El Sol Naciente

El dominicano: Ser de emoción o razón

Partiendo de los hallazgos que está plasmando la Neurociencia en el mundo de hoy, encargada indiscutiblemente con descubrir y explicar los fenómenos temperamentales y psíquicos de una sociedad global y local que atraviesa por una virtual crisis de valores, culturales, sociales y éticos, que mina los cimientos mismos de la humanidad; nos encontramos de cara a nuestros entornos con la inseguridad más estresantes de la historia de las naciones.

Con la certeza obvia de que los actores somos los propios hombres llenos de ambición, vanidad, egoísmo y desesperanza, convirtiéndonos en un » lobo del propio hombre» como sentenciara Thomas Hobbes, en el Leviatán. Reforzada esa actitud por la desconfianza existente entre los congéneres que habitamos este degradado planeta en términos ecológicos, educativos  y económicos como jamás había acontecido.

En la porción minúscula de la tierra nos miramos los dominicanos en el mismo espejo, redoblado por la condición de subdesarrollo social, la carencia del imperio de la razón en nuestro ser caribeño; donde se envían los niños a las escuelas ( y tengo muchos testimonios) sólo por el hecho del desayuno y almuerzo escolares para solventar los padres » misericordiosos» la carga pesada de los hijos por ese Menudo que les sirven a los escolares. Y más aún, los futuros o presentes profesores de las Escuelas que pugnan por un Diploma de » Enganchado a Profesor», cuando solemos interrogarlos en las aulas porque estudian educación, sonríen sarcásticamente, silencian y aceptan no poseer vocación, sino que decidieron para recibir el ingreso salarial de 40 mil pesos mensualmente.

Ese es el ser dominicano con sus debilidades y fortalezas, y así mismo aprecia o desprecia a los políticos, siempre con emoción.

Envié varios al pizarrón para observar su ortografía y la mitad de estos aspirantes a profesores cometieron las más vulgares faltas de ortografía. Desde luego, mi responsabilidad por este apostolado me empujo a cuestionarlos sobre el crimen que cometerían con los niños sino era por vocación o de lo contrario tendrían que dedicar 8 a 10 horas diarias para enmendar los errores de una baja cultura, que da cuentas de 80 por ciento de reprobados en las pruebas para seleccionar los profesores para este año escolar 2019-20.

Pues bien, la Neurociencia reconoce de manera mucho más profunda los hemisferios cerebrales en todas sus derivaciones auxiliada de la tecnología de punta, nos aflora las zonas emocional y de la razón, y si nos acogiéramos a una plausible hipótesis de nuestro ser dominicano, la zona de razón estaría muy reducida en el dominicano, en cambio la zona de la emoción se levanta orgullosa y horonda. Un pueblo acogedor, hospitalario, alegre, bailador, emocional, fiestero y hablador, semejante a algunas naciones caribeñas.

Igualmente, con su fuerte carga emocional el dominicano se entrega cada cuatro años a la campaña política, y lo menos que hace es seguir los programas, las ideas, los principios morales, a tal trágico punto  de justificar los robos y malversación del erario público sin sonrojos.

La vida social se torna llena de pasión, emoción desbordada y nos volvemos un » hombre masa», sin cuestionamientos, ni análisis; al crítico se le considera una «especie rara» y j… que puede dañar planes y estrategias: impera la sinrazón y afloran las vulgares pasiones, tras las cuales se esconden los más espurios intereses.

Sin embargo, el mundo de las emociones traza en variadas tareas líneas de conducta muy aprovechadas por los dominicanos y otros pueblos latinos para obrar con éxitos y conseguir resultados productivos, que en ocasiones se elevan al paroxismo. Cosechan triunfos los «peloteros» dominicanos en Grandes Ligas del Béisbol, obteniendo los lauros y récords en innumerables casillas; sucede con Las Reinas del Caribe en el deportes femenino de Vóley Ball a nivel mundial; en el Básquet Ball masculino batiéndose gallardamente en la fila NBA; son los judocas, karatecas, boxeadores y levantadores de pesas dominicanos, quienes incluso nos dan las primeras clarinadas con victorias y medallas en competencias internacionales.

Las emociones que brotan de su espíritu, de su dominicanismo abanderado y el afán de escuchar para el mundo su himno nacional, es una magia que los envuelve cual catarsis del artista y entonces brotan las lágrimas, el salto alegre, el abrazo incontenible: la emoción tocada por lo positivo. Ese es el ser dominicano con sus debilidades y fortalezas, y así mismo aprecia o desprecia a los políticos, siempre con emoción.

Me encuentro muy frecuentemente con el discurso de la gente recurriendo a la opinión de que entre los candidatos, hay uno que es un fino estadista y que su hablar raya en un afán intelectual, ataráxico en su perfil;  otro un pragmático, habilidoso y estratega que juega al silencio, al tiempo planeado, sin una vasta cultura, simboliza el misterio y la magia; y el siguiente, un medido de la palabra, con análisis económico y empresarial, novedoso en el hacer político, considerado tan a menudo de poco carismático y que debe llevar más fuego a sus palabras, » tiguerearse» para cautivar a las masas menos poseídas. Se reitera de parte de muchos , que están las condiciones para producir un cambio, pero exigen emoción al discurso y una postura política de mayor hostigamiento al poder. Lo digo como me lo comentan de forma reiterada prácticamente en todos los cenáculos de la vida social. Insinúan que quien habla de cambio, también ha de cambiar, como aquello  que en materia de educación, el educador ha de aprender a desaprender ( Paulo Freire).

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