Una opinión de vez en cuando

La responsabilidad social en la “prensa moderna”

Actualmente resulta cada vez más difícil comprobar la veracidad de la información que se comparte públicamente. Por un lado, es más fácil que nunca hacer una noticia “viral”, y por otro, es casi imposible lograr rastrear sus orígenes. Esto, cuando ocurre en medios “no tradicionales” como lo es cualquier herramienta de mensajería instantánea, se comparte información sin la previa comprobación de fuentes El problema nace cuando se conjugan las dos primeras condiciones en un medio que, aunque técnicamente no deba considerarse como tal, el mensaje compartido tenga la apariencia de provenir de un diario de circulación digital o física.

El escenario es simple de entender, pues lamentablemente ya se ha vuelto una realidad reiterada: Una cuenta en una red social que acostumbra a reproducir informaciones y reportajes de reporteros o diarios reconocidos toma cierta relevancia en las redes sociales, gracias a que los mismos lineamientos internos para poder acceder a una publicación son altamente maleables para favorecer la primicia y los “me gusta”. Luego de un tiempo, este portal, por llamarle genéricamente, con seguidores y, al replicar informaciones publicadas por otros medios que sí cuentan con reputación aceptable, también con cierto reconocimiento social, decide publicar directamente una noticia, redactada por algún colaborador externo, o incluso interno, pero sin realmente contar con los requisitos mínimos respecto de las fuentes consultadas, y se crea “la noticia”, término que seguiremos usando para referirnos a ese ejemplo en concreto, el cual, a su vez, es replicado por una serie de medios – de igual o menor reputación que el original – hasta hacerse viral, resonando en las redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea.

La noticia, que en horas cuenta con decenas de portales publicándola y millones de mensajes reenviándola, toma una relevancia tal que seduce a los medios más tradicionales, cometiendo estos uno de los errores que hace años eran extraños, pero actualmente suceden con más regularidad de la que nos debería hacer sentir cómodos: reproduce esa noticia en sus redes sociales.

En esta parte de la narrativa tenemos, entonces, que ya la noticia ha sido reproducida por un medio reconocido, aunque típicamente en sus redes sociales, ya contamos con un, por ejemplo, diario de circulación nacional que ha publicado esa noticia, lo que reviste la misma de todo el peso de dicha publicación, pues se presume que hubo una investigación previa, un editor o consejo editorial que aprobó la publicación, luego de confirmar fuentes y comunicarse con los actores involucrados y, además, el valor agregado de las redes sociales y sus comentarios, lo que también – al hacerlo interactivo – crea todavía más un armazón sobre la noticia y su veracidad que hace casi imposible su “desmonte”.

Este fenómeno, que en inglés se denomina “Circular reporting”, ha sido un mal generalizado desde el punto de vista de las fuentes y su veracidad, pues, como bien explica el caricaturista Randall Monroe en su portal xkcd, que es quien nos motivó a discutir el tema, se ha reproducido de una forma considerable entre las fuentes, Wikipedia, y luego la referencia de Wikipedia de esas fuentes, como se muestra aquí, donde una información falsa creada en Wikipedia es citada por un medio reconocido, y luego esa publicación del medio reconocido es colocada como referencia en Wikipedia, confirmando la “falsedad”.

El ejemplo que más nos sirve para entender esto es el de uno de los relojes más reconocidos en la historia del mundo, el Casio F-91W, el cual en Wikipedia – desde que fue creado el artículo sobre el mismo – se indicó que su producción inició en el año 1991, cuando realmente fue introducido al mercado dos años antes, en el 1989, pero antes de que alguien se diese cuenta del error, ya el año 1991 había sido reseñado en la BBC, The Guardian y Bloomberg, que fueron, entonces, a ser referidas en el artículo de Wikipedia que había creado la información equivocada. Como dicen los norteamericanos, “full circle”.

Wikipedia, que según nuestras leyes ya sería mayor de edad, literalmente es la culpable de terminar con fuentes curadas de información como lo eran las enciclopedias Encarta o Británica, por lo que podemos entender que este problema tuvo su génesis en la eliminación de esas grandes fuentes consolidadas, y su sustitución por una herramienta de increíble importancia y que incluso, según nuestro parecer, fue una necesidad que buscaba agilidad para responder a las nuevas tecnologías, pero nunca estuvimos preparados para enfrentar los males vinculados a esta nueva realidad.

La única forma de evitar que una noticia sin supervisión ni fuentes reales pueda cerrar ese círculo es más sencilla de lo que nos imaginaríamos, y se puede resumir en dos palabras. Primero, responsabilidad de quienes tienen “voz”, por sus seguidores o relevancia, y segundo, mantener los medios que durante décadas han forjado su reconocimiento en la veracidad o depuración inmunes a las mieles de los “me gusta” y de las primicias.

Desde el momento que una persona o cuenta con decenas de miles de seguidores publica algo sin depurar ni entender el valor de su publicación, solo por ser los primeros y acaparar esos puntos imaginarios de aprobación, ya está directamente sacrificando la paz de la sociedad. Independientemente de que eventualmente dicha noticia sea confirmada, estadísticamente hablando el daño siempre sería inminente e irreparable.

Por esto, debemos ser siempre críticos con toda información que recibimos, necios requiriendo fuentes y proactivos en los comentarios, pues no todos cuentan con la decisión y medios de confirmar las noticias que nos presentan como hechos, y si quienes tienen el poder de la comunicación son leventes en su uso, queda de cada uno de nosotros servir de contrapeso a ese mal uso de los medios digitales.

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