Apertura

«La voz que han visto mis ojos»: Dialogía y cotidianidad

Cada creador asume su compromiso con la lengua y sus múlples formas de abordar su potencial creativo. En este caso, esa apuesta está fijada desde el diálogo con un tercero o una esencia espiritual que sólo el poeta sabe dónde reside su espacio vivencial. Es lo que acontece en la obra  «La voz que han visto mis ojos», de Pedro Espinal. (Editora Amigo del Hogar, Santo Domingo, R.D. 2018. Coordinación «Dragón Editorial». ).

Del discurso poético inicial se desata un aliento celestial; pero no es ésta la línea expresiva que abarca su poética. Es lo cotidiano lo que va fluyendo en el decir estético de este suje-creador, como quien está convencido de que la poesía brota de la tierra y de la nada, trayendo consigo los sentidos filosóficos y estéticos que la hacen trascender.

La construcción del discurso metafórico se presenta desde una metaforización que apuntala hacia lo absurdo. Y es desde esa aparente ilogicidad que el sujeto-creador nos recrea y se recrea, en su fluir enunciativo. Lo filial, de entrada demarca el universo semántico de esta obra; pero no se queda ahí, va más allá…y se remonta a la nostalgia de la ausencia, la soledad, las quimeras y el olvidó, como quien procura refugiarse en el desamor, sin que la amargura desdoble la imagen de su cantar:

«Un denso vacío es no verte caminar/
paseándote por estos espacios/
que fueron tuyos//. De pronto se me hace témpano/ casi puedo tocarlo y golpearlo
como trozo de madera»//.
(Pág. 21)

Nostálgica, por no decir quebradiza y angustiosa, es su enunciación poética. Debajo de esa gama de tragedia, es preciso resaltar que hay también un ritmo discursivo que permite asimilar con más propiedad y facilidad, su poetizar.

El uso del verso breve, por parte del sujeto-autor, proyectado en el entorno de vida y en el sentir del poeta, le otorga a su canto una intensidad expresiva que se capta y se siente en su decir. El discurso poético que aquí se asume, nos permite afirmar que, en un creador, tener conciencia del poder de la lengua en la sociedad, es fundamental. De ahí el empeño del sujeto-autor en querer imprimir música a la palabra, como un compromiso con la creatividad y con el discurso poético.

Hasta a su propia muerte, el sujeto-creador le plantea su dilema, su visión personal al momento de partir de este espacio terrenal. Es como una imagen lapidaria que deja plasmada el poeta en la página en blanco, como quien adelanta su despedida material, para que nadie le pretenda retorcer su auto-panegírico existencial:

«En mi vuelo quisiera /
ver las florecidas espigas/
ver desde las alturas/
en aleteos de nubes/
la verde sabana»//.

«Ahora que estoy aquí/
algunas cosas quisiera:/
Abrazar la sencillez/
con la humildad irme de amores/
y casarme con la ternura»//.
(Pág. 49)

En otra vertiente de su discurso poético, la imagen en torno a la naturaleza, la tierra, el aire, la flora, las aves, el sol y el ser humano, se deslizan como estratégicos recursos semánticos y estéticos que consolidan su discurso, sin embargo, me permito observar al sujeto-creador su insistencia en abandonar lo metafórico, para fijar su expresión en lo absurdo, desde la lengua, y no darle más importancia a la ritmicidad de la palabra.

Como hombre apegado a la tierra, el poeta se centra en la biodiversidad de su entorno. Su decir , se ajusta en la  búsqueda permanente de un conversar con lo que mira o con lo que toca o con lo que huele. Hay una pragmática de lo que el sujeto-creador asimila en su existir.

No concibe su poética sin el diálogo con la otredad. El otro o lo otro, es su razón de crear. Cuando no aparece ese transitar en la comunicación, el sujeto-creador lo instaura, lo construye de manera consciente y con la lógica de quien busca traspasar el comunicar, para establecer el sentir en el sujeto-lector.

Como les decía al principio de este texto, hay aquí una dialogía poética singular, fundamentada en el vivir propio de la cotidianidad. Aquí, cuando la poesía no proyecta el intercambio expresivo, lo absurdo en el decir, lo fija, como sucede desde el título que representa a esta obra. Dialogía y cotidianidad, son en esta obra, dos vertientes que buscan respuestas críticas o toma de posición racional del sujeto lector.

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