Al amanecer

Cuatro historias y un misterio…

La secuela de hechos registrados la semana pasada, como son el caso de los turistas fallecidos en hoteles del país, el sicariato vinculado al expelotero David Ortiz, la decisión judicial de llevar a juicio a seis de los siete involucrados en la novela de Odebrecht, y la condena de 20 y 30 años a los asesinos del periodista Blas Olivo, constituyen respuestas certeras de la justicia a reclamos pendientes en la opinión pública.

Primero, a pesar de los cuestionamientos, el Ministerio de Turismo tiene ante sí la tarea permanente de garantizar el bienestar y la seguridad de quienes llegan de vacaciones al país, confiados no solo en las atenciones, alegría y amabilidad del dominicano en los hoteles, sino en dar una respuesta inteligente y bien articulada al eco negativo que ha tenido en otras latitudes la muerte de turistas en hoteles del país pese a los protocolos.

Frente a ello, el Gobierno y los hoteleros deben asumir como regla general, sin temor ni a destiempo, transparentar los casos en que sean afectados los turistas. Buscar, hallar y poner en vigor soluciones para desactivar crisis potenciales. A la larga, el silencio y la espera ilógica hacen más daño que bien. Lo ideal sería que esa alianza estratégica multimillonaria fuera más proactiva y menos reactiva en momentos difíciles, sin esquivar la carga de un lado o del otro.

El Departamento de Estado de los Estados Unidos, las cifras regionales y los testimonios individuales de extranjeros y agentes de viajes responsables ratifican que la República Dominicana es y sigue siendo uno de los lugares más seguros para los visitantes de negocio, ocio o placer –aunque le duela a los enemigos– en esa industria de la que dependen miles de empleos directos e indirectos. Por ello, los turistas seguirán retornando al país para hacer lo que siempre han hecho en lo que se despeja el asunto.

En relación al circo de la corrupción, sobornos y Odebrecht, llega otra prueba de fuego para la Justicia dominicana. El solo hecho de llevar el caso a juicio de fondo marca un precedente a pesar de la incertidumbre

¿Y el “misterio” de los minibar? No basta con “controles de calidad” invisibles en las bebidas y los alimentos. Sería factible adoptar dispensadores a prueba de fraudes o un código que evite y revele la contaminación de envases y su contenido. De igual manera, la advertencia anticipada al visitante de reportar toda situación anómala y prevenir una tragedia. En países del primer mundo, capitalizar crisis rinde resultados positivos.

No obstante, es un hecho que siempre habrá alguien que se enferme por intoxicación, excesos, “inventos”, descontrol personal o condiciones de salud. Incluso estimulantes, mezcla de medicamentos, alcohol, drogas y energéticos. Y hasta afrodisíacos de dudoso origen. O falta de sentido común de la pareja Viagro, al darle fuerza al nervio y querer majar la fruta con la mano de pilón en un resort, hotel o abordo de un crucero.

Segundo, el penoso drama que atañe a David Ortiz. En el caso, la Policía Nacional y la Procuraduría General de la República realizaron una labor diligente y excepcional cuyo resultado supera los parámetros técnicos y de investigación del pasado. Se puso a prueba su capacidad de respuesta a los antisociales en tiempo record. La imagen de cuatro funcionarios de alto nivel rindiendo cuentas ante ávidos medios escépticos no es costumbre en el país, pero sí es saludable en democracia y la seguridad pública.

La sociedad contestaría tiene dudas en el caso del Big Papi. Es una novela compleja con muchas ramificaciones en la que nadie debe llamarse a engaños. La trama material, testimonial y visual se hizo pública y fue bien sustentada por la autoridad competente. Es lo que debería ser norma en cada caso. Lo demás es pluma de burro entre Bonao y La Caleta, CNN o Fox News.

Quedan tres cabos sueltos, incluido el presunto autor intelectual, a quienes les pisan los talones. Ambas instituciones merecen el reconocimiento público. O al menos, un voto de confianza ante tanta sospecha de un pueblo que se acostumbró a la farsa y al cínico sofisma de “piensa mal y acertarás.” Si cumplen, no son confiables. Si no cumplen, hay un “maco.” En la realidad, asoma un mundo sórdido que muchos insisten en negar.

Por ello, la Agencia Anti Drogas y la Oficina Federal de Investigaciones de los Estados Unidos avalan con su silencio la investigación en virtud de los acuerdos bilaterales vigentes para el intercambio de información, prevención y persecución a la delincuencia transnacional, suscritos hace algún tiempo por la Procuraduría General de la República y el Departamento de Justicia estadounidense.

Tercero, en relación al circo de la corrupción, sobornos y Odebrecht, llega otra prueba de fuego para la Justicia dominicana. El solo hecho de llevar el caso a juicio de fondo marca un precedente a pesar de la incertidumbre, el trasfondo político que podría implicar y el nivel, poder e influencia que se atribuye a la variedad de los encausados: exfuncionarios, políticos, legisladores, empresarios y cabilderos.

Los jueces tendrán en sus manos una papa caliente. Tanto así que, al dictarse causa probable –los imputados son inocentes hasta tanto se demuestre lo contrario– la fase siguiente dependerá de la credibilidad de la evidencia, la estrategia y el empeño de los fiscales y las defensas. Si la fase de antejuicio fue prolongada por la lentitud, las incidencias y las tácticas dilatorias, la nueva etapa se anticipa llena de sorpresas.

Y cuarto, la Procuraduría General y la Policía Nacional se anotaron otro punto en su combate a la criminalidad y la delincuencia en el país, con las condenas de 30 y 20 años a los responsables del sanguinario asesinato del periodista Blas Olivo, luego de cuatro años de retraso, 316 reenvíos, el reclamo del Colegio Dominicano de Periodistas, la voz cantante del Movimiento Marcelino Vega, y de otros gremios de los comunicadores.

El dictamen confirma que la Justicia decidió cumplir su rol más tarde que nunca, con o sin la presión pública, al menos en el trágico y lamentable caso de Blas Olivo. No ha sido así en otros hechos criminales relevantes aún a la sombra de la impunidad. La semana pasada ha sido una de antología. De corte histórico en el accionar disonante entre los tribunales y el interés público. Apenas cuatro historias y un misterio que han remecido la realidad virtual del peculiar paraíso dominicano.

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