Punta de Lanza

Delincuencia y más delincuencia. Violencia y más violencia (II de III)

La semana pasada inicié este tema, anunciando que serían dos artículos, pero serán tres; en el último escribiré propuestas. República Dominicana no es el lugar mas inseguro de la región o el mundo ¿pero, queremos llegar a serlo? Espero que no.

El grupo asaltante del mayor, jefe de la seguridad de la madre y el padre de la primera dama podría servir para caso de estudio. La Falacia tiene 19 años, su compañera 17. Tenían 14 y 12 años, cuando formaron su familia. El día que él se entregó a la policía, entrevistaron a Anyela y ella informó que tenía 10 días de parida; y que le pidió a su marido que se entregara, en el deseo de que “sus hijos no quedaran huérfanos”.  Los comentarios en todas las noticias del caso hacen suponer que mucha gente considera que La Falacia merece que lo maten, que lo golpeen, que lo aniquilen. Aducen que cuando salen a robar, son muy “valientes” y cuando los agarran “tiemblan” y tienen miedo por sus vidas; y que luego vuelve y le sale la “verdadera” personalidad de “monstruo”.

La Falacia y Anyela,ya tienen cinco años de vida en común, con edades en las que todavía andamos acarreando las hijas y los hijos, en que estos todavía nos piden permiso para salir o al menos nos informan y le damos seguimiento a sus pasos. Yo me pregunto, como habrá asumido esta pareja el compromiso de “educar” su descendencia¿Desde donde lo hacen? ¿Cuál orientación han recibido? ¿Cuáles oportunidades han tenido? ¿Qué formación pueden impartir?No con la pretensión de quitarle responsabilidad por los hechos cometidos, más bien en la idea de que podamos tomar en consideración todo lo que debe ser visto y ponderado, sobre lo que nos está sucediendo como sociedad. Y desde ahí quizás, entender que podemos asesinar a La Falacia y a todos los jóvenes que en este momento estén dedicados a robar o al sicariato, y no estaremos solucionando el problema. Muy por el contrario, ahondaremos situaciones de por si terribles, y generaremos un ejército de “invisibles” que buscaran métodos para hacerse notar, que podrían ser de espanto.

Mi llamado a la cordura no es desde una “poltrona” inmaculada y segura, es desde la certeza de que para superar el problema se requiere una política de seguridad ciudadana, que inicie por reconocer que la seguridad es cada vez más escasa y que esto debe ser resuelto.

Con La Falacia, actuó Marina, que con lenguaje “policial”, los ojos dilatados y con varios movimientos del cuerpo que evidencian desequilibrio, narra un cuento de terror. Debe ser joven, aunque ya tiene en las costillas cinco años de cárcel, por haber participado en un asalto en el que hubo una muerte. No dejo de preguntarme cual habrá sido la vida de Marina… No para justificarla o “perdonarla”, sino en el mismo ánimo de establecer que es lo que debemos hacer, para no continuar este rumbo.

A TikiTiki, el tercero en el episodio, le fue peor (¿o mejor?), solo vimos su videíto “bufeandose” el caso, no está vivo para seguir contándolo, hubo un “intercambio de disparos”.

¿Toda la gente de Guachupita está asaltando? Me atrevo a responder con un NO categórico ¿Sólo la gente pobre y que ha crecido en entornos de miseria actúan de forma que colide con la norma? Obvio que NO. Ahora bien, por lo regular los jóvenes de otras clases sociales y económicas que delinquen cometen otro tipo de actos. Que Aduanas, ¿qué? ¿Recuerdan ese caso? Y varios feminicidios, algunos impunes…

Se está haciendo “Ley” la idea manipulada y perversa, que nos hace aceptar como cierto que la única responsabilidad con la vida honesta y de trabajo, o con el “éxito”, es la individual. Me pondrán ejemplos de otros muchachos del mismo barrio que no optaron por ser delincuentes. Y me dirán, si otros pueden, aun sea con mucho sacrificio, ser un obrero decente, o llegar a la universidad, quienes se dedican al crimen también podrían. Si son delincuentes es porque son “malos” no merecen nada, son unos “rastreros” ladrones y unos asesinos, y lo que hay que hacer es “darle pa’ bajo”.  Desde esa lógica, construirán miles discursos justificadores, para actuaciones que reflejan mayor maldad que la de los asaltantes o criminales que buscan “combatir”. “Desahogo” y manifestación de “impotencia” expresado en conductas a las que la definición que le cabe es la de hordas salvajes, turbas “justicieras”, en busca de revancha, retaliación, represalia, desquite ¿Hay otra forma de definir las golpizas colectivas a “delincuentes”?

Mi familia y yo, hemos sido víctimas en múltiples oportunidades, con grandes pérdidas materiales y más inmensas las existenciales y emocionales(tengo mi teoría de conspiración sobre esos episodios… pero valdría un artículo). Lo menciono, para que no vayan a pensar que cuando pido que nos salgamos del inmediatismo y la venganza,para exigir medidas que realmente impacten en nuestra seguridad, lo hago desde no haber padecido. Mi llamado a la cordura no es desde una “poltrona” inmaculada y segura, es desde la certeza de que para superar el problema se requiere una política de seguridad ciudadana, que inicie por reconocer que la seguridad es cada vez más escasa y que esto debe ser resuelto.

Aunque el caso del querido Big Papi, David Ortiz tiene tantas versiones que no sabemos que creer, no deja de ser criminalidad. Y otra vez, si leemos los comentarios en las noticias, podremos constatar que en general, hay una tendencia muy fuerte a culpabilizar a quien resulta víctima de una agresión. Hasta el director de la Policía, hace unos días afirmó en una conferencia, que muchos atracos se deben a la “imprudencia” de las víctimas. Es urgente reflexionar sobre la implicación de esta forma de razonamiento… Seguimos el sábado.

Aprovecho para anunciarles que, porque no queremos ser víctimas, y ya hay varios episodios de atracos y asaltos en la zona, vecinos y vecinas de Serrallés, mañana estaremos en nuestro Bosque de la Vida, exigiendo mayor nivel de vigilancia.

Sed justos, lo primero si queréis ser felices…[1]

[1] Pensamiento Duartiano.

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