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No todos los jueces se venden 

De entrada, debo aclarar que, aunque soy graduado en derecho, con maestría en relaciones internacionales para el área del Caribe; con especialidad en derecho cooperativo, en administración cultural y en Formación Diplomática y Consular,  pretendo ser un «abogado litigante» (mi pasión en estrado), esa pasión, en la mayoría de los casos, se quiebra y entra en lamentos, hasta hacerme estallar las ganas de sepultar la toga y el birrete, por las tantas desilusiones sufridas, por decisiones de algunos jueces que, posiblemente, estén comprometidos con la corrupción.

Lo mismo se puede decir de la conducta asumida por algunos  fiscales, los cuales suelen  actuar fuera de una ética jurídica que tienda a fortalecer nuestro cuestionado sistema jurídico nacional, donde, por más pruebas documentales que puedas presentar, poco…muy poco les interesa actuar apegados a la Constitución de la República y a nuestros códigos jurídicos y determinan un «archivo definitivo», nada más para complacer a sujetos que, a veces, actúan como «gerentes»,  con mucho dinero, para comprar sentencias e imponer sus maldad, aunque sientan la muerte rondando o roncando sobre su pobre y enferma alma.

Por suerte, hasta esos mismos actores de lo ilícito, ya saben muy bien que en este país hay jueces que NO SE VENDEN. Y por más insinuaciones y tentaciones que les pongan de frente, actúan apegados a valores morales, éticos y jurídicos, inquebrantables. Siendo eso así, hay esperanzas de que la sociedad dominicana se pueda encaminar a una pragmática jurídica, donde prevalezca la justicia, por encima de las chicanerías jurídicas.

No todos los jueces se venden en esta sociedad. Hay jueces que tienen el coraje, la entereza, la voluntad y los testículos para «desarchivar» querellas y proyectar un mensaje claro a la sociedad dominicana y proyectar el un discurso preciso de que, quienes cometan sus ilícitos penales, purguen sus penas en la cárcel, como ordena nuestro Código Penal, sin lástimas y sin remordimientos de estar cometiendo una injusticia, para bien del país.

Por ejemplo, en una asociación de posibles malhechores, si usted falsifica y altera documentos privados y modifica resoluciones para buscar «beneficios personales» y prebendas grupales o para obtener poder y atropellar e imponer a los demás sus pretensiones y blindar su entorno de gerencia y de injerencia personal, entonces, usted debe saber que, en algún momento, alguien, en base a la aplicación de justicia, frenará sus inconductas, propias de delincuentes y de sujetos descarriados.

Esta sociedad debe aprovechar el actuar transparente de algunos jueces y fiscales, de esos que no se venden, para procurar detener no sólo la delincuencia común que hoy nos arropa, sino para apostar por una sociedad equitativa, fundamentada en sanos valores humanos y éticos, donde prevalezca la democracia y el respeto a los deberes y derechos del otro.

Cuando convivimos con delincuentes disfrazados de supuestos «hombres serios y honestos», vivimos entrampados en una ceguera social. Hay que aprender a deslindar los buenos frutos de la cizaña. Arranquemos de raíz las falsas caretas de los «macabones»  y ludópatas que hoy se enseñorean pletóricos de falsos poderes. Llegó el momento de sanear los templos de sus maquinaciones, por una sociedad de garantías y justeza.

Desde que los delincuentes traman su ardid, para obtener poder y construir su anillo de «dirección colegiada», ya sea desde un club o desde una cooperativa, comienzan a decretar maldad contra todo aquel que pretenda hacerlos actuar con transparencia. Imponer su voluntad personal, nombran, botan, falsean resoluciones, y, aunque nada más  se aprueben tres (3) o una (1) propuesta, de una asamblea estatutaria o no, disponen su antojo y tratan de  «institucionalizar» sus «fechorías de cuello blanco», pase lo que pase, aunque tengan que pisotear, no unos Estatutos, sino la Constitución de la República.

Por suerte, NO TODOS LOS JUECES SE VENDEN en este país. Todavía hay esperanzas. Por más frustraciones que recibamos de truchimanerías jurídicas «compradas», todavía podemos apostar a la búsqueda de la verdad en este país. No todo está perdido, abrigamos la esperanza de que una luz brille al final del túnel y que los autores de fechorías, desde ya, sigan oliendo a cárcel.

A quién le sirva este sombrero que se lo ponga: Ninguna acción ilícita genera hechos legales. Por lo que TODO cuanto se genera desde la sombra de la ilegalidad, es también ilegal y, como tal, debe ser anulado. Hasta su bostezo debe ser anulado, si proviene de lo ilegal.

Esa realidad nada más es posible, porque en este país NO TODOS LOS JUECES SE VENDEN, máxime, cuando se falsifican y se alteran realidades demostrables, investigadas de antemano por sujetos o fiscales íntegros y honorables. Y entonces se acercan los días de la ira y del llanto de los fariseos ¿Verdad, amigo «Chano Castillo»? Eso lo sabe muy «La Talibana».

Hay mucha gente que huele a cárcel, por ser autores de posibles y demostrables ilícitos penales, porque en este país, no todos los jueces se venden.

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