Editorial

La división del PRD y las vergüenzas del Tribunal Superior Electoral


Este jueves quedó oficializada la división del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), entidad política que tiene 70 años, que ha gobernado el país en el período democrático y que ha sido co-responsable del esquema democrático actual.

No es la primera vez que el PRD se divide. Lo hizo cuando Juan Bosch era su presidente y principal líder, y allí surgió el actualmente gobernante Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Se dividió cuando José Francisco Peña Gómez era su principal líder, en 1986. En esas circunstancias, Jacobo Majluta se marchó hacia un pequeño partido que luego creció bajo su liderazgo, el Partido Revolucionario Independiente (PRI).

Se dividió cuando Hipólito Mejía era presidente de la República y lanzó un proyecto reeleccionista. Hatuey De Camps dio el paso de fundar el Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD).

De manera que la actual es una división más, pero no cualquier división.

El partido de gobierno queda prácticamente solo, sin oposición al gobierno, con un desmembramiento moral de los perredeístas. Levantarse, cualquiera de los dos bandos enfrentados, les costará tiempo. Y eso le abre el camino otra vez a Leonel Fernández para repetir en la presidencia de la República en el 2016, por cuarta ocasión.

Una verdadera tragedia para la democracia dominicana, en especial porque esta división del PRD ha sido incentivada, estimulada por el Estado, a través del Tribunal Superior Electoral, organismo nuevo que ha actuado despojándose de la solemnidad y la independencia que debía tener, de acuerdo con la Constitución, para destruir al sistema de partidos políticos que estaba obligado a regular.

 

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