Los dominicanos ante Escila y Caribdis

Homero concluyó La Ilíada describiendo la destrucción de Troya. En el Canto XII de La Odisea  Ulises, Odiseo, Rey de Ítaca relata, ya triunfante, el retorno a su hogar donde falsamente lo creen muerto. La diosa Circe instruyó a Ulises poner cera en los oídos de sus acompañantes para no  hechizarse con el canto de sirenas, que estaban “sentadas en una pradera y teniendo a su alrededor enorme montón de huesos de hombres putrefactos cuya piel se va consumiendo”. Le explicó que más adelante había dos escollos. En medio de uno “hay un antro sombrío”. “Allí mora Escila que aúlla terriblemente con voz semejante a la de una perra recién nacida, y es un monstruo perverso a quien nadie se alegró de ver… Tiene doce pies todos deformes, y seis cuellos larguísimos, cada cual con una horrible cabeza en cuya boca hay tres filas de abundantes y apretados dientes, llenos de negra muerte. Por ahí jamás pasó una embarcación cuyos marineros pudieran gloriarse de haber escapado indemne, pues  Escila les arrebata con sus cabezas sendos hombres de la nave”. “El otro escollo es más bajo… y a su pie… Caribdis sorbe la turbia agua. Tres veces al día la echa afuera y otras tantas vuelve a sorberla de un modo horrible. No te encuentres allí cuando la sorbe, pues ni Neptuno… podría librarte de la perdición. Debes, por el contrario acercarte mucho al escollo de Escila y hacer que tu nave pase rápidamente, pues mejor es que eches de menos a seis compañeros que no a todos juntos”.

Relató Ulises: “Pasábamos el estrecho llorando, pues a un lado estaba Escila y al otro Caribdis que sorbía de horrible manera la salobre agua de mar. Al vomitarla dejaba oír sordo murmurio, revolviéndose todo como una caldera que está sobre fuego”… “…y mientras contemplábamos a Caribdis, temerosos de la muerte, Escila me arrebató de la embarcación a los seis compañeros que más sobresalían por sus manos y por su fuerza…mis compañeros eran llevados a la roca y allí, en la entrada de la cueva, devorábalos Escila, mientras gritaban y me tendían los brazos en aquella lucha horrible. De todo lo que padecí peregrinando por el mar fue este espectáculo el más lastimoso que vieron mis ojos”. Ulises continuó superando múltiples obstáculos y regresó a Ítaca donde su fiel amada Penélope, que en su ausencia desechó, por 20 años, todos sus pretendientes.

Paremias, proverbios, refranes y adagios, surgen de expresiones orales, pero desde hace milenios la literatura culta, incluyendo la religiosa, hace referencia a Escila y Caribdis para expresar, metafóricamente, peligros y dificultades vitales. Investigando, encontramos que en el Siglo XII Gautier de Chantillón, en “Las Hazañas de Alejandro” cita que Darío, rey Persa, huye de Alejandro para caer en manos de su asesino Beso: “Caes en Escila deseando evitar Caribdis”. Virgilio en “Eneida”, Ovidio en “Metamorfosis” y hasta San Agustín de Hipona, en “Soliloquios del alma de Dios” cita las dos monstruosidades: “Permítenos señor, dirigirnos por el medio entre Escila y Caribdis de forma que evitando uno y otro peligro, lleguemos seguros a puerto…”. Erasmo, en “Adagios” escribió: “Por evitar Caribdis caí en Escila…” o sea “Mientras evito un mal más grave caigo en otro diferente”. Horacio en “Sátiras” dice: “En vano habrás evitado aquel vicio, si te tuerces cayendo en otro”: “Mal huirías de Escila, si caes en Caribdis”.

Lorenzo Palminero en sus “Adagios españoles” traducidos al latín, compara a Escila y Caribdis con el refranero español: “La sardina… que por huir del fuego dio en las brasas”. Se asemejan también los proverbios: “Por evitar las cenizas cae en los carbones”; “Los tontos al evitar unos vicios, caen en los contrarios”, “Quien huye de la sartén cae en las brasas”; “Pasar del humo a las llamas”. Shakespeare en “El mercader de Venecia” refiriéndose a la judía Jessica, escribió: “… cuando rehúyo de Escila, vuestro padre, caigo en Caribdis, vuestra madre”. Hasta Don Quijote expresa: “Por este camino…, áspero y dificultoso… por estas Scilas y Caribdis…”

Los dominicanos superaremos a Danilo y Leonel con la misma suerte que Jason, protegido por Juno, pudo surcar sin daño, en su nave Argos, las rocas Errantes del lado opuesto al estrecho de Messina morada de Escila y Caribdis. La ciudadanía democrática será victoriosa frente a Gonzalo y Leonel  evitando que “Huyendo del polvo caigamos en el lodo”, “Salir de Herodes para entrar en Pilatos” o “Escapar del trueno para caer en el relámpago”. En la pugna de las facciones de Danilo y Leonel repetimos el dicho de Kissinger sobre la guerra Irak-Irán: “Deseamos que ambos contendientes salgan derrotados”.

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