Compartiendo

Jueves Santo

La Semana Santa y en particular el Jueves Santo son un tiempo muy apropiado para conocer los hechos de los últimos momentos de la existencia terrenal de Jesucristo.

Las lecciones del Jueves Santo, coinciden en la selección correspondiente a este día por las llamadas iglesias históricas: Católica Romana, Bautista, Anglicana, Luterana, Metodista, Moraviana, Discípulos de Cristo, y otras.

Éstas son las porciones bíblicas: Antiguo Testamento: Éxodo12:1-14. Salmo 115/116:1-12. Epístola I Corintios 11:23-26 (27-32). Evangelio San Juan 13: 1-15, o Lucas 22:14-30. Este conjunto de lecturas manifiesta los hechos bíblicos de la profecía de la noche del Jueves Santo y la madrugada del Viernes Santo y serán recordados siempre, pues durante el último espacio de la vida terrenal de Jesús, Él hizo varias cosas inusuales, algunas de carácter simbólico, pero todas, de profunda significación espiritual. 

Para llamar la atención o hacernos recordar los acontecimientos más notables de la experiencia de ese jueves y viernes, se mencionarán los siguientes sucesos:

La Cena Pascual Judía.

Jesús compartió con sus discípulos en la cena judía de la fiesta Pascual en memoria de la liberación de los hebreos de la esclavitud en Egipto. (Éxodo 12: 1-14a, Juan 13: 1).

Lavatorio de los pies.

San Juan 13: 1-20, narra un episodio en el Aposento Alto, donde Jesús y sus amigos fueron a celebrar la fiesta de la Pascua Judía. Resulta que los discípulos tuvieron una discusión sobre cuál de ellos, debía ser considerado como el más importante. Ante esto, el Maestro actuó de manera dramática para enseñar lo que es humildad y señaló: “El que manda tiene que hacerse como el que sirve”. (Lucas 24:26).

Jesús lavó los pies de sus discípulos para dar demostración de humildad, ejemplo de vocación de servicio y para manejar la disputa que tenían por la dirección del grupo.
 

Institución de la Cena del Señor.

La Pascua judía es celebrada con una cena en que se consume carne de cordero o cabrito, como se hizo en la víspera del comienzo de la salida de Egipto. (Éxodo 12: 1-19).

Durante el encuentro comunitario para celebrar la fiesta del Cordero Pascual o la liberación de la esclavitud de Egipto, el Señor Jesús, tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomen, esto es mi cuerpo.” Luego tomó en sus manos una copa de vino y, habiendo dado gracias a Dios, se la pasó a ellos y todos bebieron. Les dijo: “Esto es mi sangre”. (Marcos 14: 22-24).

Lo que hizo Jesús en el Aposento Alto esa memorable noche al celebrar la Cena Pascual Judía, se convierte en la Cena del Señor, la Santa Eucaristía, la Divina Liturgia o la Santa Comunión.

Jesús da un nuevo mandamiento.

El Profeta anuncia un nuevo mandamiento como principio fundamental, que sus discípulos deben observar: “Que se amen los unos a los otros…; pues, si se aman los unos a los otros, todo el mundo se dará cuenta de que son discípulos míos”. (Juan 13: 31-35).

Ostentación, luego negación de Simón Pedro.

Con la acostumbrada interlocución de Simón Pedro y Jesús, el apóstol le aseguró al Maestro que: “¡Estoy dispuesto a dar mi vida por ti!”.  Jesús le respondió –¿De veras? Pues mira, “Te aseguro que antes de que cante el gallo, me negarás tres veces”. Más tarde esa noche, Simón Pedro negó conocer al profeta de Galilea, tal como lo había señalado Jesús.

Judas Iscariote traiciona a su líder.

Jesús anuncia que uno de sus discípulos le va a traicionar. Los que participaban en la cena con él, extrañados por esta noticia, preguntaron a Jesús: “Señor ¿quién es?”. El Señor Jesús respondió con una acción dramática: mojó un pedazo de pan y se lo dio a Judas Iscariote y le incitó a ejecutar de inmediato, diciéndole: —“Lo que vas a hacer, hazlo pronto”. 

Tiempo de oración y momento de decisión.

Jesús Nazareno tenía la costumbre de tomar tiempo para orar y meditar antes o después de los más importantes episodios de su vida y ministerio. Salió del Aposento Alto con sus once discípulos restantes y fue a orar al Monte de los Olivos, conocido también como Getsemaní. Escogió a tres, para estar con Él mientras oraba. Simón Pedro, y los dos hijos de Zebedeo, Santiago y Juan. 

Allí en el huerto de Getsemaní, Jesús les dijo a los tres escogidos: –“Oren para que no caigan en tentación”, y apartándose de ellos, se arrodilló y oró con palabras suplicantes que dan muestra de profunda preocupación, y al mismo tiempo señala la reflexiva intención de otorgar la decisión final a la voluntad de Dios. Jesús dijo: “Padre, si quieres, líbrame de este trago amargo; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Lucas 22: 41).

Arresto de Jesús; desbandada de los discípulos.

Con la decisión ya tomada de cumplir la voluntad del divino plan de redención, se agudiza la situación en que se encuentra Jesús; pues, todavía estaba hablando con sus discípulos aun soñolientos, llegó Judas Iscariote, uno de los miembros de su compañía y, a fin de identificar a su maestro en la oscuridad de la noche, le dio un beso y así le entrega traicionándolo a cambio de dinero y por razones espurias.

Al arrestar a Jesús, se armó una trifulca y un representante del sumo sacerdote fue herido por uno de los acompañantes del profeta. Jesús curó la oreja del soldado herido. De todos modos, él fue llevado preso como si fuera un bandido o violador de leyes.

Ante esta sorpresiva persecución y arresto, los discípulos salieron en desbandada por temor de ser identificados y arrestados como su guía y dirigente espiritual.

Viendo la nefasta conducta de los discípulos de Jesucristo, los cristianos, las personas de conciencia crítica y de buena voluntad, están en el deber de analizar con particular atención el comportamiento de los personajes que rodearon al Hijo de Dios para ver en ese espejo el reflejo de uno mismo.

Leyendo y meditando en los hechos de los discípulos, según nos narran los cuatro evangelios, hay allí: ejemplos de ira, reacciones histéricas, arribismo, desmedidas ambiciones, dudas, exabruptos, alevosía y otras debilidades que pueden ser comparables con nuestra propia forma de ser, nuestro estado emocional, nuestra condición espiritual o nuestro nivel de adhesión solidaria.

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