La columna Estriada

169 años de marrullas…

Por Emilio José Brea García

Somos un país joven, merecemos esclarecer nuestra historia. Desde el pasado más remoto hasta el presente, estamos salpicados de ocultamientos, mentiras y rebatiñas relacionadas con la historia. Nos avergonzamos del pasado, pero no lo enfrentamos críticamente, lo dejamos pasar para que engorde estanterías y anaqueles de bibliotecas doctas. No clarificamos nada, el anecdotario es nuestro referente bibliográfico por excelencia. Nadie consulta fuentes. Da por sabido hechos, circunstancias y sucesos, así como acontecimientos y ocurrencias que matizaron el pasado donde se fundamentó la historia dominicana… Y así no se puede salir a buen camino.

El dictador Trujillo oficializó el Himno dominicano 4 años después de estar ya en el poder (el 30 de mayo de 1934). Ya el himno tenía 51 años que había sido creado por el músico Don José Reyes (el 17 de agosto de 1883). Nadie ha objetado nunca la epopéyica marcialidad de sus notas, pero las letras, de Don Emilio Pru´Homme, fueron criticadas y hasta cambiadas en sus primeros años. En las 14 estrofas conocidas y reconocidas actualmente como las buenas y válidas, para los fines de rigor, no se encuentra por ningún resquicio la palabra “dominicanos” o “dominicanas”. Ya ha pasado, no antes, sino después, populares canciones de bardos situados en la vecindad regional, compuestas para destinatarios distintos, fueron modificadas luego para que por simple rima, se pudieran ajustar a las circunstancias del momento. Dicen que eso pasó con algún compositor puertorriqueño…

Ya en pleno siglo 21, la gente ve muy difícil el que se pueda corregir el himno quisqueyano (no dominicano). Otras correcciones están sobre la palestra. Muchas absorbentes y complejas. Pero hay una extremadamente fácil de dilucidar. Es la que endilga apellido a la capital dominicana. Desde cuando fue eso. Pues bien, en 1937 (el año de la matanza de haitianos) la capital dominicana pasó a ser denominada “Ciudad Trujillo” y 24 años más tarde, en 1961, le eliminaron la afrenta histórica devolviéndole el nombre heredado, pero le agregaron el apellido “Guzmán”. He leído de doctos historiadores que eso es un disparate peculiar de la adulonería de la que hiciera galas el Presidente Balaguer… Pero; ¿Adular a quién?

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