Las nuevas generaciones políticas

Foto: David Collado

En México Andrés Manuel López Obrador, un viejo militante político, creó el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) en 2014 y apenas 4 años después ganó las elecciones presidenciales, dejando detrás a los partidos tradicionales.

En Francia Enmanuel Macron, economista que se desvinculó del Partido Socialista, creó su movimiento En Marcha, an abril del 2016, y un año después ya había ganado la presidencia del país.

Jair Bolsonaro, un político tradicional y congresista de más de 25 años, con su radicalismo de derecha aprovechó la profunda crisis política y de corrupción de los partidos políticos brasileños, y conquistó el favor de los brasileños, que en 2018 lo hicieron presidente del país.

En el Salvador se acaban de celebrar elecciones presidenciales y las ha ganado el joven empresario de apenas 37 años Nayib Bukele, quien creó un partido político de la nada, llamado Gana, y dejó atrás a los tradicionales Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional y Alianza Arena que representa a la derecha de ese país.

Igual que estos casos, se podrían poner otros ejemplos de cómo ha ido cambiando la política en el mundo. Tal vez el caso más emblemático es del de Donald Trump, empresario que se adhirió al Partido Republicano, derrotó a 16 precandidatos y posteriormente ganó las elecciones al gobernante Partido Demócrata.

En la República Dominicana comenzaron a ocurrir elementos para un cambio en la política. Fenómenos juveniles como David Collado, quien ganó con amplio margen la alcaldía del Distrito Nacional en el 2016, es uno de ellos. Sin haber anunciado que tiene aspiraciones presidenciales las encuestas lo señalan con porcentajes envidiables. Su gestión al frente del gobierno municipal en la capital, sin pelearse con nadie, ha sido exitosa, técnica y políticamente transparente. La efectividad de su estilo ha ganado simpatías y sigue pareciendo algo completamente nuevo.

Wellington Arnaud es otro joven que está descollando con calidad y capacidad, y poco a poco va sembrando la simiente de una carrera que se vislumbra exitosa. Faride Raful es otra joven de altísimos vuelos y discurso vibrante, con inteligencia y agresividad, que representa otra forma de actuar políticamente. A la gente le gusta y la distingue entre la membresía poco reconocida de un Congreso Nacional con muchísimo cuestionamiento.

Mientras tanto, los políticos tradicionales siguen haciendo política a la vieja usanza, con negociaciones, manipulaciones de leyes, modificaciones de la Constitución de la República y uso frecuente de los recursos del Estado. A la sociedad se le entregan apenas resultados intangibles, pues hasta ahora no ha habido ni hay una solución de algún problema fundamental del país. La pobreza sigue, la baja calidad de la educación, la precariedad de los servicios de salud, la falta de calidad y carestía del servicio de energía eléctrica. Son asuntos esenciales. Tampoco hay competitividad ni generación de riqueza abundante, como para distribuirla equitativamente. Son sueños y promesas que los políticos siguen sembrando en la mente de la gente.

Sin percibir que los electores han ido cambiando poco a poco. Las nuevas generaciones generaciones se van convirtiendo en los electores destacados. Quienes nacieron en el 2002, el año en que murió Joaquín Balaguer, ya son electores. Las viejas discusiones ideológicas y de generaciones postrujillistas ya no cuentan. Las historias de la izquierda sacrificada y martirizada tampoco cuenta. Las barreras del debate político están señaladas más claramente en las redes sociales. No hay que profundizar mucho. Con vídeo se convence a los jóvenes de hoy, pero jamás con un discurso a la usanza del profesor Bosch del doctor Peña Gómez.

El mundo ha cambiado, aunque algunos políticos piensen que esos cambios se registran en otros lugares pero no en la República Dominicana. Sorpresa. Tarde o temprano estarán los nuevos tiempos electorales aquí y darán de qué hablar. Será tarde para muchos y muchas que piensan que este es un pueblo al que se le puede embobar sin mucho esfuerzo. El cambio hay que registrarlo, sin signos ideológicos, y sobre todo buscando eficiencia en las ejecuciones y ejemplo personal. Eso busca la gente. Esperemos.

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