Fervores

George aplaude a los Cowboys

No se sabe qué les diría George Bush a los dominicanos. En su libro, el expresidente habla de muchas cosas interesantes. Por ejemplo, habla de las bebidas a las que era un poco adicto en su estancia en la Casa Blanca.

Por su lado, Bill Clinton no creemos que se sienta muy animado en tocar el tema dominicano. Este le duele especialmente con las amistades que ha desarrollado en el país.

En el caso de Barack Obama es otra la situación. No creemos que en los anales de las oficinas del servicio exterior o de inmigración, esté la nota de que Obama entró al país.

George Walker Bush sí tiene algo que decirnos. Una de las fotos principales de su libro, demuestra algo que está secundado a nuestra apreciación a posteriori por quien fuera un Nobel de economía, el Premio Nobel, el señor Paul Samuelson.

Como se puede ver en la foto de su autobiografía, Decision Points, está George Bush en el área cero 9-11, donde han ido muchos dominicanos.

Sabe Clinton y sabe Obama el lío que se le armó a Estados Unidos con la guerra de Golfo, así como hay una sospecha que corre el albur de parecer idónea, de que un presidente debe tener su guerrita. Ahí es donde entra Paul Samuelson, pero más que Samuelson Josep Stiglitz, que aunque no está en el libro, como tampoco está Samuelson, si está en la conciencia lógica de George.

Decía Stiglitz, que era profesor de la Universidad de Columbia, que los Estados Unidos habían gastado nada más y nada menos que 3,000 millones de dólares en la guerra con Irak.

Lo que se ha ido en gasto guerrero en la lucha contra ISIS en este gobierno de Donald Trump parecería ser menos, y fíjense que los militares que retirara Donald Trump en los últimos días son menos de mil.

Decía Samuelson –el profesor Samuelson, de luminosa estampa– que un mandatario tenía que tomar una decisión en su gobierno: o ir a la guerra o alimentar a la población. Fue su famosa teoría del costo de oportunidad. Si saco los recursos de la guerra, estarán en la mesa de los comensales. Si los saco fuera de la mesa de los comensales, pueden constituirse en balas en el campo de batalla. 

Lo que sí está claro es que los dominicanos son particularmente amigos de un país que les ha dado acogida durante muchos años. Lo que dice Samuelson es que un mandatario debe fabricar cañones o debe fabricar mantequilla en su teoría del gasto público. La participación económica de las comunidades inmigrantes es tal en los Estados Unidos, que la retórica antinmigrante que habla de la no participación latina no deja de ser eso: una retórica política. Lo tiene claro Donald Trump y tiene claro que su comercio con otros países tiene un sustrato de negociación que es el mismo que existe con el mercado de consumo que crean los mexicanos y los latinos por aquello del conocido melting pot, la olla donde la Nación americana está fundamentada para su existencia.

La dedicatoria del libro de Bush es a sus dos hijas y a su esposa. De otra forma no podía ser por la compañía, esa que tiene Trump en Melania, una mujer que ha tenido que embarcarse en toda una serie de oleadas de críticas y de contracríticas contra su esposo, un hombre que no le vemos mucho material para la queja y si para las soluciones de conflictos globales.

Quería destacar que en medio de todas estas peticiones, la lucha electoral no es sino un indicador pero el gobierno de Trump se mantiene firme en el control de los temas más importantes de la seguridad nacional de Estados Unidos.

Lo que le ocurrió a Clinton con el impichment no ha sido algo que le implique al partido demócrata algún tipo de pena para entender algo que ciertamente debe ser muy delicado: esas delicadas llamadas a Zelensky.

En un anterior momento decía sobre la necesidad de que Bush formara parte de ese universo de aquiescencia o de debate en un partido que no controla al presidente, pero que no se debe limitar a las pulsiones esenciales de un terreno donde todo parecería estar encaminado a la estricta decisión personal de Trump.

No pueden decirnos que la interrelación entre ambos mandatarios es nula aparte que ya se sabe que Clinton y Bush son amigos. Hemos de suponer que la presión mediática es total, pero la presión que se tiene en la vida diaria –Trump acaba de denunciar que su resort en Palm Beach no albergará la cumbre del G-7, lo comunicó con tuits–, debe ser real y molestosa.

El lugar que se visualiza para la reunión es Camp David, pero tendremos que estar informados a través de los tuits del viejo Donald.

Una noticia reciente del Washington Post mostraba a George W. Bush acompañado de su esposa Laura, la celebrity Ellen Degeneres, y la modelo australiana Portia de Rossi, en Texas, como testigos de un juego entre los Cowboys Dallas, y los Green Bay Packers.

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