Aquí y ahora

Amar en tiempos de tecnología

Por Amanda Castillo

Estar enamorado es una aventura deliciosa, que puede resultar emocionante,  y, hasta con final  feliz,   a veces  puede hasta durar. Y en caso de fracaso terminar en buenos términos.

Pero enamorarse hoy día, desde que todo se ventila públicamente en  las  redes  sociales, entre celulares, tabletas, GPS, grabaciones y filmaciones, con  cámaras secretas o consentidas, entre devaneos  por internet  etcétera. Es como cruzar  a nado el Amazonas, habrá  más de una  piraña dispuesta a acompañarnos.

Amar  se  ha convertido en un  acto de fe´,  arriesgado, peligroso e  incomodo, tanto para hombres como para mujeres.  Y es que el corazón no sabe colocarse entre tantos   instrumentos tecnológicos, en manos de personas, celosas, despechadas, frustradas, mal intencionadas  y con  esquemas emocionales,  delicados, para el crecimiento de la pareja, como es el desarrollo de la violencia.

Para muchos la pareja,  queda reducida a una especie de apéndices del otro, volviendo  muy desagradable el enamoramiento. Vigilando al objeto  del deseo, sujeto a las pruebas de amor, exigidas, que  antes   podían  ser la virginidad,- “Si no haces el amor conmigo, es porque no me quieres ”-  Ahora se exigen otras cosas, una   cierta osadía durante el acto  sexual, tal vez -“Si no quieres que te filme haciendo el  amor conmigo, es porque no confías  en mi ” - Dirán algunos enamorados, siendo a veces  la misma mujer, quien le  pide –“Hagamos unas fotos, para recordar este momento tan especial”-  Pasando  a filmar    aquella felación , en colores.

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Varios son los casos de enamorados  frustrados que  deciden  ventilar  públicamente su despecho, para  acrecentar el prestigio de “macho realizado”

Quedando esas pruebas de amor, como  reconfortante  para el tedio y  los egos, pero sobre todo, como instrumento delicado en caso de   ruptura, para el despecho,  tras   ser dejados por el objeto de la pasión en desbandada.

Olvidando que, nos encontramos en  tiempos y realidades, donde las pasiones son  explosivas, y en su mayoría  los enamorados (varones y hembras), soportan mal el abandono. Estas pruebas de amor iconográficas, acaban con la reputación de cualquier persona, si es que aun se puede hablar de pudor y reputación.

Ante la tendencia, que tienen nuestros hombres  de agredir y eliminar a las mujeres, el uso de las  nuevas tecnologías sin reglas, no es más que un instrumento, que  “moderniza” la agresión, llevándola hasta el nivel más puro del chantaje y  la extorsión, cuando uno  de los dos, manifiesta su deseo de no continuar  en la relación.

Amenazando con  matar a las mujeres cuando estas deciden dejar sus parejas. Como ha sido el caso, en un pasado  reciente, de  jóvenes comunicadoras.     Donde el conflicto fue  ventilado en la prensa, tras darse el escándalo en las redes. Por no hablar de diversas historias, que circulan en torno a jóvenes  de nuestra sociedad, a las cuales les han colgado “collages” de sus explosivas y normales  manifestaciones sexuales.

Si bien se estila ventilar en Facebook, lo bien que hemos pasado el fin de semana, en los brazos  de  algún acompañante,    sigue siendo poco elegante, salir a publicar las  imágenes  de lo que aconteció en  la intimidad.

Pero, cada vez es más  frecuente, que cuando alguien quiere deshacerse de su pareja tenga que pasar por  el bochornoso momento de enterrarse, que aquella apasionada noche a la luz  discreta  de los  candelabros, fue perfectamente  filmada por  una secreta camarita,  que tenía el ex hombre de  nuestra vida, escondida en algún lugar de la pieza.

Varios son los casos de enamorados  frustrados que  deciden  ventilar  públicamente su despecho, para  acrecentar el prestigio de “macho realizado”, mientras   contribuyen a  destruir la imagen   del ex objeto de la pasión ,poniendo en riesgo el futuro de  jóvenes   estudiantes y  profesionales .

Amenazadas  con ver  acabar  sus carreras, siendo  tan impetuosos algunos amantes, que aun  tras las rejas,  tienen el descaro de mandarles a decir (usando  la misma tecnología) que las mataran.

Es bueno empezar a legislar, pues ya se han registrado algunos casos penosos, donde mujeres  hermosas, y exitosas profesionales de la comunicación, han visto sus cuerpos a disponibilidad  de los usuarios de  las redes sociales, difamadas, sin  consecuencias por los agresores.

Nuestros  congresistas, que no tienen   temas para  legislar, podrían  observar el campo de posibilidades  legislativas   en los delitos tecnológicos en nombre del amor,  pueden copiar las ideas de los chinos, por ejemplo, los franceses, los belgas, solo por citar algunos países, donde existen penas de 8 a 10 años, acompañadas de multas apropiadas por estafar y chantajear mediante el mal uso de la tecnología.

Los  legisladores, deberían actuar antes de que se les ocurra a  una o uno de sus ex  enamorados  develar cualquier filmación, que ponga en evidencia  sus gustos y/o  prácticas sexuales, en las redes sociales, lo que (¿podría?) afectar sus   carreras políticas. Aunque es sabido  que, en este país, nada, absolutamente nada, pone en peligro el  futuro de un  político desacreditado.

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