La República Dominicana se enfrenta a un serio dilema. Aumentar los impuestos para generar más dinero y que el gobierno pueda cumplir sus obligaciones, olvidando el déficit presupuestario y el déficit fiscal del 2012. El país deberá pagar los desafueros del gobierno entre enero y mayo. O reducir significativamente el gasto gubernamental, sin descuidar la salud y la educación, eliminar las nominillas, el barrilito y reducir al mínimo la burocracia estatal, además de reducir la inversión de capital.
El dilema es de Danilo Medina, que ganó las elecciones con el apoyo del gobierno y planteando una continuidad sin traumas, entre la administración de Leonel Fernández y la del propio Danilo Medina.
El tema no es fácil. Danilo estaría poniendo en juego su posibilidad de realizar obras con las cuales sea recordado en el futuro. Y aquí los presidentes siempre quieren hacer obras de infraestructura que puedan presentar como ejemplo. En su momento de Antonio Guzmán se dijo que la única buena medida que había tomado era autorizar doblar a la derecho con el semáforo en rojo. Sin embargo, el país lo recuerda como uno de los mejores presidentes de toda su historia.
Una posibilidad que tiene Danilo Medina es aplicar medidas de corrección en el gasto y en la inversión pública. Casi la mitad del presupuesto se irá en pago del servicio de la deuda. Y Leonel Fernández no se ha detenido en los compromisos con los acreedores internacionales. Nelson Suárez, economista y experto presupuestario, ha dicho que el déficit del presupuesto del 2012 supera los 122 mil millones, es decir un 28.3 por ciento del presupuesto nacional ha quedado sin sustento.
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