquellos, todo un político consumado y por demás hipócrita consumado, como lo demostró al recibirlo en el puerto llamándolo” ¡Salve! al Padre de la Patria”, siendo del bando contrario.

Como consumado dramaturgo y manipulador, Balcácer magnifica y destaca, y dice  que Santana lo llamó anarquista, estafador, instigador, ambicioso fatuo, déspota, pretendido héroe y de querer “entregar” el país a Colombia. Recalca que Tomás Bobadilla lo juzga como “joven inexperto quien, lejos de haber servido a su país, jamás ha hecho otra cosa que comprometer su seguridad y las libertades públicas”. Dice que Saint Denys (cónsul francés) le llamaba “joven sin meritos”, mal visto por la población y los notables, vanidoso, ambicioso y egoísta.

Sin embargo Balcácer, para cumplir su misión de adalid del clero, debe ocultar  que Portes ( con su Carta pastoral)  fue algo peor pues, transformó a Duarte en un verdadero y peligroso hereje, enemigo de Dios, en un ateo enemigo del papado, enemigo de la iglesia, apóstata, traidor a Cristo… etc, etc, etc..  Y cuantas otras cosas más podía interpretar de sus duras palabras aquel conglomerado de iletrados y creyentes supersticiosos que por entonces constituía nuestro pueblo.

Sabe Balcácer que, independientemente del efecto canónico, el solo hecho político de poner a circular una Pastoral para que sea leída en los púlpitos declarando como enemigos de la Iglesia a quienes se opusieran a los mandatos de Santana, era suficiente motivo para desacreditar a Duarte; era, tomando en cuenta el factor cultural y devocional católico del pueblo dominicano, la peor de las injurias públicas que se podían arrojar sobre un ciudadano.

Creo que el amigo Balcácer ha abandonado los caminos de la sensatez para adentrarse en los caminos de la indignidad, incursionando por las tristes avenidas del burdo retorcimientote la verdad histórica, a la que se dice consagrado, irrespetando a sus colegas de la Academia Dominicana de la Historia que han de leer y comprobar sus mentiras. Descubierto su complot desde ahora le darán sus sonrisas socarronas.

Balcácer destaca que desde el 22 de agosto de 1844, cuando en un manifiesto Santana declaró “traidores e infieles a la patria” a Duarte y a sus trinitarios, su nombre “devino en sinónimo de palabra infame” y “durante 40 años no se le mencionó públicamente”a Duarte, pero sin embargo al decirlo se niega a analizar los efectos que tuvo la Carta Pastoral y la persecuciones de Portes contra Duarte, para que esto sucediera. Para esta fecha hacía casi un mes que Portes le había dado su apoyo total a Santana, con su Carta Pastoral.

En su panfleto clerical, Balcácer hace un gran esfuerzo por demostrar lo imposible:que la Iglesia no participó activamente en esa campaña de difamación injurias y persecución contra Duarte, como aliada principal de Santana.

Balcácer conoce perfectamente todos los acontecimientos, toda su cronología y detalles, sabe de la alianza de la Iglesia con Santana es mucho anterior a la Carta Pastoral, sabe que la Carta Pastoral excomulgatoria es el golpe de gracia, el punto culminante de toda una campaña de difamación que la Iglesia le tenía montada a Duarte en los púlpitos en acuerdo con sus aliados conservadores, desde hacia mucho tiempo, no solo contra los trinitarios, sino persiguiendo directamente a los dos o tres curas duartianos que existían en el Cibao, amenazándolos con expulsarlos de la isla y de la Iglesia si no dejaban de apoyar a Duarte y continuaban obedeciendo los mandatos civiles de las autoridades duartianas.

Por demás, recordemos queen 1853 Santana califica al arzobispo Portes como un gran conspirador contra el pueblo dominicano.

Balcácer miente al decir que el “Foro por un Estado Laico Eugenio María de Hostos incurre en una interpretación equivocada de la primera Carta Pastoral de fecha 24 de julio de 1844”, pues bien sabe que en el dispositivo excomulgatorio de la Carta se tipifica muy claramente la excomunión mayor latae sententiae ipso facto incurrenda, sin necesidad de mencionar sus nombres ni celebrar juicio alguno, como lo indicaba perfectamente la norma del canon de la época, el que muy bien conocía y aplicaba el vicario Portes.

Otra de las mezquindades de Balcácer se manifiesta al decir que el episodio de la excomunión no ha sido ocultado deliberadamente como dice el Foro, sino que (escuchen esto) los historiadores “no han tenido la necesidad registrar un hecho que pudo haber sucedido, pero que nunca sucedió, so pena de incurrir en una ucronía ”, asumiendo la falsedad de que aquellos historiadores, como él, habían llegado a la conclusión de que no hubo excomunión mayor latae sententiae ipso facto incurrenda, sin necesidad de mencionar sus nombres ni celebrar juicio alguno. Entonces Balcácer… si ellos como tú llegaron a esa conclusión ¿Por qué no existe un documento donde ellos analizaron el episodio de la excomunión y sacaron tus mismas conclusiones? Estás justificando algo a posteriori, otro de los más grotescos sofismas.

Pero hay más. Otra una prueba de la mezquindad de Balcácer es que: sabiendo que el extenso texto de la Carta Pastoral constituye solo el preámbulo del objetivo central de la Carta, que es decretar la excomunión de Duarte-como lo señala Pérez Memén y lo saben todos los historiadores-, le llama a esta parte central y único motivo de la carta: “un fragmento del documento de un párrafo de la carta pastoral” , para confundir y ocultar esta verdad, ¡Qué descaro!

Peor aún. Alega Balcácer que en el texto de la Carta no se alude “al patricio sino que por el contrario se refiere a aquellos que no quieran obedecer los mandatos y órdenes, tanto del general de División y jefe Supremo Santana, como los de la Junta Gubernativa (…)”

¡Pero bueno Balcácer!... y acaso Duarte no era uno de aquellos que no quería obedecer ni obedecía a los mandatos y órdenes de Santana…pero usted cree que somos unos estúpidos incapaces de entender un texto…o se cree ser un mago, investido del poder hipnótico cultural que le ha traspasado algún obispo mago capaz de anular nuestro entendimiento a base del cuco del infierno, de la Fe, de la ignorancia, o quizás se ha llegado a creer que todos somos como subcubos del Instituto Duartiano.

En su vano afán el dramaturgo Balcácer reduce la excomunión de Portes a una simple “advertencia” que, no solo careció de alguna consecuencia canónica de fe, sino que tampoco tuvo consecuencias políticas importantes. ¡Qué descaro!

 

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