La isla rota

Foto: Fuente externa/El ojo de Peyi Guzmán, ofrece una fotografía acorde a la naturaleza de la historia ofreciendo una diferencia sutil entre los años en que ocurre el relato. Al igual que el trabajo en la dirección artística y la música que ayuda a ofrecer un conjunto visual adecuado.

La isla rota

Título original: La isla rota. Año: 2019. Género: Drama. País: República Dominicana. Dirección: Félix Germán. Guion: Félix Germán. Elenco: Algenis Pérez, Manny Pérez, Kazoul Belizaire, Dalisa Alegría, Frank Perozo, Félix Germán. Duración: 1 hora 45 minutos

“La isla rota” trata de posicionarse en un mejor nivel con respecto a las demás producciones fílmicas dominicanas que han explorado el drama histórico, teniendo como siempre la época trujillista como un manto, un escenario que sigue manifestándose en el cine local parecido a una sombra, un espectro del cual todavía existen muchas aristas por contar.

Lo que se manifiesta en esta historia escrita y dirigida por Félix Germán (La maldición del Padre Cardona, 2005) es la idea de ubicar una ficción en el contexto de la matanza de nacionales haitianos ocurrida en el 1937 y perpetrada por el régimen de Trujillo, como una de las tantas que se pueden contar sobre este régimen, hecho recreado anteriormente en la producción “Del color de la noche” (Meléndez, 2015).

Oscilando entre el 1918 y 1937 la historia se centra en el personaje de Gy, un niño haitiano, quien es testigo del asesinato de sus padres cuando tratan de cruzar la frontera que divide Haití de la República Dominicana.

Años más tarde, teniendo a Gy ya siendo un joven, este se encuentra con los asesinos de sus padres y busca la manera de vengarse. Pero el inicio de la llamada Masacre de Perejil, consistente en la erradicación masiva de la población de origen haitiano que residía en las fincas agrícolas situadas a lo largo de la frontera entre Haití y República Dominicana, vuelca su decisión hacia otros motivos de supervivencia.

Supongo que este contexto específico es lo que interesaba a su director y guionista por las implicaciones históricas que este hecho pesa todavía en la actualidad y en la que Germán utiliza el recurso del personaje de Gy para hablar de ciertas diferencias y posibles reconciliaciones con este pasado traumático para ambas naciones.

Para esto establece unos personajes que intentan traducir el objetivo fundamental del director, pero en su composición ciertas características no llegaron afianzarse debidamente como, por ejemplo, la villanía de los personajes dominicanos cuyas tipologías no explican el origen de su maldad o el objetivo primordial del porque hacen lo que hacen.

Y en esta cuadra los actores Manny Pérez (Abes) y Frank Perozo (Capataz) intentan interpretar esta psicología, pero al no haber una razón que explique ese origen, se sienten atrapados en las propias vestimentas psicológicas que no pueden resolver.

El personaje interpretado por el propio Félix Germán (Benzo Sánchez), encargado de la finca, posee mejores explicaciones a su existencia dentro de la trama, pues es el equilibrio entre el bien y el mal y es el que trata de revelar esa maldad contenida en el personaje de Abes, cuestión que debería haberlo explicado el propio Abes.

Mientras que Algenis Pérez (Gy) no alcanza a mostrar a un personaje convencido de su propio destino ni con el acercamiento con el personaje de Meuda (Dalisa Alegría) donde ambos muestran un posible roce romántico y donde ella no muestra la suficiente fuerza para un personaje enclaustrado en esa época y circunstancias.

Los roles de los demás personajes haitianos facilitan al director moverlos por el terreno más maleable posible pues le permite hablar en creole (la película ofrece porciones iguales de diálogos en creole y español), ofreciendo cierta credibilidad a la historia.

En los términos de su valor de producción el filme ocupa una referencia al momento de establecer una fotografía adecuada para interpretar esa época en los términos de la representación de ese campo marginado y abandonado. En este terreno, el ojo de Peyi Guzmán, ofrece una fotografía acorde a la naturaleza de la historia ofreciendo una diferencia sutil entre los años en que ocurre el relato. Al igual que el trabajo en la dirección artística y la música que ayuda a ofrecer un conjunto visual adecuado.

“La isla rota” podría haber comprometido otras cuestiones sociales implícitas en su propio discurso, pero deja material para seguir estudiando la época sin temor y con el convencimiento de la importancia que esto posee para el desarrollo argumental en las producciones fílmicas locales.

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