Vivencias

… y aprendí a amarte

Por Rafael Alvarez de los Santos

Buscando el amor te encontré un día y desde entonces no he dejado de cantar. Y aprendí a amarte más allá de ti… y de mí.

Te amo sin poses ni palabras rebuscadas, sin dimensiones perfectas ni cuerpo fabricado.

Te amo cuando te maquillas, y cuando decides no hacerlo, cuando te depilas y cuando te cansas de ello, te amo con tus libras de más y con tus libras de menos, con el pelo lacio, crespo o rizado.

Cuando sonríes inundas el espacio y contagias el ambiente como si exorcizaras el tiempo. Tu risa es como ese conjuro que hechiza y encanta el universo que te rodea.

Cuando no sonríes mi corazón se  pone en alerta y es como la contraseña que me da acceso a tu interior para leer en tu correo del alma que algo te pasa y ese día te amo más.

Ha surgido una pasión que da vida, porque la pasión no mata. Si un crimen pasional hemos de cometer será contra la rutina y la monotonía, dos guadañas que convierten en movedizos los cimientos de cualquier amor por más sólido que parezcan. Jamás la pasión se vuelve en contra de quien motiva esa pasión y renueva la primavera en cada mañana de nuestra vida.

Ha germinado un amor forjado de recuerdos, esperanzas, de sueños anclados a tu voz y a tu vida.

Un amor que acelera el latir de un  corazón que se desnuda ante la voz que acaricia con dulzura cada una de sus arterias cuando susurras a mi oído: Yo también te amo. Y cuando late un corazón enamorado el cielo tiembla y la tierra se estremece.

Cuando un beso nos deja temblando me pregunto: ¿Por qué las flores te habían ocultado a mi vista haciéndome creer que sólo ellas son hermosas y existen? ¿En dónde estabas cuando me había convertido en un coleccionista de tristezas?

Tus ojos son el pincel con que a diario resalto los colores intensos que han dibujado mi vida. Tu sonrisa es la acuarela que le da el toque verde a la esperanza que cada mañana reverdece con solo escuchar tu voz.

Cada mañana sale el sol y regresas tú con esa complicidad morbosa de iluminarme el día.

Con tigo el sol alumbra más, las hojas no tienen otoño, el agua refresca el alma, la luz ilumina hasta los sentidos. Sin ti todo es gris, los pájaros enmudecen, se caen las hojas y se detiene el tiempo.

Con el deseo de darte una serenata pedí prestado el canto de un ruiseñor y con la melodía del sonido de la lluvia que se desliza por tu piel mojada compuse mi mejor canción inspirada en las palabras más hermosas: Tu Nombre.

Fragmento de mi nuevo libro: El Nombre del Amor.

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