Hablemos de Dios

A solas, sólo lágrimas…

Por Elizabeth Espinal

Encontrar un momento para estar a solas no es exactamente fácil.  Estar disponible para complementar la vida de las hijas, ocuparse de todo en la casa y responder a las mil y unas demandas del marido; todo esto supone que el día tenga más de 24 horas, lo cual es imposible.

Por tanto, siempre el siguiente día empieza con el bulto del remanente del día anterior.  De hecho, ya se ha hecho ley en la rutina del hogar, el demandar con quejas y malhumor por aquello o lo otro que no se hizo.  Esto, aunque injusto, con el tiempo ha logrado borrar el lógico respeto a sí misma, convenciéndola de que debe arrastrar culpas por esto o por lo otro.  Así el stress se acumula.  Los músculos que conectan el cuello con la espalda han generado mayor número de nudos, puntos donde el dolor se hace más intenso y desde los cuales se extiende.

Ojalá y esta fuera su única fuente de dolor.   Pero no es así.  La arterioesclerosis que padece le provoca otros puntos de dolor, uno por cada articulación de su cuerpo.  Los músculos generan un nivel de sensibilidad tal, que el simple roce resulta a veces irresistible.

A esto se le suman los dolores emocionales que con su brutalidad le genera el marido, cuando demanda sus derechos a tener sexo.  Si ella padece él  no parece entenderlo o simplemente no le interesa, porque hay que hacer lo que él quiera y lo que a él le plazca.  Por tanto, los gemidos en la intimidad por parte de ella no son el resultado del placer, sino del extremo padecimiento a mano de quien juró amarla y cuidarla, pero que en cambio la usa y abusa conforme su nivel de lívido.

Sin embargo, el baño se había convertido en ese rincón que le provee breves sorbos de paz.  Se tranca allí para llorar, para calmar su respiración cuando siente que se asfixia, y para hablar con Dios.  Justo eso hacía ahora, oraba.  Tenía tantas cosas que decirle, peticiones que iban desde un milagro por la prima interna, esto y lo otro con su marido, aquello y todo lo demás de casos ajenos que también ameritaban intercesión y ayuda.

Pero le corrieron las lágrimas de impotencia, dejando caer los hombros y sentándose sobre la tapa del inodoro.  Muestra inmutable de rendición presa de angustia.  ¿Qué voy a hacer Jesús?  -preguntaba entre suspiros- La boda es diciembre y no tengo ni un centavo.  ¿Cómo voy a ayudar a mi hija?  ¿Con qué, Dios mío!, con qué?

Como le había pasado antes, sintió en lo profundo de su ser la respuesta, “Yo traeré a ti las personas correctas.  Todo será suplido.  Yo te respaldo como un Padre a sus  hijos”.  Mayores lágrimas derramó entonces, pero éstas de alegría.  Le sobrecogió una nueva paz, resultante de aquella promesa.  Cambiando el llanto por una alabanza, salió del baño dispuesta a confrontar los afanes del día.

En la clínica de rehabilitación, cumpliendo su turno de velar por la prima, se embarcó en una conversación, con la abuela paterna de la joven.   ¿Quién le iba a decir que aquel accidente traería a comunión personas naturalmente distantes, para conjugar los recursos entre ellos?  …y ya tienes los trajes?  Preguntó la señora tras enterarse de los planes.  No, justo hoy le oraba yo al Señor, diciéndole que no sé lo que voy a hacer.  –Respondió con sincera humildad-   Bueno, yo puedo ayudarte, yo hago trajes de novia, y los de toda la corte nupcial.  –La mujer quedó paralizada con la sorpresa, simplemente no podía creerlo-  Nos ponemos de acuerdo, yo les tomo las medidas, seleccionan las modas y salimos juntas a comprar las telas.   Bien dice el versículo en Romanos 8:28Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Pasados dos meses, otra vez en el baño, la mujer lloraba otra vez ante Dios, esta vez abrazando un elegante vestido.  Te alabo Jesús porque eres bueno, porque para siempre son tus misericordias…  -decía mezclando citas Bíblicas con sus propias palabras- Eres fiel y siempre cumples tus promesas.  Cómo he de agradecerte?    La imagen en el teléfono, de su hija probándose el blanco traje, y la expresión de gozo mezclada con ilusión, eran invaluable.  Pero más satisfactorio era, el finalmente oir palabras de agradecimiento, con las que quedaron borradas todas las anteriores quejas y murmuraciones.  Abrazando el vestido, le decía a Dios entender lo que Él siente como Padre, cuando uno de sus hijos, en este caso, ella le expresaba a Él agradecimiento.

Romanos 28: 31-37¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

32El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?33¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.

34¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.35¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

36Como está escrito:
Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
Somos contados como ovejas de matadero.

37Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

¡Bendiciones!

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