Opinión

… me confundo liberando al tiempo

Por Ylonka Nacidit Perdomo

El tiempo es una máscara, una ladera en la niebla, alto y vacío espacio, agitación de las almas, y en alguna ocasión una triste nostalgia.

Cuando el tiempo es una hojuela de oro, fluctúa la calma, oscila la eternidad y la permanencia sopla, sopla…, sopla en el pálpito de la oquedad. Yo había  grabado en el tiempo un excesivo deseo de imaginar un color nuevo, un color de olor a pétalos o de olor a madera; un color nacarado que fuera apropiado para tus mejillas, cuando el resplandor lunar y  las olas en fugitiva libertad conocieran, contracorriente, la tempestad como un hechizo que dispone el viento.

Imagino mi color de manera cálida, agitado en tus ojos, hecho de palabras, plasmado por completo en cada línea y en cada punto que busco como sentido cierto para  que el día vaya conmigo rasgando los helechos que reposan como lecho para que el tiempo acuda a adorarte.

Adorarte, Cielo, es el tiempo; el tiempo ordenado acá y allá, aunque sea fugazmente, fragmentado, confundido en el recuerdo, hecho de manos, implorando o destruyendo la prisión del silencio.

El tiempo es un espejo que me confunde, al cual no abrazo la pequeñez del mar cuando no imploro una estrella-de-éxtasis, trazando mi egoísta necesidad de darle vida al agua, a solas, contigo.

… me confundo liberando al tiempo de la abundancia, de la plenitud secreta de ofrecerte un color nacarado para tus mejillas. Ahora te contemplo, un poco alejada de ti, y veo que el tiempo, que al parecer es solo una hoja palpitante de letras, no ha empequeñecido en nada lo mucho que te quiero.

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