Sendero cultural

La Semana Santa

La Semana Santa se tiene configurada como el período más sagrado dentro de la ya también sagrada Cuaresma. Concebido como un período estrictamente ritualizado en el comportamiento y modo de asumir la semana, no solo la espiritualidad consagrada y cónsona con el juicio, condena, viacrucis y finalmente la crucifixión y reencarnación de Cristo el domingo de regocijo o terminación de la Semana, son que simboliza una reverencia al Mecías.

Si la Semana Santa es para reeditar simbólicamente este significativo momento del cristianismo, suponemos importante para los católicos, el mensaje que envía la iglesia es de recogimiento y paz espiritual. Por tanto, las misas, el retiro espiritual, las maneras ritualizadas de alimentarse y la devoción durante los siete días, terminando con el domingo de resurrección, visto este con alegría, son todos, el contexto ceremonial de ella.

Como sabemos, hace un tiempo el manejo de esta Semana Mayor fue copada por una línea fundamentalista que, todavía mucho después de la mitad del siglo XX, se refería a un conjunto de consideraciones normativas, de todo orden, primando como orientación ante dicha celebración: misas y retiros espirituales. El Viernes Santo tenido como el más espiritual de esta semana, en el cual no debe comerse carne, no debe oírse música secular, no debe hacerse nada que afecte la tranquilidad y sacralidad del momento de la crucifixión metafóricamente referida, nada de viajes turísticos, nada de playa, nada de ruidos, nada de vida sexual, bajo imágenes hiperbólicas punitivas o bien convertirse en sirena si nos bañábamos en las playas, sexualmente te queda pegados y además la música que se oía era los cánticos gregorianos llamados por los dominicanos, música de muerto.

El tiempo fue cambiando y en el caso de la sociedad dominicana, se produjeron transformaciones importantes en el marco político-social hacia 1961. El destape a la dominicana es resultado del tiranicidio que transformó la sociedad para esa época e hicieron posible que se fuera mutando la manera de celebración sagrada ganándole espacio la secularización a la sacralidad.

Es natural que una visión tan rígida, dado los convulsivos tiempos de la época hicieron que cada sociedad modificara su valoración e interpretación de lo acaecido para la ocasión histórica mistificad, y sin perder sus creencias, los pueblos comenzaron a caminar otros senderos, en muchos casos desbordados, pues todo extremo termina producción una reacción igualmente extrema.

Hoy hemos ido al dislocamiento social y la Semana Santa es sinónimo de vacaciones, francachelas, juergas, para algunos, descansan y para otros, hacen su retiro espiritual. Lo cierto es que no deja de ser preocupante la manera como los dominicanos se desbordan en festejo, divertimento y vacaciones desenfrenadas, siendo el nuestro un país de alta militancia católica, hoy a ella se ha de sumar una presencia inusual de protestantes, y de una secularización fuerte que gana espacio a lo sagrado.

Si bien la presencia de los católicos en las iglesias comienza a reanimar el fervor, sobre todo entre jóvenes, no obstante, es irreverente la manera en que el dominicano se abraza de esta semana, sin pensar en el ahorro, en el descanso, en la tranquilidad, en el recogimiento. Nos preocupa que en medio de tantos problemas que vive el mundo y por el que atraviesa la sociedad dominicana: problemas de seguridad, la situación económica, la criminalidad, los accidentes donde ocupamos sitiales preocupantes en Latinoamérica, sigamos sin detenernos, con dicha práctica a todas luces, desmedida. Naturalmente reconocemos que varios días de asuetos llaman al descanso, no necesariamente a la chercha .

A pesar de ello, es preocupante la forma en que se masifican los sitios y lugares del país, no solo con perfil turísticos, sino hasta los campos remotos y cualquier sitio que sugiera compartir y proclive al divertimento. Hoy no sabemos cómo es mejor afrontar la Semana Santa, si en casa, para quienes desean tranquilidad o las convocatorias religiosas, para quienes quieren una cercanía espiritual y finalmente, salir al bullicioso espacio público, a vacacionar en la peor temporada del año, pues todo el mundo sale a lo mismo y es un pandemónium en el que lo menos que se hace es descansar o vacacionar, que no es sinónimo de alcohol, fiestas y francachelas. Vacaciones es conocer, descansar y cambias de ambiente para un relajamiento mental.

Por ello debemos reflexionar cómo se escoge entre nosotros el descanso y las vacaciones. Los muertos que aporta la Semana Santa y las notas policiales que le acompañan, no son halagüeños. Si lo sabemos por qué salimos, por qué no modificar el patrón dominicano de divertirse, descansar o vacacionar. También, por qué no cuestionar la publicidad que nos convoca a disfrutar de tal manera dicha Semana. Este es el reto. Creo mejor opción quedarse en casa, para no ser parte de la nómina de fallecidos, heridos o afectados y tener menos dolor de cabeza con la secuela de deudas que nos dejan a veces, estas vacaciones.

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