En mangas de camisa

¿Que por qué no nos rebelamos?

El cordón umbilical que conecta las fechorías del poder con la tolerancia de los dominicanos es el endeudamiento para el consumo con sus complementos inevitables: sexo y ruido.

Todos estamos en competencia para consumir, mostrar lo que compramos y obtener a cambio el reconocimiento que el cuerpo social reserva para valorarnos según lo que tenemos no lo que somos.  Lo que tenemos carece de valor social si no lo mostramos y lo comparamos con el tener de otros en la competencia tan despiadada como inútil que gobierna nuestras vidas.

Todos creemos que podemos ser mas listos que el otro y que será ese otro el que se joda y no nosotros porque nos creemos mas sagaces. El endeudamiento para consumir nos ha envilecido, degradado y acobardado. Cada vez, importa menos lo que hay que hacer para consumir y si antes nos preocupamos por lo que estaba bien o mal, ahora, la consagración del éxito exige que pasemos por alto, por anticuada e superflua, semejante preocupación.

Entonces, no me digan que no se entiende por que no tenemos líderes a la altura de las circunstancias.  Servir a los demás empieza cuando termino de servirme a mi mismo y nunca termina uno de servirse.

Ser patriota ha pasado de moda. Privarme de placeres y ventajas, de oportunidades y beneficios para favorecer el bienestar de otros que ni siquiera lo van a agradecer y que con frecuencia ni siquiera se merecen ese mi sacrificio. Todo es un sin sentido. La idea de que el bien triunfa sobre el mal es una película que ya no está en cartelera. Yo soy yo y me importan un carajo los demás.  El descreimiento, el embrutecimiento derivado del consumo y la sexualización acelerada por ese mismo consumo permite acercarnos a un mejor entendimiento de por qué el PLD NOS ESTUPRA IMPUNEMENTE.

Los dominicanos de hoy día queremos deshacernos de Danilo Medina pero siempre que lo haga otro, bajo todas las garantías de lugar y al menor costo posible para cada uno de nosotros. Como eso no es posible, Medina sigue siendo gobierno, encarnando los valores que enarbola, esta nuestra sociedad, y así seguirá hasta que la catástrofe nos golpee.  Se que lo hará con fuerza y demolerá los mitos edificados alrededor de esta prosperidad que no es otra cosa que una carrera de ratas.

Una sociedad canalla, no produce héroes. En medio de tanto ruido nadie oye las voces cuerdas. En medio de tanto sexo no hay amor a nada. El apetito por consumir nos endeuda. La competencia por el bienestar nos arrastra. Caminamos rápido hacia el abismo pero aun no caemos. Se que esto nos es lo que quieren oír muchos empobrecidos, desesperados e indignados pero por ahora eso es lo que hay. Mientras tanto continuo haciendo cuanto me es posible para que este país despierte, levante la mirada de un teclado, cierre los oídos al ruido y en lugar de someterse a las apariencias, a lo políticamente correcto se insubordine, desobedezca, se rebele.  Nos acercamos a esa hora pero aun no hemos llegado. Llegaremos, eso si. Entonces veremos.

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