Flechas

Desconcierto

Vivimos hoy en día en un contexto donde la política global y local generan amenazas que inquietan por su peligrosidad y volatilidad.

La política global desconcierta. Se ha demostrado hasta la saciedad que en la nueva era de las comunicaciones cualquier discurso y show mediático, a base de cuantiosos recursos económicos, habilidades histriónicas y mentiras que se nutren del descontento, pueden cambiar la suerte de un país y del mundo.

En la República Dominicana, el ejercicio de la política y la acción de gobierno preocupan cada día más por su inconsistencia, falta de decoro, abusos y mentiras, desfachatez, nepotismo abierto y reparto de los fondos del Estado entre los falsos herederos del profesor Juan Bosch. 

Hemos perdido nuestra capacidad de asombro y alarma aún más el grado de aceptación que tales prácticas tienen en el seno de la población, donde muchos las ven como inherentes al quehacer político dominicano: “es asunto de la cultura política”, dicen sin sonrojarse.

Esta situación lleva a parte de la gente a la desesperanza y al deseo de emigrar por falta de oportunidades y de trabajo decente. La otra quiere acceder o asociarse al poder, a como dé lugar, para servirse con la cuchara grande. Eso explica la atracción que ejerce el partido en el poder por su expertice en la materia y su modus operandi, muy lejano al lema de partido morado: “Servir al partido para servir al pueblo”, en el cual muchos creyeron durante el proceso de construcción y crecimiento de esa organización.

Para seguir repartiendo el pastel, los que tienen la sartén por el mango se han pasado tres años en aprestos electorales a destiempo, comenzando el fatídico año preelectoral con un país desgastado por una propaganda y unos manejos políticos que corroen y contaminan el ambiente.

Ya se han gastado millones en las precampañas, demostrando que aquí fluye mucho dinero pero que éste no va dónde tendría que llegar; las instituciones encargadas de conducir el proceso electoral más complejo que hemos conocido ya están siendo cuestionadas y perdiendo prestigio de manera acelerada. 

La tan anhelada y necesaria Ley de Partidos ha sido una hechura incoherente de los partidos mayoritarios; es generadora de conflictos y casi impracticable. La Carta Magna es objeto de mofa y letreros en las calles nos recuerdan que la Constitución “no se vende”. Para colmo, hasta un senador norteamericano se otorga el derecho de decirnos qué hacer con la reelección y el cambio de la Constitución.

Las encuestas -pagadas o no- se contradicen y nadie sabe bien a qué santos encomendarse frente al caos provocado y mantenido por el presidente de la República. Un solo mensaje suyo hubiera bastado para desempañar la bola de cristal de los analistas políticos, poniendo freno a parte de las especulaciones malsanas que circulan.

Lo que está sucediendo y está en juego se sitúa a años luz del entendimiento del ciudadano de a pie y de sus necesidades inmediatas de sobrevivencia. Además, poca gente se desprende de su pedestal para analizar las implicaciones sociales del desastre electoral.

Para entender las apuestas en toda su amplitud se necesita más que un doctorado en derecho o política, ya que los más reputados juristas de este país difieren sobre temas de suma importancia para el futuro de la nación.

Con soberbia y una animosidad poco disimulada, la propaganda oficial entra en contradicción con las investigaciones de los organismos internacionales. La lista de asignaturas donde no pasamos la prueba es impresionante, y se refiere siempre a nuestros indicadores de desarrollo humano.

No podemos negar que somos un ejemplo de crecimiento económico en América Latina, pero debemos humildemente reconocer que quedamos mal parados en asignaturas como la de los matrimonios infantiles, las muertes neo natales, la educación a pesar de la tanda extendida y del 4%, la alimentación, la seguridad ciudadana, los riesgos medio ambientales, la baja calidad de los empleos y la corrupción.

La cuestión fundamental es de dónde vienen y cómo se reparten las riquezas que producimos.

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